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A B C. SÁBADO 19 D E A B R I L D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 6 que usted ha inventado. M i s libros suelen estar en las librerías; allí podrá usted hallarlos siempre que quiera; y todos ellos tienen marcado al respaldo su precio en pesetas. Como tienen marcado su precio esas pieles que la República oriental produce y exporta. Figúrese, señor, que yo me propusiera hacer colección de pieles de novillo, de oveja, de guanaco, de yacaré, y que le escribiera a usted pidiéndole que me enviase generosamente unos cuantos ejemplares: ya me imagino con qué pintoresca y rotunda expresión criolla me mandaría usted a paseo. JÓSE M a bros, a los que viven, o pretenden, o deberían vivir, de fabricar libros. Pero en este sentido me está ocurriendo a mí algo que sobrepasa a todo lo acostumbrado. Ño diré ninguna exageración si confieso que hay entablada una verdadera lucha furiosa entre yo y un peticionario de allá lejos, de las rientes costas de América. Y como esa lucha sorda entre los dos ha llegado a un punto terrible, a un grado de positivo envenenamiento, prefiero que la dé el aire y que termine de una vez. Así me veré libre del peligro de caer en una especie de manía persecutoria. ¿Cuántos años hace que el director de la Biblioteca Municipal de L a Unión (Montevideo) me persigue con sus cartas petitorias? Diez años, doce años tal vez. Infatigable, pertinaz, terco, como quien cumple una m i sión de extraordinaria responsabilidad, ese hombre formidable va remitiéndome sus comunicaciones, concebidas siempre en igual estilo, sin desalentarse n i alterarse por mi silencio. Y o no contesto a ninguna de sus cartas; no importa, porque él persiste y no da muestras de impacientarse. De vez en cuando envía su carta certificada, para mayor seguridad. Y pienso que a estas horas, con lo que ese hombre ha gastado en sellos del Correo, en sobres y en papel, podía haber adquirido en la tienda dos o tres ejemplares de mis obras. dadera orden de la superioridad. Con un sello que dice: Biblioteca Municipal de L a Unión. Montevideo. Y encima del sobre, y a la cabeza del papel de oficio, esta divisa categórica: Sean los orientales tan ilustrados como valientes N o resisto a la tentación de dar a conocer el estilo realmente excepcional de este acaparador gratuito de volúmenes. H e aquí su comunicación conminatoria: Distinguido señor. Tengo el agrado de poner en su conocimiento que la Biblioteca Municipal de la Unión ha trasladado la sede de sus oficinas a la calle Juanicó, núm. 3.973. L a evolución progresiva de este inst íuto de cultura, realizada con el aporte desinteresado de escritores nacionales y extranjeros, y con el concurso sostenido y consecuente de los órganos de la Prensa metropolitana, obligan al suscrito a perseverar con renovado entusiasmo en la tarea de adquirir nuevas obras para sus anaqueles. E s por eso que se permite incomodar a usted rogándole se digne obsequiar a la Biblioteca con uno o dos ejemplares de sus libros, cooperando así al enriquecimiento de este Centro de cultura, que contará sin duda con sus simpatías. Esperando que, después de recibida ésta, su prestigioso nombre de escritor ocupará el lugar que le corresponde en el catálogo de esta Biblioteca, me es grato saludarlo con la mayor consideración. -Juan Se pueden regalar libros. ¡Cómo no! Hace P. Raissignier. pocos días, una Sociedad de pescadores de Gijón me rogaba que les enviase algún doPues bien, Sr. Raissignier, esta enconanativo libresco. Nada más justo. Tomad da pugna conviene que termine aquí. E s mis libros! Los pescadores no tienen la oblicuestión de principios. Y o no le enviaré a gación de gastar su pobre dinero en libros. usted un libro mío jamás, aunque 110 me Pero en este caso se trata de alguien que no opongo a que sean los orientales tan ilusruega, sino que demanda la entrega de l i- trados como valientes. N o quiero cooperar bros con todo el carácter de una conmina- al enriquecimiento de ese Centro de cultura ción. Y en papel de oficio. Como una ver- que usted preside, se entiende en la forma SALAVERRL 4 GLOSAS LO O U E E M P I E Z A Y L O Q U E T E R MINAREN L A S EXPOSICIONES UNIV E R S A L E S -r L o que suele empezar, para las grandes urbes que las sustentan, es un nuevo ciclo, en lo que se refiere al progreso material. L o que termina generalmente, una etapa de su vida ideal. E n lo primero, se abre quizá una modalidad histórica. E n lo segundo, se liquida l a modalidad anterior. Pensemos en la torre E i f f e l por ejemplo- -verdadero, símbolo de una doble crisis- Por un. lado, el principio de la era de las construcciones metálicas. Por otro laclo, la clausura de un estado de espíritu característico; el epílogo de la mentalidad del m i l ochocientos ochenta y tantos; aquella, mentalidad positivista e ingenieril que dio ambiente a la juventud de nuestros padres. Otro ejemplo, otro símbolo más locaimente cercano a nosotros. E n el antiguo Parque de la Ciudadela de Barcelona se puede ver todavía (creo que todavía) un pabellón rojo, de estilo más o menos gotiquizante- -típico resto de la penúltima Exposición SE CONFUNDE CON BELLEZA NATURAL ADMIRABLE UN MAGNIFICO A L A R B E D E ORIGINALIDAD X FINURA ES L A ARISTOCRÁTICA Rojo- líquido al Jugo de Rosas En envase corriente, Z ptas. En envase de lujo, 4,50. Especial, más vivo, para artistas, para los labios. PARPADOS SOMBREADOS M A K A V I LIJOSAMENTE SE LOGRAN CON CoiBl Insubstituible para el baño y fricciones. 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