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LA TORRE D E L ORO, VISTA DESDE TB. IANA rado de movidas figuras los techos ahumados de incienso y ha combinado óleos fuliginosos con suntuosos oros y estucos del siglo xvii. L a música, los predicadores, la ópera van a tener sus insuperables escenarios. Carnavales devotos y patéticos van a desbordarse por canales o plazoletas. L a vida privada va a tener un carácter único, y se va a convertir en un tema literario de primer orden: la comedia, la novela, los madrigales románticos, el teatro de novias, los Quintero o Carlos Goldoni. Mayor castidad en Sevilla, que, sobre marinera, es labradora; mayor fidelidad y mayor sentido caballeresco, honrado y popular de la historia. No la cenagosa laguna muerta, sino el vivo río, la ubérrima llanura en torno a Sevilla. Y en todo el rostro de la ciudad, bajo el cielo de seda, el rostro cegador de blancura y arrebolado de rosas. Si subís al campanile de San Marcos veréis una Venecia negra y fea, porque es desde el cielo desde donde se ve lo vicioso y precario de la escenografía veneciana. Pero si subís a la Giralda, Sevilla es divina. Así la ve desde los cielos el Santo Rey Fernando. Desde la torre alta la veis como una eterna primavera, candida bermeja. Su blancura no es la cruda blancura árabe. Es una blancura cristiana, donde florecen los rosales de España. A l fondo el río y la llanura, el lujo naval y el lujo ganadero, que han creado el rumbo sevillano y lo han cimentado en la riqueza agraria de pan, vino, aceite, huertos y naranjos, en la feracidad para cantada en el latín dé San Isidoro o en el verso de ias églogas. Esta es la tierra que ha dado lo que otras entre las mayores hijas de ORorna no han dado: Emperadores. E l amanecer imperial de España despunta por Sevilla, y este carácter imperial es como el sello augusto de sus gracias, como la corona ajustada a la ciudad piadosa, feliz, ínclita, victoriosa y triunfante. E l único pagano a quien Dante ha puesto en el cielo es Trajano Hispalense. Acaso este es el mejor atisbo de la cristiandad imperial de Sevilla. Hética- fué para Roma lo que para Sevilla las Indias. L a alumna se hizo maestra y la esclava reina. E l apogeo de Sevilla, como el apogeo de toda ciudad europea- -llámese Londres o ¡París, Viena o Bizancio- no consiste sino en proseguir de una u otra manera la historia de Roma. Sevilla la lia proseguido. Ella centralizó la potencia colonizadora, la potencia más romana de las Españas, durante más de dos centurias. Las orillas del Guadaíquivir, para dominar el Atlántico, fueron como las orillas del Tíber para dominar el Mediterráneo. Y- por eso, no tanto la lengua de Castilla cotilo la misma lengua de Sevilla, fué la que se esparció por las Américas con un inconfundible dejo meridional. Y por eso en el cielo de Sevilla, má- í que en el cielo de Castilla, empieza sobre palmas y vergeles un camino azul que va al hispano paraíso de las Indias occidentales. LAS COLUMNAS D E HERCULES RAFAEL S Á N C H E Z M A Z A S
 // Cambio Nodo4-Sevilla