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A B C. MARTES 25 DE MARZO DE 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. a INFORMACIONES Y NOTICIAS VARIAS D E M A D R I D M a d r i d al día. E n la A c a d e m i a Española. Recepción de d o n A n t o nio R u b i o D e la mujer muerta en la calle de Silva. Noticias e informaciones diversas. M a d r i d al día E l primer domingo de una primavera como Dios manda y los anales de la meteorología apuntan, fué bien aprovechado por l a alegre ciudadanía. E l montañismo se despachó a su gusto en la nieve de la sierra, con un concurso de saltos, resbalones y tente tieso. L o deportivo de la ciudad consistió en la consabida elegante y aristocrática carrera de caballos, y en el penúltimo partido de balón de los de campeonato de Liga, con triunfo de los athléticos bilbaínos, que serán o son ya los campeones, sobre los athléticos madrileños, que si no quedan de cola será porque les toque este triste papel a los europeos de Barcelona. L a taurofilia bostezó. E n la plaza madrileña, la novillada fué mediana, y las cogidas no pasaron de dos. E n cambio, no fué mediana, que fué pésima, la inaugural de la temporada en las arenas tetuanescas. Actos a puertas cerradas fueron la solemne recepción en la Academia Española del nuevo inmortal Sr. Rubio Lluch, y un concierto matinal en el Palacio de la Música. U n a verdadera catástrofe en Carabanchel, en cuyos alrededores hallaron una granada de artillería, sin estallar, unos jóvenes: i n tentaron abrirla, hizo explosión, y resultaron dos de los incautos muchachos muertos, y uno gravemente herido. Capítulo folletinesco del suceso misterioso, que y a no lo es, de la calle de S i l v a la presentación espontánea del maestro de obras Diego López, y confesión, también espontánea, de su crimen; de modo que, donde digo Diego, digo epílogo del macabro nocturno. Por si no bastaba esta deplorable leyenda, surgió otra análoga en el vecino Tetuán, aunque la víctima de este crimen resultó apuñalada, pero no muerta. E s a página, y otra más luctuosa, la de un hombre atropellado y muerto por un auto en la carretera de Aragón, se adjudicó el sumario del lunes. E n la Casa de la V i l l a se dieron notas sobre los obreros sin trabajo que lo tienen ya, y sobre los que también lo tendrán pronto en las obras de la Ciudad Universitaria. De la vida artística, un concierto por la Sociedad Filarmónica en la Academia, y de la actividad intelectual, conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras y Medicina, Academia Médico- Quirúrgica, Círculo de la Unión Mercanil, Palacio de Comunicaciones, Hospital Militar, Instituto Francés, Sociedad Geográfica y Casa del Estudiante. De- política, larga firma de Justicia, y otro viaje del ministro de Instrucción Pública. Estrenos, en los cines que estrenan. L a noche, así así. Cuando marzo vuelve el rabo... -Aemecé. Presidió el acto el ministro de Instrucción Pública, Sr. Tormo, a quien acompañaban- ausente en Barcelona el director, Sr. M e néndez Pidal, para asistir al homenaje de los intelectuales catalanes a los castellanos- el secretario, Sr. Cotarelo; censor, Sr. Cano, y bibliotecario, Sr. Rodríguez Marín. E n estrados se hallaban los académicos señores marqués de Figueroa, Gutiérrez Gamero, hermanos Alvarez Quintero, Casares, Asín, conde de las Navas, García de Diego, Amezúa, D Ors, Cabanillas, Cotarelo Valledor, Riber, D Lorenzo Alemany y marqués de V i l l a u r r u t i a los miembros de otras Academias señores conde de Casal, Redonet, Ibarra y Pons y Humbert y el correspondiente Sr. Fernández Medina. Llenaba la sala un público muy distinguido, en el que se veían al duque de A m a l fi, marqués de Hazas y familia del Sr. T o r mo y muchas personas de la colonia catalana en Madrid. D. Serafín Alvarez Quintero, que se sentaba al lado del nuevo académico, leyó el discurso de éste. E l Sr. Rubio trata en su trabajo Del nombre y de la unidad literaria de la lengua catalana, desarrollando el tema desde un punto de vista netamente histórico y literario. Aunque aquél abraza dos partes que parecen distintas, el problema onomástico y el problema de la identidad literaria y lingüística, se presentan, a j u i cio del nuevo académico, tan íntimamente enlazados, que es del todo imposible separarlos, pues la incomprensión del nombre trae también aparejada la inconsciencia de la unidad. E l exponente onomástico de mayor fortuna entre cuantos se han empleado para designar la lengua catalana, y el que tiene un abolengo más antiguo, más erudito, más literario y de más permanente prestigio, pues aún hoy los valencianos le ostentan como enseña triunfal de diferenciación, es el dictado de lemosín. Ninguno, sin embargo, más inexacto e inadecuado, más destituido de todo fundamento histórico y filológico. E n Mallorca, el vocablo no tuvo tanta fortuna. A fines del siglo x i v surge en Valencia el dominico fray Antonio Canals, proclamando la existencia de la lengua valenciana De ninguna manera se puede negar la existencia de la modalidad valenciana dentro de la lengua común, pero sí se puede afirmar que hasta fines del siglo x i v la unidad literaria del catalán fué completa desde las lagunas de Salces hasta las palmeras de Elche. E n rigor, a dos pueden reducirse las variedades dialectales del catarán, y son las que hace años estableció Milá y Fontanales, designándolas con los nombres de catalán occidental- meridional y catalán oriental. E n la primera están comprendidas el habla de toda la comarca ilerdense, la del Sur de la provincia de Tarragona y todo el reino de Valencia. E n la segunda, gran parte de Cataluña, Rosellón, las Baleares y la ciudad de Alguer (Alghero) en la isla italiana de Cerdeña. L a Renaixensa planteó en el siglo x i x el problema de la solidaridad lingüística y literaria de todas los pueblos levantinos con una. claridad y un sentido de reflexiva conciencia que no podía tener en la Edad Media, en que se procedía sólo por instinto, sin propósito deliberado. Y el him- no de la solidaridad literaria de todas las. regiones del antiguo imperio Mediterráneo, se convirtió en apoteósico concertante patriótico en el Congreso Internacional de la Lengua Catalana, celebrado en Barcelona, en octubre de 1906, y en el que se dejaron oir las voces del catalán arcaico de Mallorca; la del catalán castellanizado de Valenc i a la del catalán afrancesado del Rosellón í la del catalán italianizado de A l g u e r l a voz, en fin, de Cataluña, la de la vieja madre. E n nombre de la Academia contestó al Sr. Rubio Lluch, con un discurso de enaltecimiento de sus méritos, el Sr. Rodríguez Marín. Estuvo encargado de su lectura el Sr. Sandoval. E l Sr. Rodríguez Marín recuerda que se ha llamado al nuevo académico el Menéndez Pelayo de Cataluña y habla del lamentabilísimo accidente que sufrió a la vista cuando sorprendía los secretos de la Grecia inmortal. Estudia, por último, su bibliografía, que componen medio centenar de obras, de las cuales están escritas en catalán las 22 más estrechamente relacionadas con Cataluña. Los señores Rubio y Rodríguez Marín fueron muy aplaudidos. D e la mujer muerta en la calle de Silva Madrid 24, 12 noche. S i n poder decir en qué fundaban sus esperanzas y únicamente apoyadas en un presentimiento, por nada justificado, eran muchas las personas que esperaban el epílogo que ha tenido el crimen de que fué víctima Angela Díaz, en su domicilio, sito en la calle de Silva, número 7. L a presentación espontánea del autor del crimen, al que se suponía escondido er. un lugar de Madrid, se aguardaba como un hecho lógico y natural. Las esperanzas, como se ve, no han resultado fallidas. Él domingo, a las diez de la mañana, cuando l a escribanía del señor Ribas, del distrito de la Latina, se preparaba a hacer entrega del turno de guardia, se presentó en el Juzgado un hombre qlto, de constitución robusta y de tez broncínea, que. trataba de envolver en una bufanda negra su rostro, en el que se advertían las huellas del cansancio físico y de una gran pesadumbre. E l recién llegado vestía una americana y un pantalón oscuros. Las manchas de su traje y lo crecido de su barba denotaban los días pasados por las calles, vagando al azar. Se dirigió al cuarto de alguaciles, y encarándose con el del distrito de L a L a t i na, D José González, le dijo: -Q u i e r o ver al juez. ¿C o n qué objeto? -preguntó el a l guacil. -C o n el de entregarme a él. Soy Diego López, el autor del crimen de la calle de Silva. Y al decir esto rompió a llorar amargamente. Creyendo en un principio el alguacil que podía tratarse de un perturbado, le pidió la cédula; entonces, el que se presentaba, mostró un carnet de identidad, y ante tal prue- ba s e l e condujo al despacho del juez de: guardia. D i e g o confiesa su c r i m e n C ó m o conoció a Angela E n la A c a d e m i a Española. Recepción de d o n A n t o n i o R u b i o E l domingo, a las cuatro y inedia de la tarde, se celebró, en la Real Academia E s pañola, la recepción pública del nuevo académico catalán, el catedrático y escritor D. Antonio Rubio y Lluch. Fué muy extensa la declaración prestada por Diego, y sobre ella se guarda absoluta reserva, pero por su primera manifestación en la puerta del Juzgado y las deducciones que luego han podido hacerse, es fácil reconstruir los hechos sin temor a equivocarse. Diego López, que en la actualidad tiene cuarenta y nueve años de edad, hace seis o siete que conoció a Angela Díaz, en un café de la calle de la Paz, donde ella prestaba sus servicios como camarera. Contra todas las suposiciones formuladas con motivo de pete suceso, era Diego el que
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