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VERDADES Y MENTIRAS o habremos exagerado la crueldad de N e r ó n? N o se nos habrá ido un poco la mano al describir los horrores del circo de Roma? Son preguntas que brota espont á n e a m e n t e al contemplar el espectáculo que ofrecen esos alumnos de una escuel a de Bellas A r t e s de California, que copian del natural las actitudes de un león, dentro de su propia jaula. Se comprueba una vez m á s que el león no es tan fiero como io pintan o como lo d i bujan. V e d la tranquilidad admirable que revelan esos artistas: una serenidad casi indiscreta y ofensiva, porque hasta ia extravagante indumentaria con que están vestidos y que les da un cierto aire de murga gaditana constituye un ultraje a la majestad. del rey de las selvas. L a pintura, como l a música, amansa a las fieras. Puede que también la poeD e modo que el león debiera ser socio honorario del Círculo de Bellas Artes. Se queda uno en l a duda de si sería un acto de cordialidad internacional poner en los corrales de l a plaza de toros unos cuantos caballetes de pintor, sin barreras ni burladeros, e Invitar a esos pintores de California a copiar de natural las actitudes y los modales de los toros de lidia. Con ese entrenamiento a d q u i r i r í a n un pulso tan firme, qqe luego podrían retratar a cualquier potentado de l a tierra, aunque fuera uno de esos que arrojan por l a ventana al que viene a pedir l a mano de su hija, según los caricaturistas. N o menos serenidad requiere este dentista que está urbanizando y pavimentando l a boca de un hermoso perro, atacado de dolor de muelas. Porque siquiera al león no 1 c duele nada; pod r á dolerle moralmente que en los retratos le saquen menos guapo de lo que él es, en tanto que al perro sesmamente le m o r t i fica ese escariador eléctrico con que los dentistas tocan la carraca dentro de las muelas de un cliente. E l dueño del perro, un millonario caprichoso, ha confiado a su N ¡C U I D A D O CON LA P I S T U R A! propio doctor l a cura d e l a n i m a l farece ser éste un caso de intrusismo en v e t e r i nari a, a menos que la noticia haya llegado a nosotros desfigura da y sea a su propio veterinario a quien ha dado ta! encargo. -Y ya puestos a c o m e n t a r fotografías de protagonistas zoológicos, ved esas jaulas de loros, c a c a t ú a s cotorras, etc. remolcadas por un honrado g u a r d i a que c o n d u c e esos b i chos a una E- Ap o s i c i ó n de p á j a r o s S e t r a t a de candidatos de postín, a s p i r a n t e s al primer premio, y se dejan conducir tranquilamente, sin l a menor protesta, como s i t a! cosa, o, para decirlo de un modo m á s actual, como psi- trd- rosis. Curiosa e n s e ñ a n z a la que se desprende del examen de los acontecimientos de que clan fe estas fotografías. De. un lado se nos muestra la excelsitud de las bellas artes, logrando el éxito sorprendente de amansar y dulcificar a las ñ e r a s de otro lado encontramos el triunfo glorioso de la ciencia, que consigue dominar y aplacar las iras de un animal justamente enfurecido por el dolor físico, y, finalmente, nos topamos cor. la autoridad, con la pobre autorid a d que. m á s modesta en sus aspiraciones, se siente satisfecha con encerrar v conducir a unos animaleios, sin m á s arma que su pico, y que s e ñ a n ios m á s diCTios de respeto y consideración por cuanto el Supremo Hacedor les otorgo el gracioso don de la palabra. KAMIRO MERINO (Fotos Ortiz, KeistoiK- y F o x) 1 A. L O R Ü i