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Así sucede con el cuadro Las ilusiones perdida d. eJ pintor francosuizo Q e y r e que, siendo artista discreto, sólo p r o d u j o aparte de ésta, obras mediocres. A l borde de un agua mansa y caudalosa, de lejanas r i b e r a s está sentado el poeta, caída j u n to a él la sonora lira, abatido e! ademán; pendientes las manos; la cabeza, y a madura, humillada por e! d e s e n g a ñ o T r a s él suben las sombras del crepúsculo y el menguante de a luna brilla con luz mortecina. Y sep a r á n d o s e de las piedras del embarcadero, un esquife empieza a alejarse. B r i s a favorable hincha su vela, hace flamear los galantes gallardetes y c i n t a s q u e a d o r n a n l a ligera barquilla, adornada y pintada con amable a r m o n í a Acomodadas en el barco, se van las ilusiones, la ilusión del amor, la ilusión de la gloria, la ilusión de la poesía, la del arte, llevándose conmigo las palmas de los éxitos, los himnos triunfantes, las r i sas y los juegos ligeros. M a r d í a n s e egoístamente, cantando, t a ñ e n d o las gráciles arpas. N i una sola mira hacia a t r á s hacia las sombras donde queda el poeta que tanto a m ó sus quimeras, que las c r e y ó para siempre suyas, unidas a l a juventud, ya distante: a l a pasión, va h u i d a a la alegría, ya muerta para s i e m p r e j u n t o a l a proa, el amor, cruel e inconsciente, lleva el timón con una roano, mientras con l a otra deshoja negligentemente l a corona cíe flores que o r n ó la sien de! poeta en las lejanas y sonoras fiestas rue j a m á s han de volver. Una intensa, profunda m e l a n c o l í a emana de! cuadro, l o baña con su desesperada dulzura y realiza el prodigio de salvar la posible ñoñería del asunto, ¡a sequedad de! color y lo mediano de! dibujo. E s uno de los casos en que la literatura o la sensiblería one todo espíritu lleva dentro de si perdona a la pintura defectos QUC sí no seria imposible excusar. Jiajo la sombra tupida, fresca y movible de los espesos arboles, pasea una n i ñ a por ei jar- din de las TtiUerias, E s en ios. tiempos ya remotos dei m i r i ñ a que y- de las faldas largas cuando el pintor K n a u s reprodujo la apacible escena. L a niña pertenece, sin duda, a familia opulenta y elegante. V a vestida con luto, encajes, muselinas se pliegan en su tra. e. suntuosamente, y de fijo estorban la movilidad de sus juegos. Bajo la falda acampanada asoman los festones de las enaguas, y unas botitas de tina pie! suben por las pternecillas inquietas y vivarachas, en tamo QMÍ un capacete informe, coronado por una i n mensa pluma de avestmy. sujétase sonvv k cabeza de) a niña, dejando escapar, espesoy crespos, los mechones de la cabellera. U n a criada alta, arrogante, bier; ataviada, delantal n u l q u é r r i m o con; de etica e- lleva, prendida a uno de sus dedos, la í u j sa niña, mientras su otra mano sujeta giígentí el ato con que la ríiiquiha tal vez jugar. E s t a mujer camina ttmt: ¡la niña indiferente, como absorta r profundo e n s u e ñ o interior, que 3 a hacv- r e í r un poco, entornar algo ios ojos. aparta del j a r d í n de ias T V n a s levarla a remotos jugares wmát ta! v t z d e l INGRES. LA CAPILLA SIXTLX mientras sus manos sostienen bonetes, l i bros, solideos, rosarios, o se cruzan, inmóviles, entre ios pliegues de los hábitos. Unas escalones, cubiertos con tapices, crean una a t m ó s f e r a un mundo distinto del de los mortales y sostienen, a ú n m á s elevado, e! trono altísimo, forrado de terciopelo, crac sostiene al Pontífice alzado sobre sus subditos. E l Papa semeja hundirse en la capacidad profunda de! trono, que presta a su cuerpo una apariencia r í g i d a y exanime. Bajo i a mitra, el rostro del Pontífice aparece espiritualizado, afinadas las facciones, melancólica la profunda mirada. L a diestra, ceñido el anular por enorme sortija, álzase en e! paterna) afable cesto de la bendición, y los largos dedos se separan en el aire como p é talos de una flor deshojada a! viento. U n inmenso, suntuoso manto, sostenido po- ias manos de un prelado, deja ver las blancas vestiduras papales. A n t e la subbme figura, yace el cuerpo prosternado de un fraile. E s un franciscano de tosco sayal, pies desnudos, á n g u l o con nudos, cabeza al aire, que con gesto humilde y exaltado besa ei pie de! V i c a r i o de Cristo, mientras sobre éí cae e? rocío invisible y poderoso de la bendición, uniendo aquellos dos distantes eslabones de la cadena espiritual. V a r i o s sacerdotes rodean ei grupo, contemplan el homenaje con ei aspecto sereno e indiferente de quien presencia un espectáculo de todos los días, mientras en e! m á s alto peldaño de la escalinata, envuelto en terciopelo, tocado coilarga, blanca peluca arcaica, lujoso y llamativo, entre la discreta muchedumbre clerical, un seglar, a modo de gentilhombre o chambelán, recuerda que ei Papa. es también Jíey. dibujo impecable de Ingres r r e ó esta obra, que se mantiene incólume al través de tiempo y de las modas pictóricas. Muchas veces le ocurre a un artista que no alcanza las cumbres del genio el realizar alguna obra que. por su profunda i n tensidad, plasma felizmente ideas y sentimientos albergados en todos los espíritus y liega a conmovernos e impresionamos tanto como una obra maestra.
 // Cambio Nodo4-Sevilla