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A B C, MARTES 25 D E M A R Z O D E 1930. E D I C I Ó N D ANDALUCÍA. PAG. o complicidad. Es relativamente fácil el desencadenar una revolución aprovechándose de! descontento o la agitación entre las masas populares; tan fácil como embrollar un pequeño incidente diplomático, lanzando luego un ultimátum que provoque la guerra entre dos Estados. L o difícil es prever las couse- ¡cuencias catastróficas que suelen desbordare de todos los cálculos y previsiones. Ñus bastan, como muestras anticipadoras, los atropellos callejeros que. en nombre de l a libertad tuvieron lugar a raíz del discurso de la Zarzuela, y las colisiones, en Bilbao, entre socialistas y comunistas. ¿Ya? Pero, sobre todo, el programa redentor del republicanismo radical socialista obrero. Libertad de cultos, separación de la Iglesia y del Estado, disolución de las Ordenes religiosas, escuela única (laicismo masónico) xVbando 110 de Marruecos y reducción del Ejército (antimilitarismo embozado) Supresión de la Guardia civil, con lo cual reinará la paz en campos y aldeas. Reparto equitativo de la propiedad e impuesto sobre la renta. Socialismo del Estado, cuyos admirables efectos financieros pueden comprobarse en diversos países. Justas reformas que atiendan a las aspiraciones del proletariado (dictadura de la Casa del Pueblo) Y en fin, si el lector opina que todas estas cosas pueden implantarse en España sin el auxilio de la demagogia y el desenfreno. de la violencia, debo confesar, que me admira su optimismo. ALVARO ALCALÁ GALIANO ANTE LATUMBA DEL G R A N ESPAÑOL A q u í yace m e d i a E s p a ñ a m u r i ó de l a o t r a m i t a d -L a r r a E l día de d i f u n t o s Euera de unas lineas de elevada entonación que publica El Pueblo asco, de San Sebastián, y que, naturalmente, responden a las nobles tradiciones críticas del gran diario, no he leído todavía nada de lo que se ha escrilo sobre la eminente personalidad española que acaba de desaparecer. Creo, sin embargo, que todo lo que se diga Je su obra es prematuro, porque, históricamente considerada, carecemos de perspectiva para juzgarla. Este escrúpulo mío no impedirá que el eabiieñismo partidista vierta sus peores vahos sobre los despojos del gran soldado que gobernó a nuestro país sin orras pautas que la generosidad patriótica. -No importa. Nada de lo que edifica! a i n justicia permanece. Cuando transcurran estos agitados tiempos, el espíritu revisionista que precede a todo fallo histórico empla- zara definitivamente al marqués de Estella en la categoría que ha conquistado y que ninguno de los hombres que le han precedido en ei Poder podrá disputarle. Quiero hablar hoy meramente de su personalidad. E l general Primo de Rivera fué un caso de perenne juventud espiritual. A r diente, apasionado, impulsivo, sentía por la fría razón el desdén que inspira a los temperamentos vehementes y generosos todo lo que, aun pareciendo justo, ha nacido sin el concurso del entusiasmo. E l tipo del intelectual de abolengo libresco le irritaba un poco, y no precisamente por menosprecio de su ciencia, sino por odio a la pedantería. Creía, y no se equivocaba, que todo lo grande que está de pie en el mundo es obra de los geniales y que la misión de los estudiosos se reduce a conservarlo. E n España ese criterio de asiento filosófico imperialista es frecuente. E s el criterio de todos los románticos predestinados a dominar. Independientemente del desdén que siente de ordinario el hombre de acción por el hombre de libros, todo soldado victorioso, que debe una gran parte de su fortuna a la audacia Aunque haya periódicos que, por lo deletéreo de su ideología, merezcan ser considerados como una prolongación de la red del alcantarillado, hay plumas doctas y de orientación levantada, que un estadista prudente no puede permitirse desdeñar sin entablar con el espíritu crítico del país un duelo de consecuencias mortales para el que gobierna. E l autoritarismo no manda más que so. bre lo concreto. L a idea, que es fluida, ha sido siempre invulnerable a l a fuerza. Hablando ayer en el tren con un ex m i nistro, quizá el más eminente de los. que colaboraron con él, nos decía, poniendo en sus palabras, no, un reproche, sino un dejo de melancolía: ¡A h si el general hubiera sido capaz de oír. ¿O í r? Pero esa es una aptitud más propia de la razón que del genio, y el marqués de Estella no hizo nunca nada que le graduase de razonable. E r a un instintivo genial, de lor que afrontan lo desconocido, fiándolo todo a l azar. Pero como los dioses tienen marcada predilección por estos hombres, aciertan casi siempre. L o s hombres obligados a oír son otros, y si el general P r i m o de Rivera hubiese acudido a su cooperación, a estas horas quizá estuviese gobernando. E n la vida pública debemos tratar a nuestros amigos como si algún día pudieran tornarse en enemigos, y a nuestros enemigos, como si presintiésemos que pueden dejar de serlo. Todo gran estadista se atiene a esa regla de conducta, que data de siglos... Sus peligros Cuando el corazón humano conserva indeE x i s t e n f o r m a s r e u m á t i c a s g e n u i n a s que finidamente el verdor de los treinta años, la e m p i e z a n a m a n i f e s t a r s e a u n en edad m u y política, como el amor, puede reservarnos t e m p r a n a c u y o o r i g e n puede ser l a h e r e n c i a a r t r í t i c a d e l p r o g e n i t o r E n estos, masmás desagradables sorpresas. E l entusiasmo que en los r e u m á t i c o s a c c i d e n t a l e s tiene es un privilegio de la juventud, que si pros u m a i m p o r t a n c i a l a a l i m e n t a c i ó n que h a longa demasiado su acción nos precipita de ser e x e n t a de p u r i n a s p r o d u c t o r a s d e l en la locura irreparable. Entonces el sentido veneno úrico, de c o n s e c u e n c i a s s i e m p r e f u de lo real se deforma, y las fronteras entre nestas c u a n d o éste se a c u m u l a c o n exceso lo posible y lo absurdo se confunden. Los en e l o r g a n i s m o que conocíamos íntimamente al insigne cauL o s ataques de r e u m a g o t a m a l de p i e dillo sabemos que no se resignaba con el d r a e t c -l o d e m u e s t r a n los a n á l i s i s- c o i n ciden siempre con u n a superproducción o r desenlace de su largo y fecundo período de g á n i c a de á c i d o úrico. Se c o m p r e n d e en mando. Creía, y estaba en lo firme, que los quienes v a n a ellos sujetos, l a s p r e o c u p a c i o obligados a preservar su nombre y su obra nes p a r a c o m b a t i r c o n m e d i o s r a c i o n a l e s f á del escarnio y del oprobio mostraban en el ciles e inocuos esa t e n d e n c i a p e l i g r o s a que cumplimiento de ese deber una sospechosa p r e c i p i t a l a v i d a h a c i a l a vejez p r e m a t u r a e inexcusable apatía, que seguramente no L o s m é d i c o s m á s e m i n e n t e s de E u r o p a y les será agradecida ni aún por aquellos a A m é r i c a están c o n c o r d e s p a r a r e c o m e n d a r quienes no les es posible edificar nada más el p r o d i g i o s o U r o m i l e l i m i n a d o r s o b e r a n o que aprovechando los escombros de la. obra del á c i d o úrico, c o n c e p t u a d o p o r ellos c o m o único d i s o l v e n t e m o d e r n o que a r r a s t r a h a c i a ajena. Y ese estado de espíritu era peligrola o r i n a el t e m i d o eneno. L a s c u r a c i o n e s so en un hombre como el marqués de Esteque se c o n s i g u e n en e n f e r m o s d e s e n g a ñ a d o s lla, pronto ahora, como en la mocedad, a c u a n d o todos los p r e p a r a d o s úricos h a b í a n jugárselo todo a una carta, que en esta ocafracasado, son innumerables. L a siguiente sión nada hace suponer que hubiese gaopinión c o n f i r m a los c o n c e p t o s a n t e r i o r e s nado... Soy entusiasta del U r o m i l y por el resul- personal, mira siempre de alto abajo a los qde, privados de virtudes para promover un acontecimiento o influir en él, se contentan con comentarlo. E s el desprecio del creador por el crítico. Si eii la definición de las categorías la conquista es superior a la conservación y mejoramiento de lo conquistado, en el arte de gobernar el divorcio de esas dos facultades conduce al fracaso. A solas en su retiro de París, el marqués, de Estella debió meditar, ya tardíamente, sobre esa verdad, que todo gran estadista conoce y respeta. No ha sido él solamente quien ha incurrido en ese error. Casi todos los prohombres que han gobernado a España desde la Restauración acá han caído en el mismo extravío de óptica mental. Primo de Rivera fué un ingenuo, y el candor, que es, sin duda, la virtud más preciada de l a divinidad, no garantiza el éxito del hombre en la vida pública. Nadie presumía, como él, de saber las necesidades de su Patria. ¿Y cómo renunciar al goce de ejecutar aquello que depende de nosotros el hacer? Ese ingenuo entusiasmo, sobre todo cuando es fértil en aciertos, como lo fué en el general Primo de Rivera, crea una disposición de espíritu vecina de ¡a infalibilidad. E n esas circunstancias el hombre se ofusca tanto que se considera investido de poderes providenciales. Contradecirle, ponerle reparos es la peor de las ofensas. A partir de ese instante ya no busca aliados; admite adictos y nada más. E n un pueblo en el que todo. estuviera por hacer, esa actitud sería la mejor porque simplificaría las empresas. Pero el general P r i mo de Rivera se encontró al frente de un país ya viejo, que, a más de tener un pasado, viene sintiendo desde remota fecha la influencia de intereses que no siempre es fácil vencer o desplazar. Como todos los temperamentos candorosos, creía que basta querer la felicidad de los demás para lograrla. A tener un poco de tiempo que per- der cu la lectura habría aprendido que ni los hombres n i los pueblos han nacido para ser felices. sino para vivir, y que todo el arte de gobernar se reduce a que el bienestar del vecino no nos haga sentir demasiado el peso cíe la injusticia que supone nuestro permanente malestar. Todo estadista apoya su obra en las reservas de paciencia y en l a capacidad de ilusión de su pueblo. Pero esos dos elementos no son ilimitados. L o s altera y modifica la propaganda intelectual, que un gobernante avizor neutraliza, desarma o atrae a sus unes por los medios más diversos. L a Prensa, aunque a ratos parezca, por el carácter de sus campañas, un factor hostil al gobernante, tiene siempre ascendiente sobre las pasiones sociales. Los graneles reumáticos tado a l c a n z a d o en e n f e r m o s de r e u m a gota, y otras m a n i f e s t a c i o n e s de o r i g e n artrítico, lo e n c u e n t r o i n s u p e r a b l e y lo prefiero a t o dos los d e m á s a n t i ú r i c o s c o n o c i d o s D R JOSÉ. P U E N T E C A S T R O Profesor de l a Facultad de Medicina de Santiago. ¿I U J P A L Ü D I N A fioHR UlB Escribimos estos renglones en el cuarto de un hotel que mira al mar. Todo el horizonte está cerrado por las nubes, v el viento zarandea furiosamente las olas. E s e l p a i saje que conviene a nuestro estado de ánimo, por la desaparición eterna de un amigo al que quisimos profundamente y a quien nuestro olvido no ofenderá jamás... MANUEL BUENO. M M f e J E S r E C Í F I C O DEL PALUDISMO INYECTABLES CQMPRIOS. GOTAS. L GAS 17 San Sebastián, marzo de 1930.
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