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NOTAS EXTRANJERAS El pecado Más que una exhumación, una justa r e i vindicación ha sido representar en el Stndio de los Campos Elíseos el Pecado, de Adolfo Orna, un escritor de origen rumano que perteneció al grupo de la Chimiére y que murió prematuramente en 1926. D e l mismo autor se había representado en el L Ouvre, en los años anteriores, un drama, La deuda de Schmil, cuadro lleno de vida, de color y de potencia dramática. Este Pecado tiene las mismas cualidades: un realismo impresionante, que por su vehemencia señala una original inspiración. E s un drama rústico, escrito con violenta rudeza, de un primitivismo puro, en la expresión de sus sentimientos. E n él se denota la excelente calidad del escritor, que acertó a crear una atmósfera sugestiva describiendo con vigorosos trazos los caracteres precisos. E l público, compenetrado con la obra, aplaudió calurosamente. Esperanza Iris E n Méjico, donde actualmente se halla la inolvidable artista, se ha celebrado una fiesta para hacerle entrega de un artístico d i loma, con medalla de plata, que la Cruz toja Española le dedica por los inaprecia 2 meJ 1 Cana S FRANZ LEHAR EN PARÍS: doT fÜiiuS compositor vienes, que ha dirigido en la Gaite Lyrique la partitura SlunueJobra F r e d e r i q i acompañado Je los proales interpretes (Foto Vidal. c i a pero mé dan el aire de la imaginación viva, chispeante y maliciosa del pueblo madrileño. Luego hago el plan, del primer acto, y a dialogar. ¡Dialogar es mi delicia... Sobre todo dialogar los saínetes. Y un buen día acabo el primer acto y me paro. Tengo pereza o dificultad para seguir. Y entonces, buscando un estímulo exterior, le cuento el asunto a un empresario, le prometo la obra para una fecha determinada y... ¡adiós mi tranquilidad! Súbitamente empiezan los apremios, el recuerdo de promesas no cumplidas, los compromisos pendientes, el teatro sin obra en determinada fecha, y llegan los agobios, y el trabajar sin meditación, y el enviar los actos por cuartillas, y el ensayar de prisa y corriendo, y el estrenar, con un miedo espantoso. Esta es la realidad. M i realidad y la de casi todos los autores españoles que quieran ser sinceros. N o se olvide que aquí necesita cada autor escribir tres o cuatro comedias al año. Los teatros han de v i v i r de estrenos. E l repertorio está muerto. Pero aun así, trabajando a trancas y á barrancas, confesemos que de vez en cuando salen grandes éxitos- -éste es un año de ellos- que desmienten eso de la crisis del teatro, de la que se viene hablando, si no he oído mal, desde que estrenó sus primeras comedias mi distinguido compañero el Sr. Aristófanes. Algunas veces, pocas- -pero todo hay que decirlo- volviendo a lo mío, diré a ustedes qué dispongo de mucho tiempo para hacer una comedia, porque me marcho de veraneo, por ejemplo, y entonces puedo trabajar a gusto, sin apremios n i apuros, a mis anchas. Y en efecto, trabajo despacio, acabo mi obra, la leo, la releo, la corrijo, la doy al teatro que me ofrece mejor reparto, la ensayo con detenimiento, la estreno... ¡y no gusta! Y es qup yo no. sé qué tiene este arte, que a veces en la inquietud, en el agobio, en la improvisación, se fragua el mejor éxito de las obras. Así hago yo mis comedias. A s í las hacemos casi todos. Y así triunfamos unas veces y fracasamos otras, y así, teniendo paciencia para aguantar lo de la crisis y algunas otras pequeñas mortificaciones, vivimos contentos, porque esta profesión tiene una gloria inestimable que compensa de todas las inquietudes y de todos los esfuerzos: la popularidad, AR ps AKNICíiES C L ¿Cómo escribe usted sus obras? Medianamente, como ustedes habrán podido comprobar repetidas veces; pero con mucha alegría, porque soy un enamorado de mi profesión. Y ahí va mi receta. Cuando he de hacer una obra teatral cojo un papel ito, que guardo en mi cartera con unos cuantos títulos de saínetes y comedias y unos ligeros apuntes al margen, y elijo uno de entre ellos. -E s t e va a ser- -me digo, y pienso en el asunto unos cuantos días. S i es saínete, bajo algunas tardes por la glorieta de Embajadores para encontrarme con las cigarreras que salen de la fábrica; me voy a oír a los traperos que se reúnen después de las seis en la cabecera del Rastro me paseo por la solana del Campillo de Gilimón o me doy una vuelta por la calle de la Ruda a las horas de mercado y oigo muchas cosas. Generalmente rio tienen gra- CARLOS ARNICHES El maestro del saínete, luego de su matinal paseo, torna a reanudar su labor cotidiana. Ha deambulado por el Madrid costumbrista, que aún tiene reflejos del majo D. Ramón de la Crit- s, y se dispone a plasmar en las cuartillas lo. que su perspicaz observación ha sorprendido. (Foto Duque.
 // Cambio Nodo4-Sevilla