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E! ingeniero Cierva y su invento. El autogiro ha entrado en su fase comercial. H E aquí al ingeniero D. Juan de la Cierva y Codomíu de regreso de uno de sus viajes de exhibición del autogiro. Han transcurrido cerca de diez años desde que construyera su primer oríginalísimo aparato de volar. De aquel modelo apenas queda nada, aunque en realidad queda todo: lo que es su principio esencial; pero el aparato de aletas rígidas, con la sustentación de los planos usuales, ya rio es el mismo. Hace solamente un año el autogiro necesitaba ser accionado largo rato antes de poder despegar; pero el ultimo dispositivo introducido le permite remontar el vuelo desde el punto de partida en un ángulo de ascensión que corresponde al 30 por 100, esto es, treinta metros de altura por cien de base o recorrido horizontal. L a longitud del fuselaje se ha reducido á términos sorprendentes la cola y sus timones afectan una disposición extraña, a modo de un pequeño aparato accesorio de dos planos. E l autogiro de Cierva tiene algo del helicóptero, el sueño de la Aviación. Pero el inventor ha llegado a este tipo sin proponérselo, empujado por. las resultantes de los problemas físicos y matemáticos planteados, de un orden inaccesible para nosotros los profanos. E l inventor- -con quien hemos departido largo rato- -nos dice que la realización mecánica de su primitiva idea es asunto resuelto. Esta frase tiene un acento de jactancia que no existe. Nunca como hoy el ingeniero Cierva se nos muestra con ésa irreprimible simpatía de casi todos los hombres de ciencía llaneza y raciocinio en la exposición, modestia en la valoración de su invento, firme seguridad del objetivo logrado, conciencia del esfuerzo tenaz y. perseverante mantenido durante veinte años. Todas las nuevas aplicaciones de la ciencia- -nos dice Cierva- -luchan con multitud de dificultades, que no llegan a la capacidad GETAFE. AÑO IQ 20. PRIMER AUTOGIRO, CONSTRUIDO SEGÚN PLANOS D E L SR. CIERVA. E L APARATO NO LLEGO A VOLAR de percepción del público. Y o he inventado el autogiro, esto es, un aparato que reduce a una proporción insospechada los riesgos de la Aviación; pues bien: hoy advierto que esto apenas significa un valor cotizable, porque las grandes líneas comerciales están planteadas a base de la pericia del piloto, y éste, fiado plenamente en ella, desdeña el índice de seguridad que se le brinda. Otra novedad sorprendente: el autogiro no requiere grandes campos de aterrizaje, pero esta cualidad se valora como un atractivo considerable para el día de mañana, porque la Avia- ción actual dispone de amplios aeródromos. Descubrimos que el Sr. Cierva, que ve consumada su obra, se halla en ese período de lucha desesperante, en la que sólo cabe aguardar a que el precioso arbalülo dé su fruto. E l tipo usual de aeroplano requiere veinte, treinta horas de aprendizaje. Esto, valorado en pesetas, es mucho dinero. E l autogiro puede ser manejado por una señorita a las seis horas de escuela. Esta ventaja enorme la confirmará una experiencia general cuando la Aviación cávil- llamémosla privada- -se extienda por el mundo. E n suma, que e l inventor dei autogiro parece un poco contrariado, porque entre t a n t os aplausos, elogios efusivos, planas de la Prensa extranjera banquetes, felicitaciones sinceras de todas las p r i m e r a s figuras de la Aviación mundial, oye calificar su invento como un perfecto y acabado aparato de gran porvenir. s GETAFE. OTOÑO D E 1922. DESPUÉS D E LA SUCESIVA CONSTRUCCIÓN D E CUATRO TIPOS DIFERENTES, E L AUTOGIRO SE E L E V A E N E L AIRE POR PRIMERA V E Z L a realidad- es que el autogiro representa una r e v o l u c i ó n completa en la ciencia de volar, y que está en el final de su espinoso camino. E l juguete científico se está convirtiendo, se ha convertido ya, en un vehículo práctico utilizable para que el particular se traslade de un punto a otro en condiciones de poder atender a sus negocios. Para ello la fabricación ha de ser esmerada, y esto constituye la segunda fase del invento. E s t á n construyendo avionetas- autogiros Casas