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N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGESIMO g SEXTO. ABC N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOfc t SEXTO. IGLESIA D E SAN MARCOS Las grandes ciudades de Europa. UE bella ciudad no fué comparada a una mujer hermosa, desde Roma, la matrona de los pechos próvidos, a París, rubia y frivola; desde Jerusalén, la novia dulce y blanca, a Viena, la soñadora; desde Gadex, que baila frente al mar al son de los crótalos, hasta Sevilla, morena y graciosa... Y, sin embargo, de ninguna como de Venecia podría decirse con tanta exactitud que tiene el espíritu femenino y tiene las líneas frágiles y ondulantes, como las de un cuerpo de mujer joven y bella. Yo la veía, en esta mañana de enero, aún lejana, entre las brumas del Poniente- Sur. Bajo nosotros iban pasando los valles del Trentino, velados de niebla; sólo los picachos coronados de pinos rompían, con los mil alfilerillos de las copas puntiagudas, el cendal gris. Parecían gigantes que. asoma- VE N EC I A Q ran su rostro barbado por un jirón de su tienda y elevaran hacia el cielo el índice de su más alto abeto, para señalar nuestro vuelo; pero enlre el brillo sinuoso del mar distante se veía la ciudad, recostada en la ribera con gesto indolente, adornada de sutiles encajes de bruma, que no ocultaban sus encantos, sino que los avaloraban, porque los ofrecían antes al pensamiento que a los ojos, para que el pensamiento completara con sueños lo que a los ojos se les había vedado con cendales. Se nos ofrecía Venecia, entre velos tenues y frente al mar, como aquellas cortesanas de Corinto que esperaban la llegada de los ricos nautas venidos de Cretas, la de los vinos generosos; de las verdes islas Eolieas, desde dónde llegaban el viento, el oro y los perfumes, y de Marsalía, la distante, y de Tiro, la magnífica, cuyos hombres morenos eran espléndidos y apasionados... Se nos ofrecía como una cortesana, siempre acogedora, y bella siempre, a través de los años y de los siglos; Niñón, más milagrosamente joven que Niñón misma. ¿Qué otra ciudad puede compararse con justicia mayor a una mujer hermosa que la reina del Adriático... Reina de belleza espléndida y corazón frágil, diosa más jue reina; Venus salida de la espuma del Océano y, como Venus, codiciada por todos los apetitos; y, como Venus, débil, dulce e inconstante. Cortesana como todas las cortesanas; en su infancia, turbulenta; en su juventud, imperiosa; en su madurez, esclava. Yo he leído en Dufour que las hetairas del Oriente lejano, en las ciudades que miran al mar de Jonia, venían a la playa para contemplar el vuelo de las palomas. Eran palomas que sus amantes marinos traían
 // Cambio Nodo4-Sevilla