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ABC. SÁBADO 1 5 D E M A R Z O D E 1 9 3 0 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 tas, que no habían perdido el instinto de conservación social, supieron reaccionar contra la demagogia. Perecieron asesinados Liebknecht y Rosa Luxembourg, agentes de Moscú que intentaban implantar en Alemania la dulce dictadura del proletariado Las sangrientas explosiones bolcheviques de Munich y de Dresde fueron ahogadas por una implacable represión de la Reichswehr, cuya responsabilidad no incumbe a ningún general prusiano, sino al socialista gubernamental Noske. N o en vano recordaba este último el ejemplo patriótico del pequeño burgués Thiers ante la Commune de Par s, y tampoco temió el denigrante mote de reaccionario con tal de evitarle a su país una catástrofe. Obsérvese, además, que la República del Imperio, al través de su fachada democrático- socialísta, ha pactado con, los antiguos partidarios del Imperio y eliminado, en cambio, los elementos disolventes que amenazaban su equilibrio social. A la lista de atentados, añadamos al de Liebkbecht y la Luxembourg, el asesinato de K u r t Eisnel, bolchevizante presidente del Consejo en Baviera, entregado a los revolucionarios; el del político democrático Erzberger; el del gran financiero israelita y también socialista Walter Rathenau. (M a x H a r den, el virulento polemista judío, escapó de milagro, siendo gravemente herido. E n cambio, ¿dónde están las víctimas del furor revolucionario entre las derechas monárquicas y nacionalistas? ¿Q u é responsables de la guerra y del desastre fueron entregados a las venganzas populares o a los T r i b u nales de Justicia? N o recordamos ninguno; ni un ex Soberano, ni un general, ni un antiguo político del Imperio ha sido objeto de violencia criminal. E l pleito de los responsables de la guerra tiene su origen en los países aliados, y Alemania lo rechaza patrióticamente; comprendiendo que sólo engendraría la guerra civil y el desorden. L a República del Imperio olvida sus rivalidades políticas y parlamentarias ante el extranjero y presenta un frente común cuando se trata de reivindicar sus aspiraciones nacionales. ¡Ejemplar patriotismo el de A l e mania, que, unido a su voluntad de trabajo y su capacidad organizadora, volverá a conquistar uno de los primeros puestos entre las potencias mundiales! Y no menos curiosa es su revolución, en que la lucha de clases se mantiene en el terreno de la legalidad. P o r que no sólo ISÍ República no decreta el destierro de los diversos miembros de la F a m i lia Imperial y de las dinastías Reales, sino que devuelve sus palacios y sus bienes al ex Kaiser. Los ex Reyes permanecen tranquilos y seguros en sus antiguos Estados, gozando algunos de ellos de verdadera popularidad, como en Baviera. Los generales del Imperio y los ex combatientes de la guerra celebran abiertamente sus aniversarios de uniforme. E l ex kronprinz- se pasea por toda Alemania y es aclamado en público. Semejante lección de tolerancia y de cultura no se concebiría nunca en una República latina. E l l a es la que permite al socialista M ü l ler, actual canciller, gobernar a su país sin declararse incompatible con el ex jefe supremo de los Ejércitos imperiales, mariscal Hindenburg, presidente de l a República del Imperio, el cual ocupó su alto puesto después de pedirle permiso por escrito a Guillermo I I E n suma, la República alemana, a pesar del socialismo y de la democracia, conserva su etiqueta imperial, y, lo que es más importante, el mismo personal de la administración, de la milicia y de la. diplomacia que tuvo el Imperio. 1 -íimos a beber con vosotras un buen trago gas obreras. L a revolución alemana no la de vino. iniciaron tampoco los intelectuales, los estu- ¡A y padre! -dice la despensera- no diantes o las masas oprimidas Se hizo tenemos vino, sino media tazaj que se ha I desde el Poder, a fin de evitar la guerra guardado para una hermana, enferma. civil y de suavizar las condiciones de la paz. -Trae la media taza- -dice el santo. F u é el príncipe M a x de Badén, último canY bebieron todos hasta alegrarse, y la taza ciller del Imperio, quien arrancó desde Berconservaba siempre el vino hasta los bordes. lín al Kaiser su abdicación, con la ayuda Humor, alegría y santidad. Pero la tradición. de los ministros de la social- democracia que E l padre Faber- -uno de los mejores auformaban parte del Gobierno. F u é el genetores religiosos del siglo xix. -pide la vísral Gróener quien, en el Cuartel general de pera de su muerte que le traigan por última Spa, hizo presión sobre el Emperador para vez la comunión. Se la niegan, alegando que que renunciara al Trono. F u é por último, su extrema debilidad no se lo permite. el propio mariscal Hindenburg el que d i- -Pues bien- -dice, resignado y alegre el suadió a Guillermo II de volver a Berlín, padre Faber- dadme entonces las aventucomo él quería. Abandonado por los suyos, ras de M Pickwick. a éste no le quedó m á s recurso que internarse en Holanda. Así nació la nueva RepúRAFAEL SÁNCHEZ M A Z A S blica alemana, proclamada por los mismos directores políticos y militares del Imperio, sin la. colaboración de los- levantamientos populares. Estos estallaron luego, por. muy d i versos motivos. E l lector tendrá a ú n presente lá serie de convulsiones económicas y sociales que desde el armisticio y el Tratado (El caso de Alemania) de Versalles agitaron a Alemania hasta fecha muy reciente. Los propagandistas de la República como Tampoco el cambio de régimen logró suaremedio de todos nuestros males, suelen c i tar el caso de la revolución alemana y de la vizar en nada, las condiciones de los venceproclamación de aquella República para con- dores. Ocupación militar, amputaciones tefirmar su engañosa teoría, según la cual un rritoriales, bancarrota del marco, paraliza- cambio de régimen puede efectuarse sin con- ción de la industria y del comercio, ruina vulsiones ni trastornos sociales. A l leerles de la pequeña burguesía, hambre y huelgas, creeríase que la Alemania imperial, sintién- comunismo en Sajonia y Baviera, separadose gravemente oprimida por el peso del tismo en Renania, chispazos de guerra c i militarismo, se entregó a los doctores de la v i l ¿C ó m o se salvó Alemania de hundirse social- democracia, diciéndoles: ¿Q u i e r e n en l a anarquía? Porque sus gobernantes, ustedes operarme en seguida? Estos, sa- apoyados por una enorme masa de patriotisfechos ante semejante prueba de sensatez, le anestesiaron inmediatamente, le extrajeron el apéndice maligno del kaiserismo, y entonces Alemania despertó, serena. y radiante, exclamando: ¡A h ya estoy bien, gracias a ustedes! M e siento del todo republicana, es decir, libre, feliz, moderna e i n Exhibe su exteiigá. colección de modelos de dependiente l primavera y verano. Almirante, 14 Madrid. Teléfono 1259 S. Y después, durante la convalecencia, el reconstituyente político de l a Constitución de Weimar obró, por su pura esencia republicana, el milagro del actual resurgimiento germano que hoy asombra al mundo con su pujante vitalidad. ¡Q u é bonito! ¿N o es cierEl automóvil americano perfecto. to? Pero la Historia no confirma tan idílico MARIANO SANCHO. S. A. cuadro, y si la Alemania revolucionaria de Martínez Campos 9. Tel. 32623, Madrid. la postguerra se salvó del caos y del comunismo rojo fué precisamente porque su patriotismo y su instinto de conservación se opusieron por todos los medios a la ola d i solvente revolucionaria que amenazaba i n vadir el país. E s preciso tener en cuenta que la revolución alemana fué sólo consecuencia de la gran guerra y de los últimos reveses militares. S i n la retirada de los Ejércitos teutones ante el empuje, cada vez m á s formidable, de sus numerosos adversarios; sin el temor justificado de una próxima invasión con represiones vengadoras, el pueblo alemán, aun anemiado por el hambre y los continuos sacrificios, no hubiera caído en forazos. de la revolución. M a s l a persistente propaganda aliada le convenció de que éste era su único remedio para atenuar las duras condiciones de la paz. UNA REPÚBLICA IMPERIAL FUENSANTA K 1 SSEL Por su caiisSsal y presentación lo prefiere eHumacSor elegante. E l presidente Wilson, ese dogmático M e sías de la futura democracia universal, ya había declarado su firme propósito de no tratar con ningún Hohenzollern ni Habsburgo. ¿Q u é hacer? Entre la espada y la pared, Alemania vióse obligada a optar por la revolución y la República, que le imponía n adversario victorioso con halagüeñas promesas reparadoras. (Y esa República, de origen extranjero, es lo que hoy humilla el amor pronio de todos los patriotas alemanes. Ñ o l a trajeron, sin embargo, ni las sublevaciones marítimas de K i e l ni los desórdenes de la desmovilización, ni las huel- El público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios por palabras clasificados en secciones. En ellos encontrará constantemente asuntos que pueden interesarle H e aquí un fenómeno sobre el cual no han meditado lo bastante los apologistas da la Constitución de Weimar y los admiradores del pacto de Locarno. ALVARO ALCALÁ GALIANO
 // Cambio Nodo4-Sevilla