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ABC. VIERNES 28 D E M A R Z O DE 1930. E D I C I Ó N DJS A N D A L U C Í A PAQ. 7 ido q u asegurar que, en arte, no hay escuelas, sino artistas; o que, en justicia, no hay crímenes, sino delincuentes; ni derechos, sino litigantes; o que, en la misma filosofía, no hay doctrinas que valgan, sino pensadores, que sueltan la secreción especulativa que se produce en sus entrañas, como el poeta lírico suelta su canto o suelta su tinta el calamar, significa abandonarse a las corrientes de un relativismo gracias al cual se da alguna vez en lo justo, mas por cuya; culpa se hace casi siempre imposible ver claro. P e r o v e r claro es la única garantía objetiva posible de dar en lo justo E n aciertos que el conocimiento no regula puede esperarse siempre, a condición de no contar con ellos jamás. Fie aquí el doctor, a la cabecera del paciente. U n poco de embriaguez, un poco de inspiración y de adivinación serán necesar i o s esto es lo que se llama, ojo clínico captación intuitiva de lo particular. Pero ver no basta; es necesario, además, recordar y prever: es necesario comprender, en una palabra. Y comprender no es sino comparar un caso con un tipo, recoger la fluidez de lo real en un molde ideal, la embriaguez de la anécdota en la copa fija de lo categórico. Entonces la inspiración, el ojo clínico no bastan. S i bastasen, los curanderos serían siempre preferibles a los doctores. Quien asegure que en Medicina no hay enfermedades, sino enfermos ha de concluir lógicamente que en Medicina no hay médicos, sino saludadores. Siempre cito, a propósito de cuestiones semejantes, aquella palabra de Bernardo P a lissy: S i la agricultura es llevada sin filosofía, eso equivale a violar cotidianamente la tierra con todas las substancias que ella contiene Naturalmente que Bernardo Palissy no quería dar a entender con eso que los agricultores tengan que escribir tratados filosóficos. Tampoco yo, al proponer la filosofía como la preferente condición que, al lado de sus conocimientos profesionales, ha de poseer el médico, cometería la locura de ponerme a desear nada semejante. L o común es que los tratados de filosofía escritos por los médicos son tan detestables como los que escribirían- -de interpretar torcidamente el aserio del artesano genial- los labriegos. A L M A R G E N D E U N CURSO. -Ignoro si voluntariamente el curso de literatura alemana que en nuestra Universidad da el doctor Petriconi, de Francfort, es también una importante contribución al centenario del Renacimiento. Su tesis es que los llamados clásicos alemanes... son también románticos. Pero, de los mismos clásicos griegos, y no hay que decir si de los romanos, ¿no se averiguó hace tiempo la misma cosa? Sospecho que descubrir el fondo romántico de un clásico cualquiera equivale simétricamente a reconocer lo que hay de hombre en el santo o en el héroe, o lo que hay subsuelo de memietud en cualquier alcázar de serenidad. Y en suma, lo que hay de Naturaleza e n l a Gracia. Quizá ocurra que, en este punto, lo que decide su voluntad. Será clásico aquel que quiera ser clásico L a voluntad de nobleza ya es, por sí misma, ennoblecedor a escribió un día un poeta nuestro, un radical romántico precisamente, Juan M a ragall. Así, en el arte, en la poesía, la voluntad de perfección. EUGENIO D O R S LOS PREMIOS N O B E L D E 1929 E l de Luis de B r o g l i e Hace pocos años, Mauricio de Broglie, del Instituto de Francia, escribía lo siguiente: L a física de las radiaciones no responde aún, en los actuales momentos, a nuestras tentativas de síntesis única P a r a comprender bien esta afirmación y las investigaciones a que dio origen, y que resumiremos después, será preciso recordar cómo los físicos veían entonces el interior de los cuerpos. Siempre que alguna teoría ha ofrecido dificultades para la explicación de fenómenos relativos al átomo, a la propagación de las ondas electromagnéticas, a la distribución de la energía en determinados espectros, etc. se ha debatido ardorosamente sobre la disposición íntima, textura o constitución de ía materia. H o y renacen estas i n teresantísimas disquisiciones con el fuego de las viejas polémicas filosóficas; pero los i n vestigadores modernos convienen en considerar los cuerpos como agregados de partecillas minúsculas llamadas moléculas, las cuales, a su vez, se componen de sutiles corpusculillos a que se da el nombre de átomos (partículas indivisibles) E n los cuerpos en que no se ha podido reconocer sino una clase de materia, una sola substancia (cuerpos simples) nos imaginamos las moléculas corno reuniones de Las caprichosas ráfagas del viento primaveral o del otoño no son únicamente una molestia, sino también una amenaza constante a nuestra salud, pues las nubes de polvo que levantan son el vehículo que esparce por doquier todo género de microbios. Para combatir la acción nefasta de los gérmenes que el polvo introduce en nuestras vías respiratorias empleemos las pastillas de F O R M I T R O L que. al disolverse lentamente en la boca al contacto con la saliva, desprenden formaldehido al estado naciente y anulan la acción de las bacterias sobre las mucosas. Tenga usted siempre a mano un tubo de pastillas de F O R M I T R O L para combatir resfriados, anginas, dolor de garganta, g r i pe y prevenir las infecciones que tienen su puerta de entrada por la boca. Se venden en todas las farmacias y droguerías de España. Fabricantes: Doctor A Wander. S. A Berna (Suiza) HOMEOPATÍA Materia m é d i c a Kent. completa. 60 ptas. Pedidos a su traductor. Dr. H e r n á n d e z Jord á n Gta. d é S. Bernardo, 4. Madrid. T r a tamiento de tuberculosos y cancerosos. Confederación Sindica! Hidrográfica del Guadalquivir C O N C U R S O X Ü M 17 Se saca á concurso la venta de dos cablesg u í a s de la Casa Mechanical Transportes Bleichert y C o m p a ñ í a instalados en las obras del pantano del Tándula. L a Gaceta de Madrid del d í a 21 del actual publica el anuncio y modelo de proposición. Lea. V. mañana f BG átomos de la misma naturaleza e iguales entre sí: son moléculas de composición homogénea. U n centímetro cúbico de hierro es un agregado de moléculas del mismo met a l y una de estas moléculas, cualquiera de ellas, es un conjunto de átomos de hierro. E n un metro cúbico de hierro, y en una molécula de hierro, no hallaréis más que hierro; el hierro es un cuerpo simple. Ahora, en los cuerpos resultantes de la combinación de dos o más substancias diversas (cuerpos compuestos) la molécula es una reunión de átomos de estas distintas substancias. P o r tanto, dichos átomos son entre sí de naturaleza diferente, y claro es que la molécula resulta de composición heterogénea. Por ejemplo: el. oxígeno, el h i drógeno y el azufre, en los cuales no se ha podido descubrir hasta ahora, separadamente, sino una sola clase de materia, son cuerpos simples, de modo semejante al hierro; sus moléculas contienen una sola clase de átomos, Pero una determinada combinador, de estas tres substancias simples produce el ácido sulfúrico (aceite de vitriolo) y las moléculas de este último cuerpo compuesto son un conjunto de átomos de los tres simples, oxígeno, hidrógeno y asufre; los cuales, para componer el aceite de vitriolo se combinan en la proporción de cuatro átomos del primero, dos del segundo y uno del tercero; así la molécula del ácido sulfúrico se compone de siete átomos de, tres substancias diferentes. Pero los físicos han podido comprobar su presunción, ya hace años alimentada por la complejidad que presentan las rayas espectrales ele los gases incandecentes simples, de que el átomo no es término último de división de los cuerpos materiales; el átomo se disocia, se descompone en otros elementos, cuya visibilidad no ha podido conseguirse ni aun con ayuda de los más poderosos- medios de observación. Dichos elementos consisten en un núcleo material (protón) y una especie de atmósfera o capa de electricidad (carga eléctrica) que puede estar constituida por uno o varios electrones. L a idea de que un solo electrón o a l gunos de ellos puedan formar una capa a l rededor de su núcleo, sería incomprensible si considerásemos inmóviles tales elementos del átomo; pero l a idea se aclara cuando imaginamos que esa envoltura o atmósfera se produce por el movimiento y la velocidad del electrón. U n aro nos da una imagen de la circunferencia; mas si le ponemos derecho y le hacemos girar rápidamente alrededor de la vertical que pasa por su punto de apoyo, la imagen que se ofrece a nuestra retina es la de una superficie esférica. Los electrones giran alrededor del núcleo en órbitas más o menos elípticas, de iriodo semejante a un punto del aro o a los planetas alrededor del cuerpo central (Rutherf o r d) y la enorme velocidad con que se mueven cierra sus órbitas y las materializpn en una superficie elíptica continua. E l electrón, prescindiendo de velocidades, viene a ser como l a hilera de un gusano de la seda, que, arrojando una hebra continua de baba de 200 a 500 metros de longitud, (la seda del capullo es un hilillo de baba que suelta el animal, y que se solidifica en cuanto sale de la hilera y se pone en contacto con el aire) viene a cerrar una superficie más o menos elíptica, deprimida hacia el centro, como la cascara de un cacahuete. Los electrones pueden girar alrededor de sus núcleos en órbitas particulares (órbitas estables) pero este movimiento no es origen de ondas electromagnéticas sino cuando las órbitas descritas son inestables; cuando el electrón pasa bruscamente de una órbita a otra, perdiendo energía (Bohr)