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MADRID- SEVILLA 28 D E M A R Z O 3 930. SUELTO DE NUMERO 10 C T S PÍE S A N S E B A S T I A N S U g C W P C T Q N F s V CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGEO S I M O SEXT N. 8.503 ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE REDACCIÓN: P R A D O ABC ¡la revolución y del presente en Rusia. Sabíamos tanto de ese historial sangrienDe una vida to, y, sin embargo, ¡qué de sucesos descoDesde ia victoriosa paz de Versalios no nocidos nos muestra el sacerdote! Y es la se notaba en Europa ei desarreglo y la in- figura de él y su historia lo más destacado en toda su campaña. quietud de estos días. Nacido en Rusia, de noble familia muy Sepáranse los Estados que combatieron juntos; la Conferencia naval de Londres, poderosa, sirvió en la Guardia del Zar, para una de las cuantiosas que nada han decidi- la cual se elegían los oficiales, no sólo de do de hecho para la paz del mundo, pone de abolengo, sino también de tipo gallardo y relieve el imperialismo italiano, y, en gene- de exquisita, mundanidad. ral, Alemania, Francia, Inglaterra, hasta los E n la sociedad aristocrática de PetersEstados Unidos, hállanse en. depresión eco- burgo tenía puesto relevante el militar; penómica, unos por exceso de oro, otros por leó en varios frentes de la campaña, siendo falta de él... once veces herido, y al advenir la revol. U; E n este sector norteño política y econo- cíón, y al frente de una división cosaca, fué mía, todo va muy mal, y se tiene la impre- intimado, con sus oficiales, para que entresión, observando lo que sucede aquí y allá, gara las armas o sirviera al Ejército reque los Gobiernos y los políticos, ensañán- belde. E l general no vaciló ante tal alternativa dose con sus contrarios interiores, no cierran con cerrojos y llaves las puertas a las de infamias, y mandó colgar a los. tres coavanzadas comunistas. ¿Quién puede hoy misarios que venían a desarmarlo. Ordenó a dudar del estado monstruoso en que se en- sus tropas que se dispersaran inmediatamencuentra Rusia? Y sin embargo, en España te para concentrarse en Crimea, donde se todavía no se aprecia el horror de lo que iniciaba ya el levantamiento de los rebeldes, allí sucede. y él; con un grupo de oficiales, huyó; pero E l peligro del incendio ruso, aue parte de copados, y antes de matarlos, en ellos se ennuestra intelectualidad contempla cual ho- sañaron los rojos, rompiéndoles las carnes, guera puríficadora de las injusticias socia- pero sin rematarlos, para que no cesaran de les las declaraciones del comunista Pestaña, sufrir. Vigilaban los cosacos de Lesnobrodsal volver de Ku ia desengañado de cuanto ky, incendiaron la prisión y salvaron a los v i e r a las noticias aparecidas en la Prensa, condenados reveladoras unas del desvarío gubernamental bolchevique, y otras idealizándolo hasta disculpar, en gracia a la redentora ideolog í a comunista, las. execrables armas de la depravación del niño y el asesinato como elemento de orden; todo esto, v más. no ha formado estado de opinión profunda, y... nos divertimos en algaradas y en frivolidades del lujo y de la vanidad. Pero ahora acaso despierte a los indiferentes y sacuda las conciencias la voz, la palabra, las afirmaciones y la acusación máxima del Padre Santo, quien, sufriendo desde hace años con el dolor de cada uno de sus hijos, ha visto llegar el momento de hablar al mundo y pedir a todas las criaturas de buena voluntad únanse en una oración en demanda de misericordia para los perseguidos de Rusia, y que sea a l a vez para ellos luz de esperanza y auxilio- espij ual en el martirio. Las palabras del Santo Fadre contienen, con la demostración del sistema bolchevique, y su furia antirreligiosa, avisos a las naEL GENERAL LESNOBRODSKY ciones y a los individuos, que deben oponer en cruzada de defensa social virtudes, abnegación, la fuerza invulnerable del alma creL a fuga a través de estepas, vadeando yente a la herejía y a la persecución de los ríos, y en encuentros con los rojos hasta su cristianos. encuentro con los cosacos fieles, así como Los medios de antipropaganda comunista las hazañas de una nueva campaña, son aquí no sabemos la eficacia que tienen, pues aventuras de epopeyas, mezcladas por moen todos los países donde existe representa- mentos a coincidencias que pueden tenerse ción diplomática de los Soviets, los Gobier- por sobrenaturales. nos han de contemporizar con los embajaAños de inenarrables hazañas y sufridores y ministros. mientos no dominaban el temperamento dei Privadamente se hace algo, pero nada tan soldado; pero algunos de ellos los evoco fuerte e impresionante como la actuación de como revelación despertadora de su fe. Fuerun hombre extraordinario, el general rttsoj te, airoso, modesta la actitud, llena y sonora Lesnobrodsky, que viste la sotana del cura j la vo tiembla y nos emociona al oírle: católico. f Cuando perdí a l Zar me parecía quedar j Desde su parroquia la diócesis vilense, E N F R O N T E R A S ¡y recorriendo- capitales en pueblos, dando cony lerendas, demuestra con documentos y heESLAVAS ¡chos probados los anales más horrendos de solo en Rusia, vacía... perdí mi Patria, me mataron un hijo de tres años... Pasa su recia mano por la frente- -que atraviesa honda cicatriz- -el general moscovita, y nos conturban y nos interesan ios EL SACERD 01 E LESNOBRODSKY motivos que trajeron al soldado alcurniado e inquebrantable a la humilde parroquial, dé una aldea, Vilenza, en Polonia. SOFÍA CASANÓVA Inowroclaw, marzo, 1930. LA MUJER, EL MARIDO Y EL GANSO La justicia del jurado Ante una de las Salas de lo Criminal del Tribunal del Sena acaba de celebrarse la vista de una causa por parricidio. U n a señora cincuentona, madame Desotrat, a quien su marido había adiestrado en el manejo de la pistola, aprovechó las lecciones conyugales para descerrajar dos tiros a su propio cónyuge. E l incauto profesor quedó muerto en el acto. Y la viuda compareció ante esos magistrados de París, que ya deben considerar esta clase de homicidios con una resignada filosofía, toda arrepentida y llorosa. E l hecho no merecería ni dos líneas de comentario si no resultase que su autora era persona tan sumamente bondadosa, que en todo el barrio de la banlieue, donde residía, gozaba de una reputación franciscana. -Sabemos- -la dijo el presidente- -que amaba usted a los animales. -Cierto- -asintió, compungida. -Tenía usted varios perros, una cabra, una porción de gatos y de aves, a los que trataba con singular cariño. Uno de los testigos refirió una historia que hasta en un cuento infantil parece i n verosímil. Y era que la procesada, habiendo comprado una vez un ganso con propósito de comérselo cuando lo hubiese engordado, le tomó tal afecto, que no se atrevió a ma-
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