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A B C. M A R T E S 18 D E M A R Z O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 17. lineaba el general Primo de Rivera, en aquellas líneas, verdaderamente periodísticas, de alma privilegiada Recordemos también que, cierto día, el general Primo de Rivera visitaba la madrileña casa de A B C, con motivo de alguna solemnidad allí celebrada, y que él honró con su presencia. L e acompañaba nuestro inolvidable y llorado D Torcuata, y al subir en el ascensor de l a nave de máquinas y penetrar en la Redacción, en donde nos hallábamos a aquella hora trabajando, el general P r i m o de Rivera se p a r ó ante la gran mesa de batalla y dirigiéndose a don Torcuata le dijo, al tiempo que señalaba un puesto que había v a c í o -M i r e usted, D Torcuata; esto sí que es una cosa que a mí me gustaría ser. L o dijo con una sinceridad que se asomaba a sus ojos, de. una manera inequívoca, como si cansado de las altas incumbencias que sobre él pesaban quisiera hallar el descanso en otro puesto de batalla. Porque, eso sí, su temperamento no conocía nunca l a fatiga. Tanto es así que, en cierta ocasión, hallándose en vías de asueto y de cura de aguas, nos decía al pedirle nosotros disculpa para la posible indiscreción de molestar su descanso: -No, si yo ya he descansado bastante. Y a estoy cansador del descanso. Y llevaba treinta y seis horas en aquel sitio. para manejarlos y decidir sobre ellos. Cuartillas, notas, apuntaciones tomadas en el dorso de un sobre, en una hoja de telegrama, en un papel secante; libros con numerosas acotaciones, con lápices de colores, con pedazos de papel como señales... un verdadero vértigo, representativo del que corría por aquel cerebro y aquel corazón, siempre en plena labor y en pleno anhelo. Alta noche... Las dos, las tres de la madrugada... H o r a de las notas oficiosas. Horas de las grandes y removedoras concepciones políticas. H o r a en que el espíritu afinado, hiperestesiado por la vigilia y en que los nervios tensos por Ja jornada larga y vibrátil, creaban en el dictador un ánimo de fecundidad arriscada; hora con rumbo a certeros éxitos, ya llevándole a descarriados parajes en que la acción chocaba contra las realidades y se desbarataba y perdía el tesoro de su energía. A l t a noche... A las tres de la madrugada, el presidente solía llamar al teléfono al jefe de la Censura, D Celedonio de l a Iglesia, para informarse de si había algo en las galeradas de los periódicos que mereciese consulta o instrucciones. Otras veces, a temporadas, casi cotidianamente, para anunciarle que iría una nota oficiosa. ¡L a espera de las notas oficiosas de P r i mo de Rivera en la alta noche, cuando el día iba a clarear... L o s periodistas sabemos cuánta emoción a veces, cuanto enfurruñamiento en ocasiones, qué impaciencia siempre había en esa espera. P a r e c í a que nos lo decía el corazón y que la sagacidad profesional- -azuzada también por el desvelo a esas horas en que l a gente duerme ajena a las sacudidas con que nosotros estamos preparándole el despertar, al darles el fruto del trabajo de la noche- nos lo a d v e r t í a l a Dictadura m o r i r á por un proceso clínico definido, largo y hasta de fácil pronóstico, es cierto; pero la causa determinante y ocasional de su muerte será ¡una nota oficiosa! Y una nota oficiosa de aquellas que llegaban a las redacciones a las cuatro. o cuatro y media de la madrugada, cuando ya las guardias no pueden más, y lo que es m á s aciago, cuando ya se ve que van a perderse los mixtos A l t a noche... Parecía que nos lo decía el c o r a z ó n Primo de Rivera caerá del Poder una madrugada... versado- -al parecer tranquilo, con la íntima sacudida de una descarga nerviosa- -con los informadores políticos, en el ministerio de la Guerra. Parece q u e h a b r á nota nos dice nuestro j compañero al llegar a la Redacción. Una. nota. más? E s lo probable, pensamos. rPeroílas circunstancias van siendo cada día m á s críticas; la atmósfera va despejándose, la- urbe condensa m á s y más sus torvos caracteres. ¿U n a nota más? ¡E n fin, ya veremos... A l t a noche... L a s tres de l a madrugada. U n telefonazo de l a Censura: H a v una nota del señor presidente nos avisan... ¿Q u é n ú m e r o hace esta espera en la serie incontable de las esperas de las notas de P r i m o de Rivera... Las cuatro y diez de l a madrugada. U n ciclista trae la nota, bien ajeno, sin duda, a que trae una bomba que estallará en E s paña, en el mundo entero, a las dos o tres horas. ¡L a alta noche de P r i m o de R i v e r a! L a nota oficiosa, l a nota histórica, la nota que acaba- -ocasionalmente- -con la acabada Dictadura... El general Primo de Rivera se lleva a la tumba el secreto de sus pensamientos y de sus designios en aquella alta noche del 26 de enero de 1930, én esa última madrugada de gobernante, su postrera alta noche de dictador, dueño de los destinos de E s paña. L a vida en su despacho E l general Primo de Rivera puede decirse que ha pasado los seis años y medio de D i c tadura, salvo los viajes que ha realizado por E s p a ñ a y el extranjero, en su despacho del Palacio de Buenavista. Este despacho, espacioso, pero con pocos muebles, tenía en el centro una gran mesa. Frente a la puerta que comunica con l a secretaría, la mesa de trabajo y sobre ella aparatos telefónicos: el oficial, el de secretaría, el particular del ministerio y el autom á t i c o a la derecha el aparato Hughes, disimulado en un mueble estilo Imperio; a la derecha, sobre una consola, el magnífico busto en bronce del Rey, certera obra de Benlliure; frente a él una elegante escultura ecuestre de la Reina doña Victoria, con uniforme del regimiento de Caballería que lleva su nombre. O t r a nota interesante en el despacho del dictador era el aparato altavoz, receptor de radiotelefonía, silencioso mientras no v i braba para anunciar noticias de altísimo i n terés nacional, como son, por ejemplo, las de las cotizaciones. U n gran mapa de Marruecos, otro, en relieve, de l a zona de M e l i l l a el de Jas carreteras de E s p a ñ a y algún otro, así como un armario fichero y una mesa circular en la que se amontonaban verdaderos montones de papel y culminando sobre ella la cartera de firma con S. M el Rey, completaba, con alguna otra de carácter artístico, el menaje del despacho del dictador. Allí vivió, como decimos, durante seis años y medio, el gobernante de mayor acción que ha tenido E s p a ñ a y, por lo tanto, el que realizó obra de más trascendentales aciertos o de transitorios errores. Pero el que gobernó siempre co n l a mirada puesta en E s p a ñ a y con la mirada prendida por el afán de servirla. Las habitaciones particulares del presidente e- n el ministerio del Ejército apenas si eran utilizadas durante las cortísimas horas que dedicaba al sueño, que aun muchas veces se realizaba en un sofá, sin utilizar el lecho. E n dichas habitaciones había numerosas pruebas de l a rcí aidad grande del general Pruno de Rivera. Junto a la can; entre la mesilla de noche y el balcón de S; t I! C O! K I MI l e q u e ñ o bufete recibía también pane de ri. ida de papeles que el e t w n i l i- rimo de Rivera llevaba a n: 3 er r con verdadera voracidad Desde entonces... L a crisis al día siguiente. L a dimisión del Gobierno. L a salida para siempre de aquel despacho que ha sido ámbito de los desvelos de un hombre de buena voluntad... A los pocos días el viaje a P a r í s la enfermedad del cuerpo y la depresión dei espíritu en cuanto cesó el vértigo que le sostenía. E l cariño filial, ¡ú n i c a verdad! dando calor a sus últimas horas tranquilas... ¡L a muerte apacible! ¡Dios tenga en su seno al hombre que acertó mucho, que e r r ó bastante, que fué siempre bueno de corazón y magnánimo de intención... La noticia en Palacio. La Real familia recibe la triste nueva Su Majestad el Rey recibió el domingo, a primera hora de la tarde, la noticia del fallecimiento del general Primo de Rivera, por conducto del presidente del Consejo. T a n pronto se enteró de la. triste nueva, apresuróse a amar por teléfono a! Soberano, comunicándoselo. L a impresión que en el ánimo de ía Rea! persona produjo la inesperada noticia fué de gran dolor. E l príncipe de Asturias, -al bajar del comedor a sus habitaciones particulares de la planta baja, se la comunicó a algunas personas que allí se encontraban, con frases de gran condolencia. La postrera nota Cómo cayó... E r a la madrugada del domingo del 26 de enero de 1930. Escribimos esto sin! énfasis literario; sencillamente con el escueto designio de quien graba una fecha histórica. E l presidente del Consejo, el dueño de los destinos de España, había con- PRIETO ROBES- MANTEATJX- FOURKTJKES 2. C á n o v a s del Castillo, Sevilla A partir del s á b a d o 15 del actual, hasta el viernes- 21, todos los d í a s presenta su gran c o l e c c i ó n de vestidos, abrigos, blusas de sport, etc. Los Reyes no asisten a las carreras Precisamente en aquellos momentos llegaba al Alcázar, procedente de las Reales caballerizas, el servicio de coches para asistir los Reyes a las carreras de caballos. Sus Majestades proponíanse concurrir a dicho espectáculo y todo estaba ya preparado para el traslado de las Reales personas al H i pódromo. Inmediatamente se dio orden de que se retirase el servicio, pues en vista de! fallecimiento del marqués de Estila, los Soberanos desistían de i r a las carreras. L a infanta doña Isabel que, ignorante de la noticia, se había trasladado directamente desde su palacio al Hipódromo, recibió ya en éste, y cuando se verificaba, la primera carrera, la nueva dei faHscítnjcátc Su Alteza abandonó acto sc nitlo an 7 c! gar y se retiró a su palacio de la c a á Quintana. Linea de la Sierra ÓMNIBUS SAÜRER Sevilla- Aracena- Cortegana- Rosal S E R V I C I O S DIARIOS Oficinas: M a r q u é s de Paradas. 37. T e l é f o n o 25339 Ijínras le Sevilla a Alcalá y de Sevilla a. Carmoisa Ó M N I B U S D E DION B O U T O N Salidas: Puerta de Jerez, jardines de Cristina Oficinas: Almirante Lobo. 18. T e l é f o n o 2 ÍÍÍSC