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Joyera LA ESMERALDA -JSarrétas, 38 1 C u a l q u i e r a que sea l a i n s t a l a c i ó n que t e n g a o b t e n d r á u s t e d u n r e n d i m i e n t o que s u p e r e a t o d a s sus p r e v i s i o n e s si l a equipa usted con fifi U. H. L. K. X. X. X. X. ce N. o 2 0 -S o r t i j a 3 b r i l l a n t e s oro y p l a t i n o 425 pesetas. N. o 2 1 -M e d a l l a rosas, oro y p l a t i n a 165 p e setas. N. o 2 2 -S o r t i j a 3 brillantes, oro y p l a t i n o 550, pesetas. L A Ú N I C A VÁLVULA D E F I L Ü E I T O COLOIDAL 406. -Universal. D. G P S -D o b l e r e j i l l a 406. -H. P universal O. 414. -B. F F i n a l T. N 406. -Triple rejilla u n i 406. -H. F B F. E versal O. D E V E N T A EST T O D A S P A R T E S R E P R E S E N T A N T E E X C L U S I V O P A R A ESPAÑA: F. Montojo. General Pardiñas, 18. Madrid. N. 2 3 -S o r t i j a N. o 2 4 -M e d a N. o 2 5 -S o r t i j a 3 b r i l l a n t e s oro l l a rosas, o r o y 3 brillantes, oro y p l a t i n o 650 p l a t i n o 120 p e y p l a t i n o 700. pesetas. setas. pesetas. N O T A -G r a n surtido en medallas de ¡Jesús de H e tlinaceli en oro y plata. IiA E S M E R A L D A -C A R R E T A S 39, Madrid. ELÉCTRICA ñy, Conde Peñaíver, 21 23, MADRID 7- -Y i iTvS sa 1- ÓPTICOS P r í n c i p e 10, Madrid. Lentes, gafas. e impertinentes, Gemelos prisma t i c o s ZEISS, Microscopios Zeiss. C a s a S a n t i v e r i S. A E s p e c i a l i d a d p a r a r é g i m e n P l a z a M a y o r 24, M a d r i d (e s q u i n a S i e t e d e J u l i o) 874 F E R N A N D E Z Y i GONZÁLEZ E L P A S T E L E R O D E MADRIGAL 373 ¡Volver tan pronto, cuando hace un momento que me separé de vos! ¿Y qué sé yo el tiempo que ha pasado desde que os fuisteis? E l alcalde se estremeció. La insensibilidad de Mari Galana respecto al tiempo era espantosa, porque marcaba el estado de la joven. -No he podido volver- -dijo el alcalde- porque no me habéis dicho en qué posada está Gabriel de Espinosa. ¡Ah! -exclamó con alegría la joven- ¿No os lo he dicho? Pues trie alegro, porque nadie pierde más que yo. Haced conmigo lo- que queráis, rrretedme en la cárcel, apretadme los cordeles; si el dolor me hace confesar, ya no habrá cuidado, porque él se va a ir, porque él. se habrá ido. E l alcalde miró profundamente a la Galana, y luego dije: -No quiero que me digáis dónde esté- ese hombre. Adiós. Pero vos le vais a. encontrar! -dijo Mari Galana levantándose y abalanzándose a don Rodrigo- Dicen que sois un alcalde de Satanás y que Satanás os ayuda. No le busquéis. ¡La ladrona soy yo! El alcalde se desasió nuevamente de Mari Galana, salió, cerró la puerta, se metió la llave en el bolsillo y se lanzó a la calle. ¡A la casa de hospedaje que esté más cerca 1- -dijo don Rodrigo a Tribaldos. Y la ronda y el alcalde, guiados por Tribaldos, se pusieron en marcha. -En aquel momento sonaban las once de la noche. 1 CAPITULO X V I llevó a don Rodrigo a más de veinte hospederías y posadas. En la mayor parte de ellas daban noticias del pastelero de M a drigal; pero en ninguna había permanecido más que ¡horas, ni al irse había dejado noticias de dónde se fuese. Siempre que salía de una posada lo ha RIBALDOS cía con apariencias de emprender un viaje. Otro alcalde se hubiera- aburrido, y mucho más en la situación de ánimo y de salud en que se encontraba don Rodrigo de Santillana. Pero éste no se aburría. ¡E l cumplimiento de su deber le daba fuerzas y paciencia. Tribaldos seguía trotando, y de una posada dónele no se encontraba a Gabriel de. Espinosa, llevaba al alcalde a otra, donde tampoco se encontraba. Llegó al fin la una de la noche. Tribaldos, aburrido, había llevado al alcade y a su ronda a un mesón escondido en el fondo de una calleja, cerca de las carnicerías- L a puerta, como era natural, a aquellas horas, estaba cerrada. E l alcalde llamó recio con el extremo de su vara, y se vio obligado a repetir los golpes con más fuerza, porque a los primeros no contestaron. Oyóse, en fin, desde adentro una voz soñolienta. -Esperen para que se les dé posada a que sea de día, que ésta no es hora de abrir la puerta a nadie. ¡Abrid, vive Dios, a la justicia del Rey núes tro señor! -Esperen. -Que sea poco, o doy posada a los que aquí encuentre en la cárcel- -dijo don Rodrigo, que a cada momento estaba de peor humor. Pocos minutos después se oyó detrás de. la puerta- JHP voz que dijo: U- ¿Quién llama, apellidando justicia? -EÍ alcalde don Rodrigo de Santillana, menguaido- -respondió don Rodrigo. Se conocía tanto a Santillana en Valladolid y se le temía tanto, que la puerta se abrió, y apareció el posadero en calzoncillos blancos, con un candil en la mano. -Diga, maese, ¿qué gente tiene en el mesón? -Si hay gente ir ala, ellos se lo sabrán- -dijo el -posadero todo temeroso- que para mí, en pagando, -toda la gente es buena. -Diga, diga- -insistió e! alcalde. -En el número uno hay un caballero muy prin icipal, a lo que parece y a lo que paga, ¿Cómo se llamaí -1
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