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Bi. eoo S 6.98 e REPARACIONES GARANTIZADAS O S CUBIERTAS Y C Á M A R A S Todos los que deseen formar su biblioteca y pagar su importe al contado o a plazos diríjanse al INSTITUTO REUS PRECIADOS, 23, MADRID. TELEFONO 13619. Regalamos Catálogo de Literatura, Medicina, Derecho, etc. SURTIDO GOYA. S 5 GOYA ESQUINA. GENERAL. PORL. IER MADRID FfMCAS rústicas en toda España, compro. J. M. Brito. Alcalá. 94. Madrid. M A T E R I A L Y PRODUCTOS WORTHINGTO MUCHOS LES NINGUNO LES APARTADO 372 IMITAN IGUALA MADRID U N A peseta en toda España. Y Incubadoras, criadoras y demás material moderno, PRINCESA. 38. -BARCELONA AVICULTURA PARA LA tosícola POLLITOS HERiOSSS 88i B S obtendrá usted empleando las incubadoras CHAMPION de Hearson, que son las mejores. Cesionarios de W. Foley, Arrieta, 12, Madrid, y Avenida de Alfonso XII, 16, VALLADOLID. macan 432 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO D E MADRIGAL) m cólera Gabriel de Espinosa- ¿A quién he suplicado yo? ¿A quién he rogado yo más que a Dios? ¡Voy a prender- -dijo sombríamente y como pretendiendo doblegar a Gabriel de Espinosa don R o drigo- -a esa princesa, a esa dama, a esa mujer misteriosa que. os acompaña, que cría a una hija vuestra, que lleva en su seno un hijo vuestro I- ¡B a h! -d i j o con desprecio Gabriel de Espinosa- ¡V o s alcaldillo! E l mismo Rey don Felipe, vuestro amo, puede menos que vos, que es cuanto hay que- decir, en d a ñ o d e esa señora. -I L o veremos! -dijo irritado el alcalde. -Ya lo veréis- -dijo sonriendo de una manera despreciativa Gabriel de Espinosa. -Oíd, pastelero, Rey o demonio- -exclamó fuera de sí Santillana, adelantando con los puños crispados hacia Gabriel de Espinosa, que sostenía su sonrisa despreciativa- voy a trataros como a una persona real puesta bajo mi jurisdicción, por órdenes supremas del Rey... nuestro señor... pero sabedlo: ¡y o os ahorco! -Pues peor para vos, don Rodrigo; porque al ahorcarme a mí os ahorcaréis el alma y moriréis de espanto ahora, por último, dejadme libre de vos, o me echo a dormir en un r i n c ó n que en peores lechos que el pavimento dé este encierro he dormido. -Quedad con Dios, pastelero, y hasta otro día. E l alcalde se acercó a la puerta y llamó a ella fuertemente con su vara. E l tiempo que tardó en llegar el alcaide, don R o drigo estuvo vuelto de espaldas a Gabriel de E s pinosa, frente a la puerta. Gabriel de Espinosa se puso a pasear a lo largo del calabozo como si hubiera estado solo. Cuan- do l a puerta se abrió, el alcalde salió; sin volver, siquiera la cabeza para mirar a Gabriel. E l alcaide cerró. Don Rodrigo bajó las estrechas escaleras de caracol murmurando: -Este hombre no puede ser otro que el Rey don Sebastián, o tiene el diablo en el cuerpo. D o n Rodrigo de Santillana volvió a su casa haciendo correr mucho más a Tribaldos que cuando se trasladó de sú casa a la cárcel. ¡MartaJT- -dijo a su ama de llaves- Haced flue y que estoy de muy mal humor, de un humor de los diablos, porque estoy preso y se me trata muy mal, ¡Y cómo queréis que se trate a un hombre a quien se prende por indicios de hurto? -Y a sabéis, Santillana- -dijo Gabriel palideciendo de cóiera- que yo puedo haber cometido todos los delitos del mundo; pero yo no puedo ser ladrón, ¿Y de dónde os han venido las alhajas que os ocupé, y que por lo ricas y por estar, entre ellas prendas de Rey no puede poseerlas un pastelero? -Ya he dicho- -contestó con suma impaciencia Gabriel de Espinosa- -que esas alhajas no son m í a s que me las ha dado para venderlas la señora doña A n a de Austria, que bien puede tener alhajas de Rey, a quien sirvo y a quien debo una confianza que me honra. -Dicen que lar servís tanto, y que tanto os honr a y con tal confianza os trata la señora doña! A n a de Austria, que vais secretamente a verla con un fraile, cuando ha pasado la media noche, y no ¡salís hasta pocq antes de amanecer. ¡V o s también creéis en esas murmuraciones de pueblo, y así os atrevéis a la buena fama y al decoro de una dama, que, a m á s de ser religiosa, es Isobrina del Rey don Felipe! ¿P o r qué no decís del Rey nuestro señor? -Porque para que me entendáis, basta con qué He llame el Rey don Felipe; pero si esto ha de aumentar la manía que tenéis de que soy un gran (personaje, llamaré desde ahora, a boca llena, al Rey; don Felipe el Rey nuestro señor. -H a r é i s bien; escuchad ahora una buena notic i a por ladrón os p r e n d í pero ya sé que no sois lladrón, y no os juzgo como ladrón, sino como reo ¡de otro crimen. ¿De qué crimen? -preguntó siempre sereno, siempre altivo y siempre dominador Gabriel de Espinosa. -Del crimen de traición. ¡Traidor yo! -Y el semblante de Gabriel de Espinosa, y sus ojos ¡y su ser entero, dejaron ver una expresión feroz de amenaza. -Sí- -dijo el alcalde- traidor, reo ds lesa majestad.
 // Cambio Nodo4-Sevilla