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MADRID- SEVILLA 15 D E M A R Z O D E 1930. NUMERO 10 CTS. DE, S A N S E B A S T I A N CERCANA SUSCRIPCIONES Y A TETUAN, SEVILLA SUELTO DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 G E S 1 MOSEXTO N 8.492 tí? ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, REDACCIÓN: PRADO tana de la Aljama; y el vaho y el eco termi- mento al Rey José, con el medallón del nan diluyéndose voluptuosamente en la luz marqués de Pombal, reconstructor de Lisde un cielo sin límites, y donde a la vague- boa, destruida por el terremoto de la decidad de la gasa se une la entereza del esmal- moctava centuria; transformador del TeEcos y Juces de Lisboa te. Pasa un pájaro, y de un picotazo podría neiro dos Pasos en la plaza del Comercio. Una visita a Lisboa es una fiesta. Por de llevarse el alma nuestra, que, seducida, aso- El Tajo, de una anchura que no podría prepronto, para los sentidos, que a tal extremo móse a la entreabierta boca... verse en Toledo, chapotea en los muelles, de agrado llegan la plástica y el ambiente de Así preparados, generosamente solivian- invade un embarcadero inclinado, dilátase esa insigne ciudad. Y luego hay que nuestro tados por las sensualidades, podemos ya re- enfrente, pequeño mar, y se esfuma hacia el espíritu se embriaga de ilusiones heroicas. querir los secretos de la ciudad, quien no océano, lejos, montes y ribera artificial adeEn suma: el viajero adquiere allí la plenitud los guarda, si bien de conocerlos resulta lante, allá en la luz. Palomas en el bronce humana. que se hace mucho mayor el misterio lis- y el mármol del monumento, pescadores de Encontrándome en Badajoz- -que tiene su boeta. Me refiero a las revelaciones arqui- red contemplativos, extranjeros, y otras sifamoso puente sobre el Guadiana, como los tectónicas, y a las suntuarias, y a las de la luetas, a la orilla del río; y en el agua, las antiguos caballeros llevaban al pecho una flora, y las de las naves, y las de la gente. barcas de línea fabulosa, y gaviotas, que cadena de oro, y al lado se extiende la po- Manuelismo de los Jerónimos, sepulcros de se multiplican. Mirando a la población, el blación, morena y fragante, como la Sulami- Vasco de Gama y de Camoens, escudos de arco siempre aprisiona nubes en el cielo, ta- -pasé a Lisboa, con el entusiasmo que se galeras transportados a los florones en la que recorta su medio punto, a más de verse pone en una aventura. En el camino, dehe- bóveda del templo, esfera armilar y calabro- la rúa Augusta, pombalina de traza. Se sas cetrinas todavía extremeñas, bosques in- tes simulados en las piedras de la torre de piensa en los paisajes de un Canalctío, móviles, una atmósfera de una melancolía Belén, ornamentación hindú de unas colum- aquellos que el delicioso petit maitre pintaque enamora, por fin el Tajo y sus idilios: nas vernáculas; las carrozas de los si- ba dando sobre todo importancia a la arlas aldeas que vienen al baño, el castillo de glos x v i XVII y XVIII, cada una un monu- quitectura. Y el recuerdo de Venecia, como las hiedras en el islote, barcas de proa mile- mento de todos los pavos reales de la épo- se sabe, tema preferido del señalado artista, naria y con la vela de color de rosa. Tras la ca; la vajilla de Juan V los trajes escar- es indispensable en la plaza del Comercio. intimidad del paisaje materno, todo el uni- lata de los remeros de la falúa real; dra- Cuando, al crepúsculo, el Tajo se ilumina y verso sobre las siete colinas lisboetas. Sueña gos y agaves y ficus en los parques y jar- espesa, se engrasa de oro, y el aire está y casi llora de nostalgia la campiña, pero el dines públicos; pinas tropicales, con sus ebrio de tornasoles, solamente la escalinata puerto nacional, anheloso y seguro de infi- plumas, que no hojas; y chirimoyas en los de la Piazzetta, con el palacio ducal, acernito, no escucha las lamentaciones, por lo fruteros domésticos de empurpurada plata; taría a competir con la turbadora apoteodemás tan armoniosas, de igual manera que el té, llamado cha, como en Peking; las sis lusitana, ganando ésta a la de las lagulos navegantes se lanzaban al agua mientras barcas tajantes, de. perfil fenicio, con sus nas- sólo un placer; en tanto, es la porturezaban ias mujeres. trapos atabacados, y. de las que las varinas guesa un sacrificio de su pueblo a los héroes de los mares, los astros y las selvas Mirador de Santa Lucía, y el del Monte, extraen los largos y en seguida oxidados con que ellos enriquecieron el mundo. peces espadas, y otros que semejan capriy el de la Estrella, y el de Río Janeiro... Vamos de una a otra cumbre, ni una sola pe- chos de ceramistas, o de sederos, o de artílada, sino con rosales y palomas, y en medio fices del nácar; y en la muchedumbre, ya FEDERICO GARCÍA S A N C H I Z una capillita o un evocador vestigio arqui- no variopinta y acentuada por individuos de todas las razas, con sus vestiduras o sus tectónico y según mudamos de terraza, cambia el horizonte, y unas veces son unas mon- desnudeces enla muchedumbre, el rescoldo SANTO PATRONO tármelas largas y pálidas, y ahora el río, des- de aquella hoguera humana, insinuaciones E L nudo en su amplitud, cuando no el río y las de mestizajes, poliglotismo, y, enmarcando DEL HUMORISMO montármelas, panorama de aquellos de los la turbia corriente, indiana o. africanizante, gi abados iluminados, melódica, inefablemen- donde, si por azar cae un ejemplar de perte románticos. Trepando o derrumbándose, sona rubia, al punto se enmohece, el pueblo Felipe Neri o Francisco de Asís con unas enormes medias lunas en su des- portugués auténtico, con su rostro escultóLo mejor de este libro del abate Bremond nivel, las casas, altas y moteadas de venta- rico y al mismo tiempo inmaterial, granito nas, como de puntos un dado; de cualquier con agua en un hoyo, y su barretina verde, es el título, Divertissements dévant l Arche: color, con preferencia sólidos, en ocasiones o su capa alemtcjana, o sus pantalones divertissements nos sugiere inmediatamente abrillantados por ser de azulejos la fachada acampanados, y el antiguo estudiante de la relación profunda que une la danza jovial entera, y con el tejado de un rojo fresco, Coimbra, hoy intelectual o elegante en Lis- de David delante del Arca con la juglería húmedo. Asombra la alegría del innumerable boa, con su monóculo, ejemplar tipo de hi- -malabarismo y acrobacia- -del medieval conjunto de viviendas, no desligadas, pues, dalgo, fino, ingenioso, que gusta de platicar Jongleur de Notre Dante. E l juglar con su al contrario, parece que en voluntaria guir- en las tabaquerías de lujo, y para el que la juego de bolas y cuchillos delante del altar nalda rodean los cerros, al modo de una dan- vida es un interesante espectáculo. Lo con- de Nuestra Señora y el Monarca de la B i za campestre. Nadie ignora la modernidad fieso nunca jamás he sentido no ser cria- blia danzando, cantando y bailando- -bailarín relativa de la antiquísima urbe, renovada por tura de excepción, como frente a todos y ambulante, arpista y cantor ambulante defuerza después del terremoto y el incendio cada uno de los estímulos enumerados. Y lante del Arca de Israel- -son dos númedel siglo antepasado. Sin embargo, todavía al decir criatura de excepción no digo en ros del mismo programa, dos artistas perquedan tejas morunas, aterciopeladas de cuanto a importancia social. La magnífica tenecientes a la misma escuela de arte remusgo, y techumbres con los ángulos de hospitalidad lusitana improvisa personajes presentativo sacro y humorista, dos atraccuerno, al uso chinesco. Abolengo y alusio- en los huéspedes, y yo lo sé por experien- ciones maravillosamente alegres, candidas y nes a la historia y la leyenda del país. Y cia propia. Lo que yo digo es que en Lis- conmovedoras en el anfiteatro popular de la también perduran, muchas de las iglesias, boa da grima no ser por dentro alguien, no Cristiandad. con su masa pétrea de una suave blancura, importa qué, pero alguien: cosmógrafo, piMe duele que el abate Bremond no expliapenas tiznada por aislados rastros cenizo- rata, poeta, un sofista ilustre, un rabino que para nada su título, Divertissements démedieval, un aventurero a lo Casanova... sos. Son, a pesar de su nitidez, blandas a la vant l Arche, lleno de ufanía católica, y se vista. Y su tenuidad alcanza a manifestarse Resignados no por completo a nuestra pierda en erudiciones y críticas vagamente en las propias campanas, que tocan en poralusivas al tema hasta convertir ese título, tugués, es decir, sin. estridencias ni golpes. mediocridad, nos encaminamos, por la calle que debía ser eje espiritual del volumen, en De las rampas adivinadas en el laberinto ca- de la Plata, o la del Oro, o la rúa Augusta, una guirnalda decorativa. De los ocho enllejero, vislumbrándose fragmentos de mo- a la plaza del Comercio, rótulo que, hallán- sayos del abate Bremond, el mejor sería el saico, la multitud, vehículos, asciende un ru- dose donde se halla, da a los mercaderes dedicado a San Felipe Neri, Santo Patrono mor en que resaltan el lejano ladrido de un jerarquía persa o dj ¡viejo Brasil. Ningu- del Humorismo, si no tuviese demasiado aire perro, musiquillas, bocinas de automóviles. no estableció allí su tienda, ni aun su ofici- de crítica de libros al comentar un vient Y a ese graso murmurio, se mezcla una fra- na. Encuadran la inmensa explanada so- de paraitre sobre San Felipe Neri y la sogancia sinfónica, desde los perfumes munda- portales que sirven de atrio a ministerios, ciedad romana de su tiempo, obra debida a nos del chiad a ja acidez marroquí o napoli- y que preside el arco con trofeos y estatuas la fraternal colaboración de dos sacerdotes simbólicas. En mitad del llano, el monu- T A LKIES
 // Cambio Nodo4-Sevilla