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A B C. J U E V E S 27 D E M A R Z O D E 1930. E D I C I Ó N D ¿A N D A L U C Í A PAG. 7 si ur Tardieu en el centro y los ministros alrededor. E l espectáculo de esa fotografía me produjo una gran sorpresa. Nunca me atreví a sospechar que fueran necesarios tantos ministros para gobernar una nación, aunque se trate de una tan extensa como F r a n cia. ¿Cuántos secretarios, como se llamaban entonces los ministros, tenía Felipe I I a su lado para atender a los negocios de su i n menso Imperio? ¿Cuántos ministros le acompañaban y aconsejaban a Carlos I I I en su empresa de reinar ilustrada y progresivamente? E 11 cambio, alrededor del Sr. Tardieu se agrupaba una verdadera muchedumbre de ministros. L o que menos sumaban veinte. O treinta. Y es que los pueblos, como se sabe, van progresivamente encomendando al Estado todas las funciones que antes eran atendidas por organismos particulares, y el Estado, a su vez, tiende a acaparar cada día mayor número de atribuciones y compromisos. Pero la causa más grave está en la imponente d i latación del volumen de la vida moderna; en ese agrandamiento y complicación de una vida que parece lanzarse con un frenesí de demencia a todos los extremos imaginables. N o son, pues, exagerados los veinte o los treinta ministros que rodean a un jefe de Gobierno francés; llegará día en que puedan llegar a ser cincuenta, o quinientos, y no acierten aún, a pesar de su muchedumbre, a cubrir las necesidades de la creciente marejada de la paperasserie oficial. Entonces, si la dirección de un Estado moderno resulta tan angustiosa, ¿cómo es que una nación del calibre de Italia se presta a ser manejada por un solo hombre, un hombre absorbente, que no admite colaboradores de mediana personalidad a su lado y que se adjudica además el manejo de tres o cuatro carteras ministeriales? Pero ese es un caso de alta tensión de política a lo heroico, y no sirve, por tanto, para ejemplo. L a genialidad y el espíritu épico no es justo que se apunten en la nómina de deberes de un gobernante normal. Sin embargo, la profesión de gobernante empieza a presentar dificultades y riesgos que la hacen poco menos que inaccesible para los hombres vulgares. Cada vez se exige más al político: cada vez el hombre de tipo medio será más rechazado de la gobernación de un país. Desgraciadas las naciones que no se den cuenta de esta realidad: que la vida se ha complicado enormemente, y que hoy no es licito entregar la máquina del Estado a simples medianías. A un político que regresaba del destierro le hemos oído hacer por su propia cuenta la definición de su incapacidad para gobernar, la confesión de que su tiempo había pasado, de que su política de corte antiguo carecía de soluciones para la vida actual del país. E n vez de prohibir los discursos de las personalidades poéticas, yo permitiría, al contrario, que hablasen en los teatros y las plazas de toros, y sería un buen recurso para desacreditar a muchos falsos prestigios. D u rante mucho tiempo los españoles han dado el título de estadista a todo el que ha podido subir a una tribuna, a un escenario, a cualquier sitio, y s e ha dedicado a hablar largo y tendido mientras se golpeaba el pecho con vehemencia. Esta manera de ser estadista parece haber terminado resueltamente, porque la senté se ha hecho avisada v porque los problemas se multiplican y agravan constantemente. Pero si mañana resultase que, a pesar de todo, hay público en España para esos estadistas de los de rolpes al pecho y esos políticos de generalidades, el ridiculo no sería pequeño. H a y quien espera de Esnaña un gesto trágico, ciue por suerte no llega nunca; temaras al gesto ridículo, que siempre puede llegar. JOSE- M. SALAVERRIA PERSPECTIVAS Cartas al alcalde Ilustre señor: Pues me aseguran que esta vez tiene M a d r i d un alcalde moderno a él me dirijo; arriesgándome como espontáneo -al margen ¿ú Estatuto municipal- Espontáneo de Prensa, que ahorra ía fatiga de hacerse oír ante la Permanente, a lo largo de una sesión, bien merece benevolencia. Con ella cuento, para someter a su alto juicio impresiones de un vecino de Madrid, recibidas a la vuelta de sus viajes al extranjero. Afín hay cosas, señor alcalde, que al viajero de Europa que entra en Madrid causan extrañeza, y ese cuidado de apuntar ¡o chocante, lo inusitado, pudiera ofrecer, para la reforma- de nuestra villa, un programa de estudio. E n rigor, a esta impresión, recibida y comunicada, débense nuestros relativos progresos. A s i se hizo- -se está haciendo- -con el alumbrado; un poco abochornados, los ediles, de vuelta de Barcelona. Y antes, en 1028, los que fueron a París en viaje de estudio resolvieron el problema de la circulación; siendo ahora, por cierto, la de Madrid más perfecta (en París cortan sólo el tráfico de media calle, y, al atravesar, el peatón ha de jugarse l a vida) Sólo que, imitando, caímos en lo pintoresco, por desmesurado; pues, con excesivas señales l u- Oloroso LA R 1 VA Bodegas M. Antonio de la Riva y Cía. Jerez. Liras RÁPIDAS DE GRAN LUJO ESPAÑA AMERICA BARCELONA- BUENOS S abril: AIRES miñosas en tricolor, están iluminando M a drid a la veneciana. Así ha de hacerse, si vuecencia me permite opinar, con todo lo que al ojo habituado a la vida urbana de las grandes urbes choque o disuene. Ejemplo, ese tránsito rodado; que al vecino de Nueva Y o r k de Berlín o de Londres, de paso por Madrid, deja estupefacto. Aludo al deplorable espectáculo de las reatas que, tropezando con ellas en la carretera (y pronto darán cuenta dé las costosas pistas y firmes especiales) el turista por E s paña vuelve a encontrarse en plena calle de Alcalá. P a r a mí, tal es el más urgente problema de tránsito por Madrid y del turismo en España. E n vano gobernadores y alcaldes, reiteradamente, prohibieron el carro de varas, que ahina el peso de la tara máxima sobre los dos puntos de contacto de sus ruedas, abismando el pavimento. Cuantos plazos se dieron en bandos v órdenes para su transformación (añadiendo un avantrén) burlados fueron por eses influyentes ancestrales del tráfico. Con su tiro de muías delante y una detrás, obstruyen el paso en nuestras cal les; pero lo inaudito, señor alcalde, es que se consienta a los carreteros avanzar por el encintado, a pretexto de conducir un vehículo que puede dirigirse desde arriba. L a violencia y cuidado de quien conduce autos para no atrepellar (lo que sucede, con todo) bien pudiera evitarse. A su gran experiencia de viajero invoco, para instarle el recuerdo de si vio cosa por el estilo en ninguna ciudad del mundo. Sus caballerías hacen preciso el servicio permanente de limpieza en las calles, mientras ellos ensucian nuestros oídos con la freza abominable de sus blasfemias. Y a sé que abuso, señor alcalde, de su bondad con esta carta mía; pero permítame- -todavía- -que invite a su múltiple atención, ofreciéndole ahora el apunte diurno de esa Puerta del Sol, con sus hostigadores ambulantes, que simulan vendedores gritando, plantados entre la corriente del público (y no junto la pared) sin contar los bancos de moluscos sesteadores, adheridos a las barras del Metro, que hacen de. ese paraje i n deseable la estampa de un zoco marroquí. Y bien sabe vuecencia que ninguna capital de Europa exhibe a sus mendigos decorando las gradas de los templos; por todo lo cual urge su recogida, sin contemplaciones, que para su sostenimiento el Estado creó nada menos que un impuesto, el de hospedería (con los fondos que llevan encima pudiera sostenérseles, en pensión forzosa, durante meses o años) Déjeme ya decir, con su venia, señor a l calde, que Madrid no cabe, en, Madrid, y que resulta vano todo celo por el reglamento de la circulación mientras la dirección única sea de rigor para los vehículos y se consienta en dirección contraria avanzar uno a más vagones de ferrocarril- que tanto monta decir tranvías- Con su vía rígida, son inadaptables a las sinuosidades del tráfico; ocupan enorme espacio de la vía pública; se acumulan, por accidentes oí- irregularidades del servicio- -a veces- hastaUreinta y cuarenta coches en la víá marchan con una velocidad menor que los automóviles y mayor que los otros de tracción de sangre; en una palabra: estorban y matan el tráfico. Así fueron rechazados de tqdas las calles céntricas de las grandes urbes, quedando relegados a las secundarias, en su preciosa misión de enlazar, con el casco, el radio y extrarradio. ¿A qué. si no, haber, construido el Metro? DUILIO 27 a b r i l GIULIO CESA 11 B A R C E L O N A- VALPARAÍSO (Vía Panamá) 8 abril: i f COLOMBO A g e n t e s generales en E s p a ñ a Sdad. I T A L I A- A M E R I C A BARCELONA MADRID Rambla Santa Móniea, 1. Alcalá, 45. JARABE CHELVI cura tos, catarros, fatiga, gripe. 4,15 ptas. Mucho tendría que decir aún de las caites tortuosas, que dan a Madrid un aspecto equívoco de gran urbe, abriéndose paso por entre una villa principal: del fastidioso y cómico riego con mangas, desusado en él mundo; da
 // Cambio Nodo4-Sevilla