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Lea usted los datnraingo BLANCO Y NEGRO 3 Actualidades: Crónica gráfica de España y extranjero ¡El Teatro, I Cine y l O S Toros: Crónicas de la semana. Artículos varios Gente Mecida: Historietas, cuentos infantiles j Deportes: Amplias informaciones ilustradas. B La Mujer y la Casa: Modas, labores. EJ arte en el hogar Literatura: Una novela corta en cada número o el J pliego semanal de una grande. Cuentos, crónicas, poesías, informaciones dencias J Gran Mundo: Vida social. Resiaristocráticas g Planas en color. a a Ins. a a. I I ejemplaa ees 3- i nsgsaaa i. V; ¡VÍ; Í: I I II, I n iTTiJ (i: rrrTr; rE: F; n: tj; r ¡Tsiti: nr r: iuiÍI: I- Í- Í: Í ÍI. LI- Í; -IIÍ- 446 1 F E R N A N D E Z lY GONZÁLEZ E L PASTELERO DE MADRIGAL 447 nos capitanes y los bravos ejércitos que sostenían mi honor y mi derecho, contra los que se rebelan contra Dios y contra má; yo no podía despoblar mis reinos y empobrecerlos para arrojar sobre el África un ejército bastante y sepultar en aquella región, inhospitalaria y salvaje, capitanes, soldados y, tesoros; lo que el Rey señor de inmensos dominios y poseedor de grandes riquezas no podía hacer, no podía ni aun soñar en hacerlo el Rey de Portugal, señor dé un reino noble y bravo, pero pequeño y pobre; aconsejé lo que debía, y mis consejos fueron en mal hora desoídos; Portugal se vistió de luto, y la cristiandad entera se llenó de dolor, por el sangriento desastre de- la batalla de los Xerifes. E l Rey don Sebastián, creyendo fácil la conquista del África, no hizo otra cosa que ir a encontrar la muerte y a alentar con aquel triunfo, ofrecido casi de balde, a los africanos, en su soberbia y su codicia; los resultados de aquella desgracia se hicieron sentir muy pronto, y yo me vi obligado a invertir naves, hombres y dineros, que me eran para otras empresas muy necesarios, en reprimir la piratería de Marruecos, que se venían insolentes encima de mis costas andaluzas, esparciendo en ellas el espanto. Que Dios perdone al Rey don Sebastián el daño que hizo, voluntarioso, temerario y sordo a los consejos de la prudencia. -He ahí la causa de que él Rey don Sebastián, una vez curadas sus heridas, no se haya presentado a reclamar su Corona- -dijo Aben- Shariar- la desgracia, que le mostró de una manera dura que había caído en un error lamentable; tuvo vergüenza de su derrota, y cometió otra nueva locura, otra nueva imprudencia; se sepultó en él olvido y aun siquiera dio noticias de sí, dejando con su desaparición y su silencio se confirmase la idea de su muerte; es más: hizo voto solemne de no reinar en veinte años, contados desde el día de la batalla; de vivir oculto bajo un nombre supuesto, y de no revelarle, ni aun en un peligro de muerte, hasta pasados los veinte años del voto. -Pues ved ahí; aún no son cumplidos diecisiete desde que sucedió la batalla de los Xerifes. -Otra nueva locura, otra impremeditación del R y. don Sebastián, a ja que ha unido la impru- dencia de conspirar, en vez de presentarse francamente, y, sobre todo esto, la temeridad de venir a España a proseguir sus conspiraciones, en vez de reclamar desde tierra extraña. -Si él fuera el Rey don Sebastián, seguro estaría en mis reinos, sin otro peligro que el de una agria reconvención mía, cuando le conociese; líbreme Dios del solo pensamiento de usurpar a un Rey su Corona y de manchar mis manos con sangre inocente. -Nadie puede dudar de la virtud v de la grandeza de Vuestra Majestad. -Sin embargo, Venecia cree necesario intervenir en este asunto. -Para ilustrar a Vuestra Majestad como amiga, como intermediaria de buena voluntad, y con lealtad de corazón; y en esto, señor Rey don Felipe, no puede Vuestra Majestad tener duda; altas razones de Estado militan en pro de la sinceridad de Venecia en este asunto, Vuestra Majestad lo sabe demasiado; Venecia no quiere, ni está en su política, tener guerras por negocios que nada le interesan y esto, que. es claro como la luz del soL es indudable para Vuestra Majestad; si Venecia viene a vos, es por una cuestión de deber y de conciencia; Venecia, por mi medio, ilustrará a Vuestra Majestad, le prestará una luz para que vea lo más claro posible en este tenebroso negocio. Después, Vuestra Majestad obrará como le plazca, por ante Dios y su conciencia. -Ciertamente que Venecia me da una gran muestra de su amistad y de su buena inteligencia conmigo; pero, señores, vosotros estáis engañados; todo el que se levante llamándose el Rey don Sebastián es un impostor; el Rey don Sebastián murió: hay. pruebas indudables de ello, pruebas claras como la luz del sol. -Puesto que Gabriel de Espinosa está bajo la justicia de Vuestra Majestad, es de esperar que Vuestra Majestad obrará en este grave asunto con estricta justicia; pero, lo repito, Venecia no interviene en esto; sea cualquiera el fallo de Vuestra! Majestad, Venecia no se sentirá agraviada, aunque ¡Vuestra Majestad lleve al patíbulo al procesado, yaí sea, como Vuestra Majestad cree, uq impostor; ya