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E L ENTIERRO D E LA SARDINA DIBUJO D E ALENZA Recuerdos del C a r n a v a l tiempo pasado fué mejor dicen, con el poeta, los apologistas del Carnaval. Cierto, certísimo, si nos circunscribimos al Carnaval de la algarada callejera, al de los camiones adornados con chillona percalina, a l de la dsstrozona y a l de! triste picrrot; pero el Carnaval, tomado en un sentido más amplio, ese existe y existirá liasta que haya u n hombre en la tierra. L a Humanidad en general siente la necesidad de disfrazarse, de transformarse en su traje, en su rostro, etc. ello es inherente a nuestra naturaleza, comenzando a despertarse, estas aficiones en el niño, remedando los gestos de las personas que ie cuidan y atienden y solazándose en vestir la indumentaria de su padre o de su abuelo. Toda la Humanidad es una mascarada; todos vamos provistos de careta, ya que ésta, y más en los tiempos que corremos, es necesaria para l a convivencia social, j Cuántas veces en nuestra vida de relación oímos d e c i r N o creíamos a Fulano capaz de eso C o s a extraña que Mengano haya resultado así ¡Qué ingenuos somos! F u l a no 3 Mengano son capaces de eso y de mucho m á s lo que sucede es que los conocimos con careta, y en un momento de sinceridad, i a arrojan de sí, resultando a nuestros ojos tal como son. UALOUÍER de antaño. ilusión, ya que muchas veces l a careta vale más que la cara. N o os vaya a suceder lo que relataba un escritor ilustre: M e esperan y necesito retirarme decía la mascarita. ¿P e r o nos veremos mañana? contestaba, arrebatado, el enamorado galán. A las cuatro ¿Dónd e? preguntaba, ansioso, e l conquistador. E n tu casa contestó la bella incógnita. L a mascarita era l a mamá- suegra del castigador. a Respecto al bello sexo, vemos ésto con caracteres mucho más elocuentes, ya que a la careta moral que ostentan hay que añadirle la careta del maquillaje. Esto sucede desde los más remotos tiempos. Dígalo si no la sin par Popea. que i n ventó una careta hecha con pasta de harina de trigo y leche para conservar la finura del cutis, y cuéntase que su esposo, el terrible Nerón, aun encontrado a su cónyuge más alimenticia, censuraba con su suavidad acostumbrada esa falta de seriedad. Hace cuatro siglos que, a imitación de las matronas romanas, introdujeron las señoras caretas de terciopelo, para hermosearse o para cubrir defectos de la Naturaleza, y ello fué muy corriente en Francia en tiempos de Catalina de Médicis. Actualmente, ¿qué hemos de decir? L a acreditada Popea y las matronas romanas eran unas infelices en la cuestión de afeites, ya que hoy- las damas apelan a m i l medios físico- químtcos, sin duda para ocultar el natural rubor que las produce las costumbres de los tiempos. Pero, ajusfándonos al Carnaval como fiesta, reconocemos que la careta propiamente dicha es el misterio; detrás del antifaz oís una voz argentina de mujer, ¿quién será? ¿quién te habla al oído tan dulcemente? Por si acaso, no seas súbito y deja correr la Ef C a r n a v a l e n Roma y en Mitán. E l Carnaval es una reminiscencia de las fiestas romanas conocidas bajo el nombre de Saturnales, fiestas de desenfrenado libertinaje, en las que las esclavas se disfrazaban de señoras, siéndoles permitido mofarse de aquéllas. L a Edad M e d i a que fué el emporio de la aristocracia, prohibía a l pueblo esas d i versiones; pero los señores entre si se entregaban a todos Sos excesos. S i n embargo, el pueblo llegó a ser el alma del C a r naval. E l de Venecia, que fué llamado el Rey de los Carnavales, gozó de gran fama entre los antiguos, siendo sus iluminaciones artísticas y suntuosas.