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Muertos ilustres contemporáneos. El poeta Zorrilla, por cuyos labios habló el genio de la patria española. o hay, aunque se busque entré los poetas españoles contemporáneos, ni muertos ni vivos, quien con m a yores títulos pueda ostentar gloriosamente el de poeta nacional que nuestro inmortal Z o r r i l l a L a galería de muertos ilustres de nuestros tiempos, que estas columnas sostiene con oportuna eficacia para los lectores, que así recordarán unos como conocerán otros los valores dé España eclipsados por la muerte en l a tierra y brillantes tras de la t u m ba con todo su esplendor, acrece hoy, con honor inusitado, colocando en ella el n o m bre excelso del poeta de poetas que encarnó como nadie en sus versos l a heroica leyenda nacional. Pero, ¿quién, en unas líneas, se atreve a glosar la figura y l a obra de Z o r r i l l a? E l apuro se hace insuperable a l considerar que el intento se realiza en las páginas universales de A B C Y o quisiera, a l acometer l a empresa, h u i r de los extremos. N i tan e r u dito el estudio que no llegue a la generalidad, n i tan llano que, lográndolo para el iniciadoj lo desdeñe el erudito. B i e n será, antes de nada, adelantar que quien quiera conocer a fondo poeta y obra, acuda, si no h a de meterse en prolija bibliografía, a l laureado libro, hondo y fino, suma y compendio de l a materia, del ilustre maestro A l o n s o Cortés, y en lo anecdótico, al trabajo primoroso de nuestro llorado Ramírez Ángel. C o n todo, es de advertir que el principal biógrafo de Z o r r i l l a y comentador de su obra es Z o r r i l l a mismo. E n esos capítulos de Recuerdos del tiempo viejo, en los que el poeta se muestra prosista admirable, castizo sin rebuscamientos, terso y fluido, con absoluta naturalidad, y sobre todo sencillo, de una encantadora sencillez, Z o r r i l l a vertió con su alma él sentido de su vida, apurando su memoria para llevar al papel cuantos episodios, por fútiles y pequeños, desdoblaron su v i v i r recordados asombrosamente N tras de los años, por tener de ellos noticia personal o adquirida por referencia aquellos que por fuerza tenía que c o nocerlos así. D e todos modos, si el lector bebe en l a fuente cristalina de Recuerdos del tiempo viejo, será útil advertirle que a l g u nos datos y noticias no son del todo exactos, bien por actuar de más l a imaginación del autor o de menos la memoria, y así en ellos el propio Z o r r i lla, pintorescamente, habla de obras suyas, que acaso creyó que escribiera, pero que no escribió... (En suma, lo que viene, detrás no son sino noticias, por sabidas no menos curiosas, que ahora, por su difusión especial, llevará el c o n o c i m i e n t o de nuestro poeta allí donde no llegan otros libros sino el del pueblo, que es el periódico de c a da día. E n esta casa que veis de l a calle que antaño se llamó de la C e n i z a y hogaño se nombra de F r a y L u i s de Granada, nació Z o r r i l l a el 21 de febrero de 1817. E l poeta se anticipó a l a ZORRILLA, E N LA ÉPOCA D E SU CORONACIÓN E N GRANADA vida, quiero decir que nació y a su existencia, fué bautizado aquí, en S a n antes de tiempo, que fué lo que se dice sieteMartín, a l a sombra de esta torre románica, mesino, y en u n pelo estuvo que su nacer y venerada reliquia de otros tiempos, a l a que, su morir no se hubieran abrazado en el miscomo a tantas otras nacionales, castillos, mo instante, aquél en que uno de la casa, el claustros y moradas, cantó el poeta de las cirujano de l a recién parida, vertió con a n leyendas, una de las cuales, la de trinar dessia de creyente el agua de socorro en l a caaforadamente u n loco pajarillo frente a la beza del prematuramente nacido, que D i o s alcoba donde su madre le parió, se iorjó sin embargo, destinaba para ceñirla con los allí mismo, a punto de comenzar el poeta laureles de l a gloria. su vida terrenal. E n el barrio del Palacio, aristocrático enC a s a e iglesia excitaron por primera vez tonces en l a vieja ciudad de Valladolid, n a y pusieron a prueba la exaltada imaginación ció el niño, que unos días después, segura de Z o r r i l l a en los balbuceos de la infancia. ¡O h sorprendente aparición al poeta, la aparición, en esta casa, de su desconocida abuela, y el mágico v i v i r de aquella escultura de la iglesia, en el retablo mayor, el bravo caballero S a n Martín, eternamente rasgando su vestidura para darla al pobre desnudo que le i m p l o r a! j Visión obsesionante de su cerebro infantil, que terminó en el primer juguete del poeta, el caballo blanco de c a r tón y l a refulgente espada de hoja de lata, llevados a l a casa cierto día feliz de mano del buen padre, D José, relator de l a R e a l Ghancillería! ¿Quién puede creer- -p r o s i g a m o s- -que Z o r r i l l a fuera u n estudiante ordenadito, de curso llevar y aprobar puntualmente? V e á mosle en M a d r i d escolar con los Jesuítas, y en Toledo y en V a l l a d o l i d metido a estudiar y no estudiando códigos y leyes, embebecido y loco con los delirios románticos y víctima al mismo tiempo de su sonambulismo, cuyos primeros ataques, c o n ocasión de u n revuelo escolar, dieron no poco que hablar a l a masa estudiantil de Valladolid. ¿Influyó esto e n el g i r o loco y desordenado de su poesía como indica el poeta? H a y que registrar en la vida de Z o r r i l l a al llegar a este punto, un episodio que acaso explique ese constante vagar de espectros y GLORIOSO ATROPELLO, OSTENTOSA APOTEOSIS, CONTRA LA CUAL PROTESTO DECÍA sombras de que están llenos sus versos. A I SINCERA Y MODESTAMENTE ZORRILLA, REFIRIÉNDOSE A SU CORONACIÓN. (U N DIBUJO volver á Valladolid, este año, para reanudar el curso, nos cuenta el poeta su terrible D E COMEA, QUE REPRODUCE E L ACTO)
 // Cambio Nodo4-Sevilla