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NUMERO EXTRAORD 1 NAR 1 Q 20 CENTS. AÑO VIGÉSIMOfcg SEXTO, ABC N U M E R O EXTRAOR DINARIO 20 CENTS. AÑO VIGES 1 MOSEXTO. LA CIUDAD VISTA DESDE E L CONVENTO D E SANTA CIARA IERTAS ciudades, como algunas mujeres de belleza fastuosa, nos conquistan de pronto. Verlas y rendirnos es todo uno, Constantinopla, vista por primera vez desde el Cuerno de O r o impresiona tan profundamente, que su recuerdo triunfa de toda otra imagen ulteriormente recogida por las retinas. V a y a m o s adonde vayamos, por mucho que ñ o s encante lo que tenemos ante los ojos, l a seducción de Constantinopla nos sigue, como nos a c o m p a ñ a el recuerdo de un gran amor a l t r a v é s de posteriores aventuras. L a ley de ía simpatía rige lo mismo t r a t á n d o s e de las personas que de las cosas. Es un experimento que puede hacer cualquiera. N o s presentan una mujer de atractivos físicos poco ostensibles, y nos impresiona a medias. Luego, si las circunstancias nos retienen en su vecindad, el espíritu corrige aquella primera impresión, m e j o r á n d o la o empeorándola. ¿Qué ha sucedido? Pues que hemos descubierto en e l trato con ella cualidades o defectos que l a instalan definitivamente en nuestra s i m p a t í a o la expulsan de nuestra intimidad espiritual. Q u é de m u jeres de belleza poco relevante se han adueñ a d o de hombres sensibles. Y por contraste con ellas, ¡c u á n t a s que dominan sólo con presentarse, pierden ese privilegio al intimar un poco con nosotros! Coimbra es de esas ciudades que no des- C CIUDADES PORTUGUESAS C O I M BR A cubren sus encantos de pronto. S u fisonomía nos parece, al principio, vulgar. H e aquí- -pensamos- -una vieja capital de provincia, ennoblecida por su t r a d i c i ó n universitaria, que no tiene nada de particular. H e m o s ¡llegado a media tarde, y el auto se mete calle adentro en la dirección del hotel. ¿Q u é tiempo permaneceremos aquí? nos decimos, con un dejo de decepción. Pero al día siguiente, el reposo y l a claridad matinal predisponen nuestro espíritu al optimismo, y la urbe que ayer nos parecía adocenada, se reviste de imprevistos atractivos. Y el espíritu del v i a jero enmienda, con una mejor apreciación de lo real, una impresión que, por lo insuficiente, era falsa. Coimbra nos parece ahora l o q u e es: una ciudad asentada en un paisaje magnífico, en el c u a l h a puesto tanto l a H i s t o r i a como la J aturaleza. A falta de lujosas comodidades, superfluas para un hombre de gustos modestos como yo, el hotel en que me hospedo aventaja a todos sus iguales por la posición. Desde el balcón de m i cuarto descubro u n panorama inolvidable. Abajo, el Mondego, que es u n río al que los poetas adjudican con razón un abolengo r o m á n t i c o discurre sin prisa en su tortuoso cauce, y si en algunos trechos sus m á r g e nes aparecen desnudas de vegetación, en otros ostenta, una doble cortina de árboles. C o m o el D a n u bio en Budapest, el Mondego d i v i de l a ciudad en dos partes de desigual i m portancia. A este lado se concentra casi l a totalidad de l a población de Coimbra. L a cultura tiene aquí sus colmenas intelectuales; el trabajo, sus talleres, y el comercio, sus honestas ambiciones. E s por decirlo así, el c o r a z ó n de l a ciudad. L a orilla opuesta, menos habitada, compensa esa inferioridad con el brillo poético de sus recuerdos. A l a derecha de aquel lado v e m o í el convento de Santa C l a r a que fué la residencia y es ahora la tumba de 1 a Reina d o ñ a Isabel, llamada, con títulos sobrados, la Reina Santa, y, a poca distancia del monasterio, la Quinta d é las L á g r i m a s evoca en nuestro recuerdo uno de los capítulos m á s interesantes de l a historia de P o r t u g a l l a vida apasionada y l a t r á g i c a muerte de d o ñ a I n é s de C a s t r ó M á s allá se extiende l a c a m p i ñ a bajo la caricia del sol. que delinea con su claridad los contorne del paisaje. E l gran poeta p o r t u g u é s Eugenio de C a s-
 // Cambio Nodo4-Sevilla