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A B C. SÁBADO 22 D E M A R Z O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. F A G 10 EL GUSTO POR E L T E A TRO EXÓTICO L a evasión de la vida real ¿Por qué el público parisién- -se pregunta un escritor ultrapirenaico, como podría inquirirlo un español, respecto de sus compatriotas- -se interesa de tal modo en los espectáculos exóticos y presta atención tan preferente al teatro extranjero? Son muchas, en efecto, las obras americanas e i n glesas que se vienen representando en los escenarios de París en estos últimos años. ¿E s que el teatro francés está en decadencia? Esa afición a las comedias y dramas traducidos. ¿constituye simplemente un indicio de mal gusto, desdén por la producción indígena, proclividad de esencia igual a la que hace preferir, en todos los órdenes, lo que viene de lejos a lo que se produce en el país, por afán de diferenciación o distinción y de elegancia? Para darlo por cierto sería preciso atribuir a la multitud una capacidad de simulación que no está en sus hábitos. Si el público parisién paga esos espectáculos es porque le gustan, tanto más cuanto que en punto a patriotismo no es por defecto por lo que peca. E l fenómeno, además, se produce en todos los países de E u ropa, salvo, allí donde hasta ahora nunca hubo teatro propiamente nacional, o donde el criterio ordenancista impuesto desde la cúspide del Estado se aplica con fines docentes a la formación dé los programas teatrales. L a gente prefiere al teatro propio, en el que se plantean conflictos cómicos o dramáticos conforme a la tradición y a las costumbres nacionales, todo lo que venga de fuera y aporte alguna visión de almas y de ideas imprevistas. Y ello responde a un anhelo que la juventud literaria se imagina monopolizar y en el fondo siente toda la burguesía europea: el anhelo que podríamos Habar de evasión de lo cotidiano. E n lo cotidiano se incluyen las formas de arte escénico, que ya no guardan para los espectadores ninguna posibilidad de sorpresa. E l público que en todas partes sostiene el teatro es la burguesía. N o hay presupuesto teatral viable que se establezca contando principalmente con el espectador del paraíso. Burguesía no sólo en el sentido económico y social, sino en el concepto de población urbana. E l teatro es creación para la ciudad, y dentro de ella para gentes que, por lo menos, pueden consagrar alguna porción de su peculio a lo superfluo. P o r mucha trascendencia que se quiera dar a la m i sión educadora del teatro, es evidente que no se ejerce sino sobre un auditorio que previamente ha comido v que tiene resueltas, al comprar su localidad, una porción de cuestiones problemáticas para la inmensa mayoría de la especie humana. Su radio de acción es infinitamente más reducido que el del agitador social o el del propagandista religioso, quienes operan sobre multitudes más desamparadas de la fortuna y más sensibles al influjo ajeno. S i hay autores que con noble ambición se imaginan tener en la escena una cátedra, lo que no hay en ningún sitio es un público que entre en la sala con ánimo de ser adoctrinado. A l teatro se va a distraerse, a evadirse de la existencia habitual, asomándose a otras vidas que i n teresan por la atmósfera dramática en que se desenvuelven, por la truculencia de los trances que atraviesan, por el sesgo cómico con que afrontan las contingencias del destino. Hablo del espectador que no asiste a la representación como clandestino rival de los autores, puesto que en este caso ya no forma varte del público sino corporal mente, y sus reacciones frente a la obra responden a estímulos de naturaleza distinta a los de aquél. E l público busca, pues, en lo cómico o lo dramático vidas diferentes de la suya prosaica. De ahí el interés que le inspiraban los personajes regios o aristocráticos, que tanto han dado de sí en prosa o verso, y por el otro extremo los bandidos, los malvados de todo jaez, los ladrones bondadosos, es decir, infrecuentes; los frescos cuya impavidez no se alteraba ante ninguna catástrofe; toda una H u manidad excepcional, deforme por sublimación o caricatura, pero cuyos modelos extraía de su propia tierra y de su misma historia. Sólo que esa. cantera se agotó pronto. L a curiosidad por los personajes, autóctonos o por los extranjeros tratados según el modo indígena, se ha extinguido, o poco menos, en cada país. Y a l mismo tiempo esa curiosidad del público de cada nación, alentada por la lectura de los periódicos y por la facilidad de las comunicaciones, se proyecta hacia los hombres que. considera distintos por razón de la raza o la lejanía. A l burgués de París o de Berlín no le inspira curiosidad la figura escénica de su- onvecino; en cambio le interesan las costumbres de pueblos distantes, el modo cómo se entiende en otros continentes el amor conyugal, la actitud que, frente a los enigmas que la vida plantea, adoptan los hombres de otros lugares del mundo. Los agobios de un comerciante que 110 puede pagar su contribución al recaudador del distrito, tienen sin cuidado al espectador que acaba de comprar una butaca. Es drama que ha podido vivir alguna vez por sí mismo. E n cambio le interesa lo que una noche tempestuosa, puesto frente, a una bella cortesana anglosajona, hará un joven pastor protestante en una isla del Pacífico. Y no únicamente lo lejano por la raza y la geografía, sino por el modo como los hombres de distinta mentalidad consideren los temas que ya los compatriotas del espectador abordaron, y así parece que se renuevan. Pero rápidamente se va viendo que nuestros contemporáneos, aun los antípodas, tienen un alma poco distinta de la nuestra. Salvo diferencias fonéticas, se producen en todas partes de modo parecido en circunstancias análogas. E l personaje cómico que más ha hecho reír en nuestra época es tan popular en Finlandia como en China, y en Nueva Y o r k como en Australia, Charlot ha sido el mejor reactivo para probar la estandardización universal de los sentimientos. E n el espacio terrestre quedan pocas almas originales por analizar, y, por tanto, el margen de novedad que resta a la dramaturgia exploradora del planeta es bastante reducido. N o hay modo de escaparse en el espacio. Entonces se aspira a la evasión en el tiempo, y el teatro vuelve a procurarse sus argumentos en Ta historia, en la leyenda, y, por el cabo opuesto, en la anticipación del futuro. O busca la salida lateral a lo fantástico, rehuyendo francamente lo verosímil y recogiendo sus. asuntos en los sueños, las alegorías, la representación de alucinaciones. E n esa tentativa de evasión de lo normal, de lo habitual, hay que encontrar la explicación del éxito que tienen ciertas obras en que se hacen tema de arte aberraciones y deformaciones del espíritu y de la carne L a curiosidad que inspiran no me parece que sea síntoma de que se hallen d i fundidas, sino, al contrario, de que representan anomalías que, por lo mismo, concitan la atención del burgués equilibrado y aburrido. Como el teatro se hace para él, se inspira en criterio igual al del cocinero que cuida los menns de un señor exigente y sin apetito. Allí donde el teatro se costea de otro modo, como, por ejemplo, en Rusia, sus directrices son otras. Pero siempre resulta que responden a las de quien lo paga, sea el espectador burgués, que quiere evadirse por un momento de su vida monóto- na, sea el Estado bolchevique, que utiliza la escena como un instrumento mas de propaganda comunista. JUAN PUJOL AUTO CRÍTICAS Peleles Tragicomedia en tres actos y un epílogo, que se estrena hoy, sábado, en el Español, de Madrid. 1 Si intentara hacer una autocrítica, aun a pesar mío, sería insincero en la presente ocasión: esta tragicomedia- -creo que tal es porque la tragedia culmina en el momento de la farsa- -recorrió ya muchos escenarios de América. Antes del estreno puede hablarse de los propósitos; despuési, de sancionada una comedia por el público ya no tienen valor más que las realidades. Fueron amables. con Peleles los americanos y entusiasta su crítica, que acaso atisbo más allá de mis intenciones, concediéndole una jerarquía literaria que yo no me propuse, entusiasmo. de aquellos escritores que nunca olvidaré, porque, huyendo de la mendicidad literaria, tan de españoles por aquellas tierras, me mostré huraño en exceso con críticos y periodistas, tan gentiles, que hasta agradecieron después mi pecado de soberbia, elogiando el inusitado salvajismo. Tal comportamiento (lió el delicioso f r u to de la sinceridad absoluta en ellos: en mí, la vanidad de los elogios no hurtados que nos hace eternamente agradecidos y la alegría de encontrar. en las negruras desórientadpras de ia ruta luz que responde a la de nuestro espíritu y amores que recogen con amor. el amor de nuestro entendimiento. Peleles no quiso ser, y aún sigo creyendo que no lo es, una comedia más al uso y abuso. Puse en ella algo de juego y unos caireles de fantasía: ¿logróse todo... Allí, sí; pero como soy español v ni aun en los tristes últimos años padecidos renegué de serlo y para España escribo, a pesar de las golosinas con que público v escritores americanos agasajaron mi vanidad, a este mi público y m i crítica me someto de antemano. Y nada más. S i algo que en esta ocasión es sólo justicia y quiero hacer constar en letras de molde y no en la intimidad de bastidores v saloncillo: María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero, pareja excelentísima en juventud, arrestos v entusiasmo, son insuperables intérpretes. E n María y Fernando, Peleles encontró cuanto precisaba y algo más que dio por añadidura ia generosa colaboración de estos dos artistas: fe y amor en la comedia. María y Fernando son la ilusión y la esperanza lograda de los que en nuestras comedias hemos puesto la esperanza y la ilusión de toda nuestra vida. FRANCISCO D E V I U Los pocholos Saínete, en dos actos, de L u i s de Vargas, que se estrenó ayer en el Cómico, de l a corte. ¿Autocrítica... Pero, ¿sincera... ¿Y qué digo yo que pueda parecer sincero y no se tome por falsa modestia? i Que he querido hacer simplemente un saínete, sin derivaciones al melodrama o al juguete cómico, limpio de diálogo y con tipos de carne y hueso vistos por mí? Pues ya está dicho. A h o r a que la crítica y el público juzguen, con la extremada benevolencia que siempre tuvieroM para mí. los aciertos- -si los- h ay- -y los errores- ¡que los habrá! -de m i ttrabajo,
 // Cambio Nodo4-Sevilla