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E n la calle, unos arrapiezos jtfégan, motejándose con palabras españolas. ¡Eh... nene; no seas negro, que lo diré a la baba! ¿Son ustedes muchos sefardíes en Sarajevo? -le pregunto a Abraham. -Verá, señor... N o sé con verdad... Dies mil, acaso. -Entonces Sarajevo es ciudad española... -Puede desirlo ensina... Aquí se paria serbio o alemán, turco... Hasta blajo. Mas no creo que el español sea de las linguas menos extendidas. E n la ciudad nueva me hace mirar hacia una encrucijada. Vea, señor, este rinconsito... Ño es hermoso, no lo dixe por ello; pero, mire, aquí se ensendió una nadica de pólvora y la luminaria llegó hasta París, y hasta Rusia, y hasta más allá de los mares... Aquí mataron a los archiduques. ¿Lo vio usted? i Oh, no! No me piasen esas cosas. Y pude haberlo visto. Me topó el suseso mercando unas cosas aquí serca, en aquella tiendesita; pero ni miré... N o me piase ver sangre... A quien conosí fué a Gabrinovic; era un mansebo muy mansebo, casi una creatura, y no me paresió nunca capas de haser una cosa tan negra... ¡Que reposen en pas sus huesos! Después de corretear por la morería volvemos a la ciudad hebrea. E n la puerta del pequeño ba: zar las dos mozas nos saludan a nuestro paso. Hasta la primavera, en España! -les digo, desde lejos. L a menor agita su manecita menuda y morena sobre sus cabellos negros: hasta la primavera! UN RINCÓN DE I- A JUDERÍA. EN EL OVALO: EN LAS CERCANÍAS D E S A R A J E V O E L C A M I N O VA P A R A L E L O A L P 10 F. N l KK MONTKS QUEBRADOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla