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MADRID- SEVILLA 39 D E A B R I L 1 930. SUELTO DE NUMERO 10 C T S CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO DO. SIMO ANUNCIOS: ILUSTRAVIGÉK AÑO SEXTO OLIVE. N. 8.522 MUÑOZ REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y mocrático que se llamó Eduardo V I L Hoy, Jorge V se ve rodeado de respeto y de cariño por. su bondad, su sencillez, y su vida ejemplar. Basta el recuerdo de la ansiedad general que agitó a todas las clases sociales en Inglaterra cuando la enfermedad del (Tradición y progreso) actual Rey, para convencerse del hondo senA pesar de haberlo dicho ya en otras timiento monárquico del pueblo inglés. ocasiones, conviene repetirlo una vez m á s E n cambio, si se compara este generoso para desvanecer esa nebulosa ideología que afecto colectivo con la indiferencia del puepropagan los sembradores de utopías sociablo francés ante las crisis presidenciales de les o los agitadores interesados. N i la idea la República o los últimos fallecimientos de de Monarquía significa atraso alguno en l a ciertos ex presidentes, podrá comprobarse evolución de los pueblos modernos, ni el el abismo que existe, en el concepto popuconcepto de República lleva consigo aparelar, entre una dinastía histórica y l a elecjado el máximo progreso innovador, unido ción de una magistratura debida generala la máxima libertad de la ciudadanía. Basmente a las intrigas parlamentarias. Pese a ta señalar, como demostración palpable del los detractores del régimen monárquico y actual panorama político europeo, a Inglaa los propagandistas de la revolución, la terra, Bélgica, Holanda, Dinamarca, SueMonarquía no es en Europa un obstáculo cia y Noruega, entre otros países que se frente al progreso, aunque sí sea, por forhallan hoy día a la vanguardia de la c i v i tuna, un freno para evitar los desbordalización. ¿E n qué les aventajan las demás mientos de l a demagogia, encauzando las Repúblicas de nuestro Continente? E n nada, salvo en las exageraciones de cierto secansias renovadoras por el camino de la letarismo demagógico, muy contrario a la vergalidad. Así hemos visto en un país admidadera tolerancia de las ideas. Aquellas M o rable como Bélgica la gran influencia pernarquías ofrecen una admirable enseñansonal de un Leopoldo I I espíritu inquieto, za de equilibrio social, haciendo compatiabierto a los problemas sociales y económible el amor del pueblo a sus gloriosas tracos de su época. -Y no digamos nada del diciones históricas con la más democrátiprestigio mundial del Rey Alberto, heroico ca evolución de las leyes. Son allí todos los ejemplar de una raza y Soberano modelo, partidos asimilables al indiscutible presticuyo recto sentido constitucional atrae hasgio de la Corona. N o ya las llamadas clata el Poder a socialistas como Vandervelde ses conservadores, ansiosas de perpetuar sus y al propio tiempo aplaca las disensiones privilegios, sino los liberales, los demócrapartidistas. L o que sucede es que en aquetas, los radicales y hasta los socialistas, dellos Estados monárquicos y progresivos, seosos de no detener el ritmo acelerador parlamentarios y libres, se respetan todas de nuestro tiempo, sin entregarse por eso las libertades de pensamiento, lo mismo en a los ímpetus demoledores de la revolución. el orden religioso que en el político- social. E n esos países, algo más adelantados y A h o r a que tampoco se confunde l a deprósperos que muchas Repúblicas euromocracia con los tópicos soeces de un lenpeas, tampoco se ventilan sólo en el P a r guaje tabernario, ni la libertad con el lamento los grandes problemas económicos más cerril individualismo o el desenfreno y sociales. Los Centros culturales, la liteAllí, el millón de obreros sin trabajo tieratura, el teatro, la Prensa, las mil Asocia- nen demasiado sentido de la realidad para de la anarquía. Pero a ú n no hemos agotado ciones artísticas e intelectuales dan fe de creer que el problema del paro se resolvería el tema... ALVARO A L C A L Á GALIANO su pujante vitalidad y de sus ansias de re- con la abdicación de Jorge V y la proclanovación. Y este sin que nadie crea nece- mación de la República. Y no sólo resultasario, ni siquiera deseable, el proclamar la ría inverosímil ver a los estudiantes britáRepública como medida salvadora. E n In- nicos prestándose a las adulaciones de la ¿DEBEN REGALARSE glaterra, por ejemplo, si se discute y se ata- propaganda revolucionaria, sino que fueron ca la censura del teatro o las severas medi- ellos quienes salvaron la situación durante L O S LIBROS? das prohibitivas del censor, no se pone, a la última huelga general- -inspirada por causa de ello, en tela de juicio la respon- Moscú- -poniéndose resueltamente al serviInterpretaciones sabilidad de la Corona. Y si M r Bernard cio del orden y de la ciudadanía. L a expliSe ha tratado mucho del libro como maShaw, el genial dramaturgo irlandés (como cación de todo esto es la cultura de las matal irlandés, individualista y rebelde) se de- sas, la reflexión serena que no se deja en- teria de explotación. E l libro que se edita claró hace años republicano, esto se ha con- g a ñ a r por los falsos apóstoles de la liber- y no se cobra; el libro que se presta y no se ceptuado una de sus muchas originalidades, tad, el amor a sus gloriosas tradiciones his- devuelve; el libro que se roba en tina casa pero entre sus miles de admiradores no se tóricas y a su vasta influencia civilizadora. y se vende al librero de viejo. E l libro, por hallarán dos capaces de proponerle, en se- Por eso, cuando en nuestra Prensa avan- lo visto, es una cosa muy sagrada, a la cua! rio, como posible jefe del Estado. N i con- zada se pretende refutar verdades tan sin embargo, todo el mundo se cree con el cebimos tampoco el humorístico espectáculo innegables, hay que recurrir al burdo tó- derecho de echarle mano. de un partido integrado por catedráticos, pico de que Inglaterra es U n a República También se ha hablado mucho de la facilimédicos y escritores británicos, cuyo pro- coronada donde el Soberano, sumiso es- dad y desenvoltura con que algunas persograma renovador solicitara la abdicación del clavo del Parlamento, se conserva única- nas solicitan de los escritores que les envíen Rey Jorge V substituyéndole por una Re- mente como una joya antigua del museo sus libros, perfectamente gratis, para nupública cuya presidencia se ofreciera, d i- nacional, ante la indiferencia de las multi- trir las bibliotecas públicas o de los Casinos gamos, al célebre novelista y sembrador de tudes. Claro es que semejante desatino sólo y las Corporaciones particulares. Por lo visutopías sociales M r Wells. N o el humo- puede afirmarse por crasa ignorancia o to, para la clara percepción económica de rismo anglosajón va unido a un fino sen- mala fe. Porque, al contrario, el amor del esas personas un libro nunca puede ser tan tido de la realidad; que abomina de los par- pueblo inglés por sus Soberanos sigue pro- legal y corriente mercancía como un canapé, tidos extremistas, vengan de la derecha o de fundamente arraigado en él de generación una alfombra, un estante de madera de rola extrema izquierda. Por algo este gran en generación. Vibraba con patriótico orble, una lámpara; después que han pagado pueblo ofrece una constante y ejemplar lec- gullo y entusiasmo al paso de aquella anción de sabiduría política y de feliz equili- ciana Reina Victoria, símbolo de todo el religiosamente al tapicero, al ebanista, ai brio entre la tradición y el progreso, que apogeo imperial del siglo x i x Causó- ad- lampidario, y tienen instalada la sala de la hace compadecer el destino de ciertas Re- miración, no ya del pueblo inglés, s de biblioteca a la perfección, se acuerdan de públicas agitadas por el continuo desorden Europa ante la sagacidad política ce ese que necesitan reunir los libros y los piden; los piden como gracioso regalo a los autogran Soberano de espíritu moderno y deres, es decir, a los propios fabricantes de l i- L A M O N A R Q U Í A CONSTITUCIONAL 1 de la demagogia. ¿Necesitaremos señalar el caso actual del Gobierno laborista de míster MacDonald, defendiendo los intereses navales del Imperio británico en la Conferencia de Londres? Aunque socialista, una vez en e l Poder no piensa el primer ministro inglés sacrificar la defensa naval del dilatado Imperio a las bellas teorías del pacifismo internacional, que significarían su rápida muerte. Los socialistas, allí, son tan patriotas frente a las potencias extranjeras como pudieran serlo los conservadores o los imperialistas. (Es el caso también del socialismo alemán frente al Tratado de Versarles y sus amputaciones territoriales. Obsérvese además que ni en los partidos mas avanzados del Parlamento inglés existe el menor asomo de hostilidad contra la Corona. L a idea de República sólo parece buena para otros países europeos de inferior categoría. Incluso cuando las turbulentas campañas de Lloyd George contra los lores, y sus privilegios, su oratoria demoledora j a más salpicó al Trono. Saben demasiado los políticos ingleses que el sentimiento monárquico está firmemente arraigado en el pueblo y que el liberalismo, el radicalismo y hasta el socialismo son compatibles con la Monarquía constitucional y parlamentaria. Así han podido gobernar, sin más trabas que las opuestas por la voluntad del Parlamento, un Gladstone, un Campbell- Banermann, un Lloyd George y un MacDonald, hombres de extrema izquierda. Ninguno pensó, seguramente, que l a Corona fuera un estorbo frente al progreso moderno de Inglaterra, sino, al contrario, una fuerza moral indispensable y un simbólico lazo de unión sólo capaz de mantener esa formidable amalgama de pueblos y de razas que constituye el Imperio británico.
 // Cambio Nodo4-Sevilla