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GRAN P R E Í C I O S L. l M I T E S t e u é p s i. eojp- sa. 9 Be SURTIDO ff ESQUINA. GENERAL. Madrid. PORUER- REPARACIONSB GARANTIZADAS OE CUBIERTAS Y CÁMARAS 8 S 1 1 1 1 I 11 CERCEDILLA (MADRID) M é d i c o d i r e c t o r A de L a r r i n a g a P e n s i ó n completa, incluida asistencia médica, de 30 a 50 pesetas. O f i c i n a s en M a d r i d A l f o n s o X I I 44. T e l é f o n o 16704. Lea usted Blanco y raegro Preció: UNA peseta ejemplar en toda España. El Consejo de Administración del Banco de Valencia ha señalado los diez primeros días del próximo abril para que, durante ellos, puedan los señores accionistas poseedores, de las acciones de la tercera serie satisfacer, durante las horas de Caja, el plazo de 50 pesetas por acción correspondiente al vencimiento de l.o de dicho mes. El pago deberá hacerse en las oficinas de la Casa central del Banco de Valencia o en cualquiera de sus Agencias o Sucursales, canjeando al mismo tiempo los recibos de suscripción por los extractos de inscripción correspondientes. Transcurrido el plazo concedido, tendrá lugar lo dispuesto en el párrafo segundo del artículo 9.o de los Estatutos. Valencia, 25 de marzo 1930. -El secretario, Engenüo Mata. Por acuerdo de la Junta general ordinaria de accionistas celebrada el día 24 del actual, el Banco de Valencia abonará a los poseedores de sus acciones de la primera y segunda series, en su Casa central y en todas sus sucursales y Agencias, a partir del día de hoy, durante las horas de caja, un dividendo de 2 5 pesetas por acción, libre de impuestos, correspondiente al ejercicio de 1929, debiendo los señores accionistas presentar al mismo tiempo los resguardos provisionales de las acciones de dichas series, para canjearlos por los extractos de inscripción definitivos. Valencia, 25 de marzo de 1930. -EL, SECRETARIO, Eugenio Mata. BANCO DE VALENCIA BANCO DE VALENCIA I I i I I II 452 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL P A S T E L E R O D E MADRIGAL y añadió: -Y decid, ¿la República de Venecia protege decididamente a la esposa del pastelero? -Decididamente, señor; porque esa dama- y sus hijos son hijos adoptivos de la República de V e necia; y si a ellos les parara daño, Venecia reclamaría a todo su poder, hasta el punto de declararos la guerra por el daño que hubiesen recibido. ¡A h! ¿Venecia rompería su buena inteligencia conmigo si mis jueces, por ejemplo, encontrando méritos para sentenciar a esa mujer, la sentenciasen? -Con mucho menos, señor, con mucho menos; con que se tocase a uno solo de sus cabellos; me. nos a ú n con que se le hiciesen oír palabras duras u ofensivas. -Mucha dama debe ser- -dijo siempre inalterable Felipe II. -Es una dama que por Gabriel de Espinosa ha despreciado un Trono. ¿Alguna princesa? -M á s que eso señor, m á s que eso; una Reina por derecho propio. ¡Válgame Dios! -dijo el Rey con acento místico v suntuoso- i Hasta dónde arrastran los sentidos y las pasiones! ¡Cuánto debe a la divina m i sericordia el que sabe reprimirse, acallar la voz de la soberbia, ahogar ¡a cólera y no hacer más que So conveniente! -Cualidades son esas- -dijo con intención AbenShariar- -que resplandecen en Vuestra Majestad. -Pero vos estáis de pie; vos, en quien aquí no miro m á s que a la República de Venecia, y yo permanezco sentado; perdonad; Venecia es joven y robusta, y yo viejo y valetudinario; sentaos, sentaos, rrsonseñor; yo os lo ruego, a fin de que Venecia esté a par mío. -Venecia, señor, vale tanto de pie como sentada, y, por un antiguo hábito de actividad, no puede permanecer mucho tiempo en reposo. -Y sin embargo, hace mucho tiempo, señor P i e tro Mastta, que Venecia está en paz con todo el mundo. -Eso es verdad, señor; Venecia evita la guerra, porque la guerra es el cáncer de los Estados y la gloria que la guerra produce es demasiado cara; pero se necesita mucha m á s actividad, laurina ¿Y Gabriel de Espinosa los sabe? -dijo, siempre tranquilo, don Felipe. -Sí, y graves; secretos de Estado que la R e Ipública de Venecia conoce, porque la República; de Venecia oye hasta los susurros que versan sobre asuntos de alguna importancia general, sea dondequiera el lugar o el reino donde suenan estos susurros. -Sí, sí ya sé que el Consejo de los Diez tiene oídos muy largos. -Venecia paga a peso de oro a todo el que le revela una sola palabra que tenga alguna gravedad; ella escucha hasta las confesiones de los príncipes; no hay asunto, por secreto que sea, que ¡Venecia no conozca; paga bien, y la sirven bien; y, cuando el que se ha comprometido a servirla es traidor, sea cualquiera su nombre, muere de una muerte misteriosa. Así, Venecia, por su oro y por su terror, impera en todas partes, como quiere y debe imperar, de una manera oculta, de una manera secreta; y por eso mismo, Venecia duerme, tranquila sobre el Adriático; porque aunque V e necia es un Estado pequeño, el mundo la teme y l a respeta como el mayor de los Estados. -Venecia hace muy bien; los que no son robustos por la fuerza, deben hacerse respetables, temibles, por la astucia. Pero decíais que Gabriel de Espinosa posee secretos de Estado; podrá ser muy bien que los poseea, sin que por esto pueda decírse que es el Rey don Sebastián; junto a sí ha te nido un fraile, que también está preso, un fray M i guel de los Santos, varón docto, grave y muy respetado en Portugal, que fué confesor de mi hermana doña Juana de Austria, madre de don Sebastián confesor después de este Rey, y muerto éste, gran partidario de dor Antonio, prior de Ocrato, por el cual me alborotaba el reino de Portugal, hasta el punto de que hube de mandar que le prendiesen y le hiciesen proceso, y al que se dest e r r ó de Portugal para que no revolviese el reino, trayéndole a Castilla y a la villa de Madrigal, donde, pertinaz en sus rebeldías, ha seducido a mi sobrina doña A n a de Austria, monja profesa en el convento de Nuestra Señora de Gracia la Real de aquella villa, haciéndola creer que el tal Gabriel de
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