Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. S Á B A D O 15 D E M A R Z O D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 10 actual, lo que ha labrado- nuestra fama y lo que se esfuerza por mantenerla y continuarla. N o quiero citar nombres, porque el artista. es, en todas partes, de una vanidad tan vidriosa, que se resiente simplemente por verse citado después del camarada a quien tiene en menos, y como esa realidad es i n tangible, porque siempre el ilustre Regúlez se considera superior a García, y éste, muy por encima de su rival, lo mejor es omitir designaciones concretas. De autores no andamos mal. Si no existe el escritor de grandes alientos dramáticos, sin duda porque nuestra época es impropicia al género, contamos con ingenios muy interesantes, que harían las delicias del público de habla castellana. L a empresa no ofrece riesgos. ¿Se animará alguien a intentarla? E l que la realice se hará acreedor a nuestra gratitud. L a mejor éooca del año para su viabilidad es la, primavera. Es la. estación en que el rigor de la temperatura se atenúa, ayudándonos a vencer la pereza que nos retiene en casa. P a rís está invadido entonces por una población flotante hispanoamericana que daría cualquier cosa por sentir y recrearse espi ritual mente a la española, con el estímulo del i n genio español. MANUEL BUENO EL TEATRO ESPAÑOL En Francia E n el curso del año último han desfilado por París varias compañías dramáticas extranjeras. Hemos asistido a la representación de obras inglesas, alemanas, norteamericanas, italianas, rusas y checoeslovacas. Ninguna compañía española se resolvió a pasar la frontera. Luego expondremos la causa probable de ese retraimiento. Vamos antes a discurrir sobre lo que tienen de ventajosas para un país esas exhibiciones. Es un error el creer que la grandeza de un pueblo depende exclusivamente de su poderío material. Grecia, vencida y sojuzgada por las legiones romanas, sigue alumbrando al mundo con el resplandor de su cultura, y la obra de Shakespeare no ha contribuído menos que las escuadras inglesas a la gloria de la gran nación. España, que no pretende figurar en el concierto europeo a título de potencia militar de primer orden, lo cual no se opone a que sus Armadas hagan en cada caso lo que conviene a su honor, como se ha visto recientemente en M a rruecos, pese a lo que afirma en contrario el despreciable colonismo francés en sus periódicos asalariados; España, que no rivaliza industrialmente con ningún país de los que hacen la lluvia y el buen tiempo en el mercado mundial, está, como desquite y compensación, en condiciones insuperables para figurar con honor en cualquier certamen artístico y literario de carácter internacional. Su teatro es precisamente una de las muestras más brillantes del ingenio patrio. -Por qué no lo damos a conocer fuera de aquí? E L POPULAR MAESTRO RICARDO VILLA, AUTOR D E LA PARTITURA D E L A NAZAr R I T A (D I B U J O D E SOLIS A V I L A) AUTOCRÍTICA La rosa del azafrán Ayer, viernes, se estrenó en el teatro Calderón, de. Madrid, esta. z a r z u e l a l i b r o de los Sres. R o m e r o y F e r n á n d e z Shatv, m ú sica del maestro Guerrero. en esos casos la acción diplomática para facilitar convenios allanando dificultades? N o ¡o creo. P o r lo que hace a España, yo estoy seguro dé que- si. nuestro- embajador hubiese sido. requerido a ese fin, los artistas drama- (icos habrían dispuesto del apoyo necesario. Pero esa acción es superflua. Él arte no se Sin que se pueda sostener que la- litera- defiende con recomendaciones. E l éxito detura francesa sea inhospitalaria con nos- una compañía depende de su repertorio y otros, pues más de un nombre, español es ad- del mérito de sus miembros. De lo que se mirado en la vecina República, forzoso es puede responder es- de que una compañía rc nocer, sin embargo, que no se estima, de teatro- no- -perdería dinero en París. Con allí en su justo valor lo que representamos el concurso de las colonias españolas e hisen la cultura universal. E l francés no pro- panoamericanas tiene lo suficiente para hadiga el entusiasmo fuera de su suelo. L a cer. un buen negocio. ¿P o r qué no se ha deavaricia, que es, según el doctor Rognes de cidido a tentar la suerte? Foursac, una: enfermedad nacional, extiende Y o atribuyo ese retraimiento a poquedad sus. mezquindades hasta la literatura. Pero de espíritu y a, negligencia. Uno de nuesno todos los escritores franceses adolecen tros defectos más visibles es la cortedad de de ese defecto. H a y una minoría de espíritus nuestras ambiciones. E l e s p a ñ o l a no ser generosos que nos indemniza de la cicatería que se trate de un financiero, no presenta su de los demás. ¿Quién no recuerda las ala- candidatura a la opulencia. Se contenta con banzas prodigadas- por Edm ond Jaloux a subsistir, con ir tirando; Su máxima funBlasco Ibáñez. y l a finura de juicio con que damental de conducta se resume en una frahan sido estudiados por da crítica francesa se defender el cocido. No aspira- a más. ValJe- Incláh, Eugenio d Ors y Azorint Me Escritores y artistas eminentes, que porefiero a lo muy reciente. Antaño hubo un drían hacer un gran papel en cualquier país, Maurice Barres que nos admiraba, y lo de- vegetan en el nuestro atenidos a pequeños cía ex abundantia coráis. Pero, en general, y seguros ingresos, -que les permiten costear no se nos estima en lo que valemos. Ahora el condumio familiar y sus anejos hogaremismo se ocupan varios críticos en indagar- ños. Es la terrible sobriedad española. E l los orígenes del romanticismo, y, al estudiar actor y. la actriz no se- substraen a ese achaesa escuela literaria, nombran a lord Byron. que que nos es común a todos. Yó he. proa los poetas alemanes de los Licds, v omi- puesto a varias compañías dramáticas el ten al precursor más glorioso de aquella ten- hacer una temporada en París, y por más dencia, que fué nuestro Calderón. Cito. el cuie dejé entrever la probabilidad lisonjera hecho como muestra. í. Es cicatería o igno- del éxito, siempre obtuve- la misma respuesrancia? No lo sé. Lo cierto es que el francés ta: Tenemos compromisos en provincias no se pone para juzgarnos a nuestro nivel. Ante esa actitud respetable e 1 rreducible Se remonta como el águila, y nos deja el hube de inclinarme, diciendo para; mi foro modesto lugar del gorrión en la rama del íntimo: Esta gente prefiere los aplausos ruárbol o en el alero del tejado. rales a la aprobación de una gran urbe. Es Esas compañías extranjeras que han v i- un dolor que sea así, pero así. es. -El español, sitado París fueron seguramente- invitadas. o emprende la arran aventura; sin base de L a crisis por que pasa actualmente el tea- acierto y llena- de riesgos, con esa afición: al tro francés, entregado a una frivolidad l i- desatino suhlime que nos ha caracterizado bertina extraña al arte, justifica de sobra el a lo largo de la Historia o se queda en su que las empresas quieran sostener con lo casa... No tiene término medio. exótico la curiosidad n at sfecha del públi. Y sin embargo, ¡qué gran compañía se co, que encuentra deficiente la producción íi? e: onr. l. P o r finé al invitar a las compa- podría constituir, con un repertorio magñías alemanas, inglesas v norteamericanas nífico, asociando á media docena de artistas se nos excluyó de esa deferencia? ¿Intervino de ambos sexos. Esa compañía alternaría en sus representaciones lo clásico con lo U n lugar de la Mancha imaginario, más cerca del Azuer que del Guadiana; una comedia limpia, suave y llana, como la tierra, que le da escenario una mujer discreta- -la Sagrario- que bebe su cariño... donde mana; un- hombre de conciencia castellana; un viejo idealista y visionario; los graciosos de tanda, al retortero; costumbres y canciones populares, con música bonita de Guerrero, y, a guisa de magnífico estrambote. -regalo para finos paladares- unas bellas palabras del Quijote... FEDERICO GUILLERMO ROMERO FERNANDEZ- SHAW POSTALES VI E N ES AS Una nueva estrella en el cleio de la opereta Berté ha estrenado su primera producción teatral- -al menos, yo sólo conozco de este joven autor algunas deliciosas melodías y arreglos de obras clásicas- Es una opereta que lleva el título de Amores imperiales, y es la que. entre todas las presentadas durante estos últimos meses, ha merecido más calurosos elogios de la- crítica. H e ido al Stadttheater creyendo, por ese motivo, que iba a encontrar una opereta modelo, otra viuda alegre, pero he salido un poco decepcionado. Acaso sin aquellos elogios excesivos, la música de Berté me hubiera producido mejor impresión. E s i n dudablemente, un autor. de talento, pero no cuajado: vacila empujado por diversas i n fluencias; parece buscarse indeciso a sí mismo, pero aún no se ha encontrado. Su obra, principalmente el acto primero, es rica en motivos; no está formado cada uno de sus números por un solo motivo