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A B C V I E R N E S 14 D E M A R Z O D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 6 operante presencia. Del mismo tr. cdo resultaría inconcebible desde las posiciones de l a izquierda esa deplorable ligereza de considerar quantité. ncgligeahle la representación de E s p a ñ a cerca del Vaticano. Desde su particular punto de vista, la izquierda puede apuntarse sus mayores, éxitos al recordar ciertas misiones españolas cerca del Vaticano, que fueron decisivas- -sobre todo en el siglo xvm- -para el mundo de. la política religiosa en Europa. L a cuestión lc las relaciones de la Iglesia y el Estado es en los países católicos la cuestión en cjue las izquierdas hallan su, razón de exis tir, y en la época; contemporánea han sido las izquierdas francesas quienes ¡han contado quizá con especialistas m á s consumados. en materia vaticana. E l marqués de Magaz acaba de dejar el palacio de España, donde ha representado ton suma, dignidad e inteligencia los intereses españoles cerca de. la Santa Sede. Su deseo, ce reintegrarse al mando activo como almirante de lar Armada había sido expuesto reiteradamente al Gobierno de la Dictadura. I i es hora, i n i tenemos elementos de j u i cio bastantes- para, opinar sobre la misión del m a r q u é s de Magaz, cuyas aptitudes d i plomáticas habían quedado Sien probadas antes de su embajada, romana en varias conferencias internacionales. De; su tacto, de su tono europeo, de su acabada y exacta cortesía, de sus altas dotes dé lucidez y precisión en los asuntos diplomáticos tienen pruebas cuantos en: mayor o menor escala le conocen por Roma o por Ginebra. Cabría preguntarse si las excelentes cualidades del maroucs de Magaz o de otro buen embajador pasado o. futuro pueden tener su razonable y necesaria eficiencia, dados el habitual T criterio de nuestros Gobiernos, las luces de nuestra opinión pública- -sea de la izquierda o de la derecha- -y las capacidades de nuestro personal técnico- -diplomático- v- en esa especialidad de la política internacional, constituida por las relaciones con el V a ticano. Cabe preguntar si ante el Gobierno del general Primo de Rivera y ante varios Gobiernos que le antecedieren se ha configurado alguna vez en su aproximado volumen, en su continuidad posible y en sus lineas maestras nuestra posición cerca del Vaticano, como corresponde a una gran nación católica- -desde el punto de vista de la derecha o aún. si se quiere, desde la m á s extrema izquierda, a una nación que vive en la trama de grandes intereses católicos, innegables y de trascendencia para la vida nacional. U n a Embajada no es únicamente un embajador. Es una estructura y un tumbo, que representan a. un Gobierno. Cuando se trata de una Embajada de excepción se requieren también estructura y rumbo de excepción. E l personal bueno para P a r í s y para Londres puede ser cerca del Vaticano inútil. N o mucho antes de la conciliación presente en Italia- -tan avezada al Vaticano- -la Prensa se quejaba de la falta de este personal especializado para la política vaticana. ¿Qué. diríamos, pues, en E s p a ñ a? Además de un embajador apto y de un personal bien escogido, especializado- -o. capaz de especializarse- una buena Embajada cerca del Vaticano requiere una asesoría técnica desempeñada por un eclesiástico de alta competencia y responsabilidad, cargo que otras Embajadas cerca del Vaticano tienen y que en ia de España, donde sería tan necesario, no existe. A s i nuestra representación cerca del Vaticano se ve generalmente constreñida a echar mano de con- sejeros eclesiásticos eventuales, oficios os, s? ií responsabilidad reglada, sin independen personal y aun sin aquella competencia en mental que proviene de los grados académicos y doctorales en Derecho civil y canónico. E l eclesiástico que desempeñe esta asesoría no puede tampoco, en buenos principios, estar ligado a otros intereses de orden político y humano que a los representados por la Embajada, pues cabría- -y es el peligro de los oficiosos y eventuales- -que asesorase en beneficio de intereses harto, distintos de los que serían convenientes a España, su Monarquía y su Gobierno. N o se debe tampoco considerar quería presencia diplomática de, España cerca del V a t i cano, está restringida al personal! acreditado de la Embajada. L a presencia diplomática de derecho sí, pero no la presencia diplo- mática de hecho. Es cerca del Vaticano donde cen m á s frecuencia se ha dado el caso de enviar prelados y hombres civiles con- misiones diplomáticas especióles. Además- -de hecho- los medios diplomáticos con que cerca del V a ticano opera España- -o cualquier otra nación- -no se limitan a su personal diplomático acreditado. Toda nación católica cuenta cerca del Vaticano con instituciones religiosas m á s o menos relacionadas- -oficial o extraoficialmente con la Embajada- cuya acción puede ayudar o estorbar, a veces de modo decisivo, la acción de la Embajada o tenerla, aun sin mala voluntad, en un constante desprestigio. Gran parte del prestigio y del tono político y religioso de cualquier nación ante el Vaticano depende del estado de estas instituciones, del espíritu en que se inspiran, del rango intelectual de sus directores, del estado de sus obras y bibliotecas, del empleo que dan. a los medios de que dis-