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IMPRESIONES DE ARTE LA LECTORA EL PONTÍFICE LAS ILUSIONES PERDIDAS Y OTROS CUADROS la luz serena y fría de Holanda pintó el admirable Vermeer a una mujer leyendo una carta, ante un abierto ventanal. L a lectora es rubia, es joven, es atractiva, sin ser bella. Recogido y atirantado el blondo cabello, crea una frente sin fin, prolongándola cráneo adelante. U n rodete amplio recoge las trenzas, y junto a la sien, medio cubriendo la oreja, penden unos largos bucles, rizosos y blandos. L a mujer es muy blanca; sus ojos dejan caer su mirar sobre la carta y no se adivina, pues, cuál es el color de las pupilas; la boca carnosa parece deletrear en un susurro las palabras que los ojos van leyendo. Toda la atención, toda la vida de la mujer concéntranse en ík carta y nada en el mundo tiene íuerza suficiente para separarla de la lectura. Aparece la retratada vestida con elegancia, pero sin lujo ni ostentación, pues no luce ninguna presea ni alhaja, ni tampoco su traje se cubre con bordados ni con adornos, siendo sencillo para lo que eran las modas del tiempo. Está la mujer en una amplia cámara, muy elevada de techo, y en lo alto del cuadro hay una gruesa barra de hierro que sujeta las argollas de una cortina de seda, ornada de flecos y pasamanerías y recogida a un lado, a modo de telón que descubriese un escenario. Una enorme mesa, cubierta con un tapete oriental, espeso y arrugado, sostiene un gran plato de porcelana, de donde ruedan frutas, manzanas, albérchigos, damascos. E n un rincón, una. silla de trabajado guadamecí, y sobre la abierta vidriera se recoge, en amplio pliegue, otra cortina, mientras vagamente, en los verdosos, turbios cristales, se refleja el rostro absorto y grave de la lectora, viva y palpitante, como todas las obras del maravilloso maestro de Delft. Ante los condenados que, revueltos, se despeñan hacía el infierno, empujados por el ademán poderoso de Cristo juez, y con los que cubrió, el pujante Miguel Ángel todo un muro de la Capilla Sixtina, se alinean ecuánimes y tranquilos graves funcionarios de la Corte pontificia. Mucetas, sotanas, amplías esclavinas de preciosas pieles, manteos rojos, morados, negros, ios cubren con pliegues inmóviles y hieráticos, VERMEER BE DELFT. LA LECTURA DE LA CARTA A LAS ILUSIONES PERDIDAS CUADRO DE GLEYRE, PINTOR l RANCOSUIZO
 // Cambio Nodo4-Sevilla