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A B C, V I E R N E S 4 D E A B R I L D E 1930. E D I C I Ó N tín, resolvieron nada menos que poner pleito, ellos, tan humildes. a la opulenta Sevilla. Y acudieron a la Real Cnancillería de Granada en demanda de justicia y en súplica de que les fuese restituido el campo de L a s Matreras. Como primera providencia, y en atención a que no se podía privar al que trabaja de sus medios de sustento, se les autorizó para labrar las tierras y pagar los censos a resultas de lo que se fallase. E l pleito dio lugar a numerosas diligencias y ruidosos sucesos, que bien pudieran estimarse como los primeros chispazos del problema secular andaluz de la posesión de la tierra, que luego alcanzó en los campos jerezanos, con l a M a n o N e g r a la máxima importancia tenebrosa y sangrienta. M a l iba el litigio para Sevilla por el año 1555, por lo que interpuso sus influencias cerca de Carlos I para obtener por mandato real lo que tenía la certeza de que no vendría por justicia. Pero el Rey supo guardar todos los respetos al Tribunal de Granada, para que fallase sin presión alguna, como lo hizo en favor de Villamartín, en abril del 1558. Sevilla pidió y logró entonces una revisión, y la Cnancillería de Granada empezó a requerir la presencia de los labradores del campo de Las Matreras, sin conseguir j a más que acudiesen. Nosotros- -dijeron siempre que se les llamó- -sabemos ya que la justicia ha reconocido nuestro derecho, y eso nos basta para siempre. Además, no podemos abandonar el trabajo, que nos da el sustento, para perder el tiempo entre papeles y disputas procesales. Y entre llamadas y negativas se pasaron nada menos que ciento sesenta y seis años. P o r fin, en 1726, cuando apenas se conservaba en Villaniartín el recuerdo de la con- D E A N D A L U C Í A PAC %I O pios, sino para tratar de resolver el que había venido de Francia con las tropas i n vasoras de Napoleón, y se planteaba con el unánime afán de independencia que inflamó el corazón de L o s de Villamartín defendieron heroicamente sus casas y t vs rras, y esto les dio sobre ellas un nuevo y legítimo título de propiedad: el heroísmo franco se había unido al heroísmo del trabajo sin tregua; la sangre se mezcló con el sudor, y Sevilla, conciliadora y generosa, comprendió que la tierra es de quien la trabaja y la defiende con el impulso de los ideales puros. E n 1 S 18, el campo de L a s Matreras era de la absoluta propiedad de Villamartín. Y lie aquí cómo este bello pueblo de la riente provincia de Cádiz sostuvo con Sevilla un pleito de trescientos once años. N o hablemos del papel que se gastó ni del número de palabras que se empleó en l a dilatada contienda, que Villamartín supo ganar y Sevilla perder. JÓSE A N D R É S VÁZQUEZ tienda, resolvió la Chancillería concluir aquel pleito, cuyo legajos formaban una montaña, y se dedicó a expedir Reales provisiones a Villamartín, para que compareciese. V i l l a niartín continuó insensible a estos requerimientos, del mismo modo que se había mostrado en los anteriores: E l que quiera nuestras tierras, que venga a disputárnoslas donde están. Y siguieron labrándolas y pagando con sudores del esfuerzo, ya que no con maravedís, el tributo de la posesión. Pero la prestación de este mismo esfuerzo, que no era igual entre los que lo prestaban, llevaba consigo la resolución del viejo pleito. L a explotación en común se había desvirtuado por los recelos que se promovieron entre los vecinos al repartirse los beneficios y considerarse que no podía ser perdurable el criterio de igual distribución para el que trabajaba más y el que trabajaba menos. Entonces se pensó en, un reparto equitativo de las tierras, pero comprendiendo de antemano que no era posible realizarlo sin esclarecer previamente la propiedad en litigio entre Sevilla y Villamartín. E l Concejo de este pueblo reunió a todos los vecinos en mayo de 1801, agenció fondos y diputó a dos representantes, que partieron para Granada, cuyo Tribunal, pasados cinco años, falló a favor de Villamartín. Volvieron los diputados con el fallo, se hizo el reparto de las tierras entre los vecinos. -no sin disgustos entre sí- y todo parecía terminado en definitiva, cuando se supo que Sevilla había interpuesto recurso de segunda suplicación ante el Consejo Supremo de Castilla; nuevo enredo, con el que se pretendía dilatar aún más el extraño pleito. Y se dilató, ciertamente; pero esta vez, porque no estaba la cosa para pleitos pro- NUEVAS IDEAS L o s pueblos tristes y l o s pueblos alegres Nunca como ahora han sido tan sensibles las epidermis nacionales. L a más leve crítica y la objeción más inocente levantan un huracán de protestas en los pueblos aludidos. Estamos en una época de hiperestesia nacionalista, que hace muy difícil, casi podría decir peligroso, el intento de interpretación o definición de l a psicología colectiva, sobre todo si la colectividad tiene la forma de un Estado. N o sólo la autoridad guberna- V ese de e t 3- cié Equipo Standard: Receptor 2 0 J 7 2.514. Alt a v o a Derivatxr. siones.