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Verdades y mentiras. o es una edad muy avanzada la que va a cumplir en j u n i o próximo l a U n i versidad de L o s A n g e l e s cincuenta años. E s una edad que está a l alcance de cualquier níuchacho de nuestros días, a poco que se descuide. R e s u l t a sin embargo, que los que han estudiado en las Universidades de los Estados Unidos conservan muy buenos recuerdos de ellas (y puede que con razón) y y a están acudiendo a l a mencionada ciudad muchas personas que cursaron sus estudios en aquel Centro docente, d e s e o s a s de participar en las fiestas conmemorativas de ese c i n c u e n t e nario. U n o de los números del programa de festejos, que y a se está ensayando, consiste en re sucitar los trajes que estuvieron en boga en las décadas transcurridas desde que se creó l a U n i v e r s i dad, y ahí tienen ustedes, en esa fotografía, unas cuantas parejitas con los vestidos representativos dé las décadas en cuestión: 1880, 1890, 1900, 1910, 1920 P a r a u n pueblo tan joven, cincuenta años pueden parecer algo; pero imaginen ustedes las décadas y los vestidos que nosotros tendríamos que evocar si tratáramos de conmemorar de esa manera la creación de alguna de nuestras Universidades, por ejemplo, una de tanta solera como la de Salamanca, fundada en I2IO por el g r a n Rey A l f o n s o I X de León, quien, por si no hubiera dado con ello prueba bastante de su inteligencia, obtuvo l a nulidad de su matrimonio citando y a había tenido unos cuantos chicos con doña Berenguela, fundándose en no sé qué impedimento, sobre el que había hecho l a vista gorda mientras duró Ha luna de miel. N LA MODA E N CINCUENTA ANOS L a fotografía de esos estudiantes cal i fornianos es un testimonio de la poca iniciativa que han tenido los hombres en el arte del vestir. Resultan tipos intercambiables, monótonos y sin variedad alguna, como cortados por u n mismo patrón. Son realmente las mujeres las que se han destapado. Sí, señor; así como suena, y es lástima que los organizadores de ese número del programa no se hayan mostrado un poco más espléndidos para obsequiarnos con una visión anticipada del figurín de 1940, que de seguro será interesante si contimían acortándose las distancias entre el borde superior y el inferior del vestido. T a lo h a dicho u n a chica con descoco: lo que a h o r a viste mucho es vestir poco. Pasemos de lo intelectual a lo material, de lo docente a lo decente, de las aulas a las cocinas, y extasiémonos ante esa maqueta de rascacielos hecha por un cocinero francés, con manteca de cerdo. Todo un señor edificio, para quitar moños a muchos profesionales. Su autor, a l pie del magno modelo, de dos metros de altura y uno de ancho, l o contempla en una actitud que no se sabe si es de altivez, como de artista que se siente hijo de su obra, o de temor ante efl peligro de que se le junten las mantecas. D e todos modos resulta u n ejemplo digno de meditarse y de imitarse. T o a l menos, me figuro en qué se funda: en que no haya desgracias cuando se hunda. Cuando los niños nuestros se convencen de que en el salón del P r a d o no se puede jugar se refugian aristocráticamente en u n carrito tirado por u n burro, y en él dan una vuelta, a cambio de una perra chica. Más felices los niños de M i a m i (F l o r i d a) disponen de unos anchos carromatos tirados por elefantes, supremo goce del transporte, delicia que sólo se alcanza en el doctorado del taxímetro. Dediquémosle el homenaje de una aleluya fina! Si en el P r a d o un borrico es lo elegante, en M i a m i el chico c h i c va en elefante. RAMIRO ¡VAYA TAXI MERINO Fotos Ortiz, V i d a l y Marín.
 // Cambio Nodo4-Sevilla