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ARANJUEZ. FUEÍJTE D E HERCULES, E N L O S J A R D I N E S D E L A ISLA surtidores de las fuentes a c o m p a ñ a b a n tanta poesía, que en l a noche estival a d q u i r í a mayor encanto. Las personas Reales y l a aristocracia p a seaban por el parque de Miraflores, como particulares. L a s parejas enamoradas j u gaban en el laberinto, alrededor del árbol mayor de l a posesión. Y brotaban las v a rias anécdotas, escuchadas en diversas ocasiones cuando Felipe I I siendo niño, montaba en mulo y paseaba en las carretas flamencas que le trajo Domingo de l a C u a dra. Y cuando Carlos I m a n d ó hacer las columnas a l brujo Juanelo. Y cuando C a r los I I I vióse obligado a refugiarse en el Sitio, después de encontrar rota su silla de manos y valerse de un coche apostado en Atocha. ¡C u á n t a a n é c d o t a y c u á n t a leyenda! F i e s tas esplendorosas, que recuerdan los cartones del T r i a n ó n pintados por Chátelet. L a noche y el sitio calmando las debilidades nerviosas d é damas y galanes pertenecientes a l a época indómita y desconcertada del majismo, que tocaba a su fin. Y a l otro lado del r í o tras e l molino, l a ex p an si ó n del populacho, con panderos y seguidillas. Habla todo en Aranjuez. E l Palacio, l a Casa del Labrador, el Deleite, el puente y la casa de M a r i n o s son testigos de las vidas de M a r í a Cristina, Carlos I I I Carlos I V Fernando V I I y Amadeo. ¿N o nos habla de sor Patrocinio el coro del convento? E n lo alto de los montes, Juan H e r r e r a t r a z ó las obras del pantano para recoger las aguas de Ontígola, y allí se hizo luego u n lugar de divertimiento. E l mismo H e r r e r a fabricó en l a capilla del Real P a l a cio una cúpula imitando a l a del V a t i c a no. Y las manos de l a Reina A m a l i a las mismas manos que en E l Escorial cuidaban los jazmines, bordaron l a cortinilla del altar de l a P r e s e n t a c i ó n en l a capilla de San A n tonio. E l j a r d í n del P r í n c i p e muestra l a personalidad de Fernando V I y de Carlos I V A q u í el citado paroue de Miraflores, el embarcadero, el templete chinesco, las es- tufas, el laberinto y el criadero precoz de esp á r r a g o s y fresa, los dos productos tan f a mosos como exquisitos que en A r a n j u e z se producen. E l otro j a r d í n de l a Isla, al pie mismo del Palacio, es una de Jas maravillas de E s p a ñ a por sus fuentes, sus flores y su conjunto primoroso y fantástico. Flota en este rincón encantador el alma de Felipe V E n el puentecillo que comunica con el parterre hay huellas de zapatos isabelinos. L a s estatuas recuerdan a Felipe I I Y los j a rrones de las barandillas pregonan el buen gusto de Alfonso X I I E n t r e los zócalos de b o j e l m á r m o l de las estatuas recibe misteriosamente el beso quedo de l a luna. E l agua de los surtidores se esparce con e m p e ñ o decidido, como si no hubiera de llegar u n momento de absoluto reposo en el correr de l a vida. ANTONIO V E L A S C O ZAZO (Fotos Laurent.
 // Cambio Nodo4-Sevilla