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A B C. D O M I N G O 30 D E M A R Z O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 26. por creer que contagias tu tontería a la cá beza en que te posas. El velillo de tul. ¡Que se cree usted eso... Por lo pronto, no soy un tío hinchado de vanidad como usted. ¡Hijo de mi vida... N i que fuera usted el pavo del corral, a quien todo el gallinero tiene que rendirle homenaje. El sombrero de Francia. -He nacido etí París... El velillo de tul. ¡Y a mí qué... Como si hubiera usted nacido en la China. También habré nacido yo en alguna parte y ya ve usted que no hago cuento de mis conocimientos geográficos. El sombrero de Francia. -Me indigna bí insignificancia, tu pequenez. El velillo de tul. -Paciencia y resignarse como yo me resigno. Claro que yo voy a la. iglesia y escucho los sermones, donde predican la continencia y la resignación. En cambio, usted va de teatros y de fiestas. Y ya ve, ni siquiera le envidio. El sombrero de Francia. -Porque hueles a pueblo que apestas. El velillo de tul. ¡Hay que ver... ¡Y que esto lo diga todo un señor republicano... ¿Qué pensará Mariana si se entera... El sombrero de Francia. -Bueno: te desprecio y me marcho. Vete al diablo, miserable pobrete. El velillo de tul. -Vaya usted con él, grandísimo señor. -Gil de Escalante. A la Corte han llegado de Sevilla él marqués de la Habana, D. José María de Ybarra y D. Manuel y D. Salvador Benjumea. De Madrid ha salido para Sevilla ¡dori Manuel Espejo Martínez. Han salido para París los marqueses dei Luca de Tena. íijador Goiaina Argentina, que mantiene intacto, el peinado contra todo tiempo j contra todo viento (1) LA D A M A MADURA. -No, p o r q u e ese fijador lo usan todas las personas. elegantes de E u r o p a y A m é r i c a L A D A M A MEDIANA. ¡Menos mal! LA D A M A MADURA. -P e r o en cambio, siempre que m í esposo me h a b í a de que su tipo es moreno y de. ftue no puede ver a las ru bias, me abstengo de hacer, indagaciones, por si. hay u ñ a rubia en su. camino. L A DAMA MEDIANA. ¡Acabarás p o r intranquilizarme! LA DAMA J O V E N ¿E s que tu marido detesta o dice detestar a las blondas? LA DAMA MEDÍ ANA. -A las blondas, no; pero Stai las gruesas. L A DAMA JOVEN. ¿Y; qué? L A DAMA MEDIANA. -Pues, que me estoy acordando de una viudita que acude a su bufete con elpretexto de una t e s t a m e n t a r í a y que, sin ser fea ni mucho menos, pesará sus cien kilos bien corridos. LA D A M A MADURA. ¡V a m o s algo así como lo que peso yo... L A DAMA MEDIANA. ¡No exageres, mujer! L A DAMA MADURA. ¡T quién me iba a decir que aquella, m e c a n ñ g r a f a flaca e insignificante... (1) Precio, 2 ptas. 2,50 setas, 3,40 y 5 ptas. pe- pos, y París es la Meca de las mujeres. Desengáñate; entre tú y yo media un abismo. El velillo de tul. -No existen abismos para la fantasía. Una imaginación de mujer parece disponer de alas. Y una mujer, conmigo Diálogo sin importancia sobre la cabeza, hasta en realidad las tiene. El velillo de tul. ¡Gracias a Dios y a los El sombrero de Francia. -Alas negras de ejercicios espirituales... Y a ha llegado mi murciélago para volar, si acaso, en zigzag. época. El sombrero de Francia. ¡Cállate, desas- Tú eres siempre el mismo por mucho que quieras ser. ¡Y hablas de fantasía... ¡Si trado, pobretón... poquita cosa... Tú no tienes atribuciones para permitirte el lujo hablara yo, que varío todos los cuartos de minuto... de alzar la voz. El velillo de tul. -Sí, en cuestión de cuarEl velito de tul. -Ni lo pretendo. No alzo la voz, ni muchísimo menos. Es que suspiro tos es usted capaz de quedarse con todos los que existen. Pregúntele usted a los padres de satisfacción... El sombrero de Francia. -Al fin y al cabo y a los maridos, sin embargo, a quién prela culpa es de quien es y tú no tienes la fieren. El sombrero de Francia. ¡Bah, los paculpa. L a culpa es de estas mujeres de España, que te adoptan cuando llega la dres y los maridos... ¡Valientes abogados Cuaresma... ¡Ya les daría yo si fuera la te buscas... Unos roñosos, que no saben más que gruñir en cuanto se encuentran demoda... El velillo de tul. -Pero, ¿por qué le mo- lante de una factura a pagar. Habíame de lesta a usted tanto mi advenimiento anual... mujeres. Estas son mi elemento. ¡Cuarenta días nada más, señor... No creo El velillo de tul. -Pues ellas precisamente que sea para ponerse así. me eligen cada año en una época determiEl sombrero de Francia. -Porque tú tie- nada. ¿Qué quiere usted... L a tradición nes tu significado bien definido. Perteneces está conmigo. a las modistillas. Quédate en tu sitio y déEl sombrero de Francia. -Y eso es lo jame a mí lo mío, que son las clases ele- que me indigna: que una ridicula vieja, ya vadas. desaparecida de casi todo el mundo, tenga El velillo de tul. -Cierto, soy humilde, po- la osadía de imponer leyes. Si se dieran quita cosa, como ha dicho usted antes. Pero cuenta las mujeres de lo birrias que están ahora es la época de la humildad, precisa- con un velito... mente. Y luego hay gustos para todo. ExisEl velillo de tul. ¡Ah, eso no... Diga te hasta quien pretende que la mujer, am- usted que están modestas, que parecen cosparada bajo la trama de mi tul, está más turerillas, y lo tolero. Pero esta palabra cosbonita que con cualquier otro adorno. turerilla trae siempre a la imaginación una El sombrero de Francia. ¿Quién ha di idea de juventud. Una mujer con velillo pacho eso, especie de... saligaud... rece, infaliblemente, más joven. Aunque El velillo de tul. -Lo dicen muchos. nada más fuera por esto. El sombrero de Francia. -Muchos que no El sombrero de Francia (remedando el saben lo que se dicen. Yo soy hijo de París, tono) Aunque no fuera más que por la ciudad de la luz, el imperio de los tra- ¡esto... Tú eres tonto de la cabeza, y estoy DE SOCIEDAD D I VERSOS ECOS LAS BE FLORüLlft No os liéis, -por si acaso! L A D A M A J O V E N ¡El que a m í me la dé... L A DAMA MEDIANA. -Biies, hija; será una excepción. L A- DAMA M A D U R A -No liay excepciones. L A D A M A JOVEN. -Porque t ú yes fantasmas en todas partes. LA. D A M A MADURA. ¿L o crees así... V ¿T e imaginas- que no tiene importancia que un marido que nunca f u é perfumado pidiera a su mujer que comprase Colonia F l o r e s d e l CamDO (1) -L A DAMA. MEDIANA. -Eso revela buen gusto. L A D A M A MADURA. No t e í o niego; pero revela t a m b i é n otra. cosa. L A D A M A J O V E N ¿Qué otra cosa puede revelar? LA D A M A MADURA. -Puede- revelar t a m b i é n que el esposo haya conocido a determinada personita, cuya esencia predilecta fuese la r i q u í s i m a Colonia, y para no correr el peligro de volver un día al domicilio conyugal oliendo a esas flores de Floralia... L A D A M A MEDIANA. ¡E s o es ir demasiado lejos: LA D A M A JOVEN. -Por ese camino será cosa de sospechar d e m i Antonio, porque se peina correctísimamente c o n e l afamado (1) L a m á s persistente. Precio, 2,50, 4 ptas. 7 ptas. y. 13 pesetas, ANMAN Y EMiS LLECEN EL ROSTRO LOS LABIOS ENROJECIDOS CON L i atl- l D 0 AL Su finura y discreción es inimitable. No produce nunca empastes ni resecamicntos y mantiene frescos los labios y con fragancia de pétalos. Producto, a base vegetal. Sn envase corriente, 3 ptae. de lujo, 4,50. Bspeoial- rrmus vivo de colon- -para artistas, S ptat. Creación se Madrid FLORALIA, S. A. fll é j i co
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