Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
para oficiales y auxiliares en el ministerio de Economía, Ofici fest la Edad, veinte años, y título bachiller o similar. Auxiliares: Dieciocho años. No se exige título. Para los dos cargos se admiten señoritas. Exámenes en mayo. Instancias hasta el 25 de marzo. Para el Programa oficial, que regalamos. Nuevas contestaciones y preparación en sus clases o por Correo, diríjanse al antiguo y acreditada INSTITUTO RECS PRECIADOS, 23; PUERTA DEL, SOL, 13, y MAYOR, 1, MADRID SE! ESTA AL CONSUMIDOR EN VISTA DEL ALZé Cosí tecleado universal! y i o d o s los adelantos modernos egue t o d a s! as máquinas portátiles V S s i l b á i í d a d absoluta. El fCEBTT ele íasrssáiíj NOVÍSIMO ¡raaayíir MODELO 1 FETEMCSA También hay modelos plegables de 450 pesetas. Colores: negro, verde, azul, rojo, marrón, crema, malva, Al contado y a plazos, UN MILLÓN DE MAQUINAS VENDIDAS La CORONA es la portátil más antigua y mejor que se fabrica, PIDA UNA DEMOSTRACIÓN A LOS AGENTES QUE TENEMOS EN TODAS LAS PROVINCIAS Boletín a recortar (franquéese coa 2 cts. SOCIEDAD HISPAPTO- AMERICANA G A S T O NORGE, O. A. -Sevilla, 16. -MADRID Remítame catálogo A y condiciones, al contado y a plazos, de la máquina CORONA modelo Nombre Calle de núm Población FINCAS rústicas en toda España, compro. J. M. Brito, Alcalá, 94, Madrid. ¡376 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE MADRIGAL 373 -D o n Pedro Mesta. E l alcalde se estremeció, porque aquel don Pedro Mesta sonaba para él Pietro Mastta, ¿Q u i é n más hay? -dijo el alcalde -U n canónigo de Burgos. -Adelante. L a gente menuda. -Dos chalanes, un buhonero v cuatro arrieros. Y nadie más? -dijo el alcalde. -S í señor; hay otro huésped entre merced y, Señoría; quiero decir que es bajo por su oficio, porque es pastelero; pero por todo lo demás parece, persona principal y rica- ¿Cómo se llama ese sujeto? -E l señor Gabriel de Espinosa. Cuándo ha venido? -Hace dos horas, y para estarse poco tiempo, porque ha mandado que se le tengan listos los caballos y que se le llame a las dos. -Y si tan poco tiempo hace que está en vuestra casa, ¿cómo sabéis que es buen pagador? -Porque con solo poner los pies en ella me. ha dado un doblón de a ocho, cuando con algunos reales nodía haber pagado la costa. ¿Q u i é n ha venido con ese hombre? -Dos criados. ¿Y dónde están esos dos criados? -De camino, creo yo, para fr delante y tenerle tmscada posada -Y él, e s t á aquí solo? -S í señor. -Llevadme a su aposento. E l mesonero tomó por. las escaleras, y el alcalde, solo, habiendo dejado a los alguaciles en la puerta y en el patio, siguió al mesonero, murmurando para s i! ¿P o r qué estará también en esta posada monseñor Pietro Mastta? ¿T e n d r á algo que ver con Gabriel de Espinosa? A esto llegaron a una puerta del corredor que sólo estaba encajada, entraron, y el alcalde encont r ó a Gabriel de Espinosa, que había sentido justicia en la cas? vistiéndose apresuradamente con camisa de Holanda, cuello v puños de- cadeneta, pecados a la camisa a uso m á s que de hombre común, unos calzones de Holanda muy delgada, X -Que no salga de mi cámara esa joven. -Descuide vuestra señoría. E l alcalde salió calenturiento, terrible, y al llegar al pie de las escaleras encontró sentada en el primer peldaño a la madre Martina. E l alcalde se detuvo- ¡Tribaldos! -dijo. ¿Q u é me manda vuestra señoría. -rujo T r i baldos saliendo de! zaguán y acercándose rápidarrente a don Rodrigo. ¿E s t á lista la ronda? -S í señor. -Que se queden aquí dos. -M u v bien, señor. -A g á r r a m e a esa vieja y enciérrala. ¡A m í! Y o presa! -dijo con una voz semejante al chillido de una rata la madre Martina. Calle la bruja! -dijo Santillana sacudiéndola con l a vara y haciéndola dar un chillido infinitamente más fuerte y desapacible que el primero. Tribaldos se llevó a empellones por delante a la vieja, que iba soltando cada imprecación y cada blasfemia que ponía espanto. Poco después el alcalde salió de su casa con cuatro alguaciles, uno de los cuales era Tribaldos. A b mal pecado! -dijo deteniéndose de repente el alcalde- ¿Y adonde voy yo, si no sé la posada de ese hombre? Y volvió a la casa y subió rápidamente a su cámara. M a r i Galana estaba sentada en su sillón, echada de cara en la mesa sobre los brazos y llorando. E l alcalde, a quien M a r i Galana no había sentido, permaneció mudo algunos instantes, contemplando con una expresión profundamente dolorida a la joven. A h no, no! -dijo- esto no puede ser; esto debe ser una fascinación m í a esto sería un castigo horrible. Y luego añadió en voz alta: -i María! L a joven levantó la cabeza y miró con una especie de estupor, con una especie de iaseiisateg ¡1 alcalde. ¡Q u é! ¿H a b é i s yueltg ya? c
 // Cambio Nodo4-Sevilla