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A B C. D O M I N G O 23 D E M A R Z O D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 39. DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS Diálogo sin importancia La señora. -A Dios gracias, ha sido usted ii tabla de salvación. El señor. ¿Y eso... Ella. -Figúrese que, cuando usted ha llegado, me encontraba rodeada por estos tres señores extranjeros, que no hablan más que mglés, idioma que desconozco. L a señora que convida al té nos había colocado a los cuatro en esta mesa, y se había ido a atender a otros invitados. Y o estaba volada. El. -No veo por qué. Ella. -Porque me faltaba el medio de expresión. M e habían presentado unos señores, les había tendido mi mano, y era todo. Después, ya acomodados, ellos me sonreían de vez en vez, y yo les devolvía la sonrisa. He debido perecerles estúpida. El- -Cuando se tienen unos dientes como L J de usted, señora, el hecho de sonreír io debe parecer precisamente una estupidez iara quien contempla. Ella. -Galanterías aparte. L e aseguro a isted que pasé un mal rato. Por ello, cuanio usted vino a sentarse a mi mesa, he vis o el cielo abierto. El. -Con angelitos y todo. Ella. -No se si con angelitos. Pero, por o menos, despejado de nubarrones. El. ¿Será posible que le asuste a usted ¡anto la situación de no poder hablar... P a rece mentira. Se comprende que usted es una verdadera mujer. Ella. -Como a usted, hombre, le ocurriría en el mismo caso. El. -No lo crea usted. Y o en trances parecidos, recurro a las señas, a los gestos... á lo que sea; pero me hago entender. N o en vano tiene uno el convencimiento de su Origen latino. Ella. -Pero resulta de una pesadez terrible el tener que emplear todo un largo tiempo para conseguir, al cabo, que sea entendida una pequeña frase. El. -Por pequeña que sea la victoria, es siempre victoria, y trae consigo una íntima satisfacción. Ella. -Ahora es usted el que asoma su oreja de hombre. ¡Vanidoso! Se le ha visto el plumero. El. -Como usted quiera; pero es así. Además lo interesante de las personas no está en lo que se conoce de ellas, sino en todo lo contrario. De aquí el descrédito del matrimonio. Ella. ¿Está usted seguro... El. -Persuadido. Cuando se empieza a dejar de querer es cuando llega el convencimiento de que no queda nada por conocer en la persona que hemos amado. Ella. -Dice usted cosas abominables, salvador mío. El. -Digo la verdad tan sólo. Precisamente cierta muchacha inglesa, y sin hablar yo inglés, me proporcionó una de las mayores ilusiones de- mi vida. Ella. -1 Sin comprenderse... El. -Precisamente por ello. Con su belleza me proporcionaba un espectáculo agradable, y yo no sabia cómo era. ¿Le parece a usted poco... Nos sonreíamos estúpidamente, como usted ha dicho antes; yo me llevaba las dos manos al corazón para darle a entender que la quería, y le pintaba planos de la ciudad donde vivíamos, con objeto de indicar los lugares de nuestras citas. N o disputábamos nunca, y bailábamos siempre... Fué todo un verano delicioso. Ella. ¿Nada más que un verano... El. -Nada más. A l verano siguiente ella había aprendido unas palabras dé francés y ¡yo otras cuantas de inglés. Y a no necesi tábamos recurrir a las señas para nuestra comunicación. M e pareció perfectamente vulgar, y yo debí parecerle a ella otro tanto. Es curioso y paradójico, al unísono: en cuanto nos entendimos dejamos voluntariamente de entendernos. Ella. -Tiene usted razón: es curioso. EL- -Cuando quiera usted a alguien, señora, no se dé usted nunca a conocer del todo. Ella. -Yo soy casada... El. -Muy bien. Sin embargo, eso no es un obstáculo para que aspire usted a conservar el cariño de su esposo. Ella. ¡Bah, los maridos... Hombres, al fin y al cabo... El. -Usted lo ha dicho: hombres. Esto es seres sujetos a la veleidad y la inconstancia. E n el fondo amoroso de todo hombre él mismo no sabe lo que quiere. Por ello, precisamente, deja de querer en cuanto sabe. Sea usted siempre diferente y nunca igual. Una mujer que diera la impresión de muchas mujeres seria el tipo de mujer perfecto para el hombre. E l hombre es vanidoso; usted misma lo ha confirmado antes, y necesita a diario de lo que él llama la conquista, para alimentar su vanidad. Nada de. superficies lisas, señora. Montaña rusa. De la cúspide al llano, sin transición... -Gil de Escalante. 1 1 Orgaz presentará su colección de sombreros y vestidos durante tres días, a partir del miércoles 26 del corriente, en el Hotel da París. E n el rápido de mañana marchara a Córdoba y Málaga la señora condesa de Colombi, acompañada de su hermana Pepita Benjumea.
 // Cambio Nodo4-Sevilla