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RDiiiTnniTiainiímiimtiiitfliigtii L e a usled los domingos BLANCO Y NEGRO H; (Ui rr; ii ir n JI p i; i mri i it n T i n um n MI i n njr; rniii r; ji 1! ini i 1 r iru ru ií? i n n n i n u n rr: 1 n E tn FI n s ri i i n ¡i: i i I 1 1 ia 1 ím i: rsn; Actualidades: Crónica gráfica de España y extranjero j El Teatro, el Cine Gente Menuda y los Toros: Crónicas de la semana, Artículos varios tradas. hogar ff Historietas, cuentos infantiles ¡j Deportes: Amplias informaciones ilusLa Mujer y la Casa: Modas, labores. El arte en el Literatura: Una novela corta en cada número o el j Gran Mundo: Vida social. Resi j Planas en color. pliego semanal de una grande. Cuentos, crónicas, poesías, informaciones dencias aristocráticas mi! l ¡l! ll ll! l! l ll jPrecio: UNA peseta) ¡ejemplar e n toda España. 1 lililí 82 F E R N A N D E Z Y GONZÁLEZ E L PASTELERO DE MADRIGAL 383 -HÍ. Y cómo ha venido de su tierra María? Ella jparece española. -Como que esta aquí desde niña, y la he criado yo- -dijo la vieja. ¿Qué edad tenía cuando ino? -dijo el alcalde. Ochó años, señor. ¿Quién la. trajo? -Un alférez de los tercios viejos de Italia que trató muchos años conmigo. Cómo se Hama ese alférez? -Diego Conchudo. ¿Dónde está? -En la tierra de la verdad; como que al año de ¡haber venido de Italia le metieron, al- revolver de una esquina, una po; un costado que le salió la punta por el pecho, y no pudo decir Dios me valga siquiera el pobrecito. Y la vieja hizo un puchero y añadió con la voz ¡lacrimosa: -Era mucho lo que le quería, señor, era mucho; me lo mataron a obscuras y a traición, y no se sabe quién fué el que hizo la maldad. ¿No sabéis el apellido de María? É- -j E l apellido -dijo la vieja, como- si no hubie- i ira entendido la frase. -O sois muy taimada, o muy bozal- -dijo, impa- cientándose, do- Rodrigo- Y o me llamo Santillama, porque mi padre, y mi abuelo, y mi bisabuelo, y de allí para arriba, eran Santillanas. -Pues Mari Galana no tiene padre, ni abuelo, ni bisabuelo, ni tatarabuelo: es hija de las malvas; y a mí, el, alférez Conchudo no me dijo ni más ni menos, que. lo siguiente: Y o la robé porque me dieron por ella tanto más cuanto; pero la misma nofehe que la, robé, me. dieron soplo de que me andaban bascando para, ajustarme algo prieto a la garganta, y como. no podía volverla a llevar allí adonde lá tomé, por no dejarla abandonada, me la traje conmigo, y empecé a rodar, y rodando, rodando, me he encontrado con ella en Valladolid, y no hay más que tenerla como si fuera nuestra hija, v como nuestra hija criarla, Lamparosa porque ha de saber vuestra señoría que a nií desde muy joven me 11 ainan la Lamparosa; porque había, yo de estrenar R 1 un vestido o ir con él por en medio de la calle, y iel aceite que había en las alcuzas y en los candiíes de las casas se salía por las ventanas y me caía encima; y por eso, y porque yo llevaba y llevo siempre encima más lamparas que una iglesia mayor, rne han llamado y me llaman la madre Martina la Lamparosa. -Es decir, que sois puerca como vos sola. -Eso, señor alcalde, no se puede remediar; va en genios y en encarnaduras. -Pues mirad, yo creo que tenéis más lámparas en el alma que en el cuerpo. -Andan los tiempos tales, señor, que si ecliáis un pedazo de honra en la olla, cuando vais a comer os encontráis con agua clara; y no se ha de morir una de hambre porque digan o no digan, que de todo el mundo dicen, con razón o sin ella; cuanto más, que de Dios, con ser Dios, dijeron; y ande yo gorda y con peso en la faltriquera, y digan lo que quisieren; que mientras yo no robe, ni mate, ni levante testimonios, ni blasfemias, y en cumpliendo yo con las ordenanzas, todas las justicias del mundo no pueden conmigo; porque a nadie se le ha azotado, ni se le ha ahorcado, ni se le ha puesto el sambenito porque haya perdido la vergüenza; que la vergüenza es verde y se la conie el burro tíe la necesidad, y al fin y a la postre se encuentra uno muy bien sin ella, porque la vergüenza es un espantajo que para nada sirve y para todo estorba; y vengan dineros, que todo lo. demás es cansarse y pagar moscas. Charlaba tanto y tan sin concierto la madre Martina por dos razones: primera, porque tenía un miedo que no la dejaba ver lo que decía, y segunda, porque el alcalde se había quedado tan ensimismado y tan pensativo, que no oía lo que. la madre Martina charlaba tan sin ton ni son. Pero como, volviendo de su distracción, alcanzase a oír las ultimas- palabras, echó mano a la vara que tenía al lado, y si la madre Martina no se aparta haciéndose atrás rápidamente, de seguro que no lo pasa bien. ¿Cómo, bellaca, tales cosas os atrevéis a decir delante de mí? ¡Vive Dios que no vais a ver más Ja calle sino por entre rejas l