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ROMA. B E N L A CASA DE ESPAÑA r. CRNERAI. D E L O S F R A I L E S C A P U C H I N O S R E V E R E N D O P A D R E M E L C H O R D E BON. INA, E N E L C E N T R O C O N A L G U N O S D E PUS MAS D I S T I N G U I D O S O Y E N T E S DESPUÉS D E S U I N T E R E S A N T E C O N F E R E N C I A (F O T O C A R L E T T I) que en el siglo pasado sólo podían efectuarse al través de sangrientas luchas civiles. La fórmula del poeta, renovarse o morir, ha venido a cumplirse. L o s conservadores, que representan una idea sabia y permanente, han preferido renovarse en estos cuatro años que se avecinan antes que liquidar en una forma deshonrosa el partido, que tiene una fuerte raigambre en la opinión colombiana, GUILLERMO C A M A C H O Y MONTOYA Bogotá, febrero, 1930. ABC E N N U E V A YORK Un bofetón Cuando me dijeron que Fortunio Bonanova había sido contratado por Gilbert M i l ler para interpretar un personaje español -aquí todos somos unos- en un drama norteamericano, me apresuré a imaginarme lo que aquello sería: una españolada más, ridicula e inadmisible. Bonanova, de apuesta figura, moreno y hasta guapo, con toda la varonil arrogancia apetecida por las más exigentes adoradoras, me pareció predestinado a un sacrificio escénico. L e vestirían de torero, en traje de luces, o de bandido, si no de gaucho, y, por supuesto, armado de navaja, bien ceñida la cintura por la inevitable faja roja de gran lazo, y luciendo, ensortijadas, las clásicas patillas... Me equivoqué. Bonanova encarnó al José Moreno de Dishonorcd lady (La dama deshonrada) con asombrosa naturalidad artística. Moreno se supone que es un argentino cantador y bailador de tangos, triunfante en Nueva Y o r k Y Bonanova ha tenido el aquí insólito- atrevimiento de presen. ¡tar a su personaje vestido y. acicalado coa la misma sencilla elegancia de cualquier distinguido muchacho neoyorquino. Habla el inglés naturalmente, sin forzar la nota de extranjerismo alguno, y bastándole, como lógica e inconfundible característica, la de su propio suave acento. ¿A qué más? E l triunfo de Fortunio Bonanova cor: actor dramático ha sido rotundo. Y difícil. Porque no se traíaba de interpretar un papel simpático, aunque él fuera e ¡galán de la obra, sino todo lo contrario; por lo menos, desde un punto de vista de este público. P r o c u r a r é explicarme. Imaginaos que Dishonorcd lady, intenso drama de M a r garet Ayer Barnes y Edward Sheklon- -inspirado en la vida publica y privada de una miss Madeline Smith, inolvidable para sus convecinos de Glasgow- -nos ofrece el escabroso problema de una aristocrática muchacha, magistralmente encarnada por K a tharine Cornell, que, después de enamorarse hasta el más superlativo grado del argentino José Moreno, se dispone a casarse, sin el menor escrúpulo, con otro hombre, caballero intachable. A l enterarse M o reno de la proyectada boda, recrimina a su amada. Y ésta tiene el valor de visitar al amante en la víspera del matrimonio, pasando con él la. noche... A l amanecer, y para que él no pueda contar nunca lo ocurrido entre ellos, ¡le envenena! N o importa lo que sucede después, ni siquiera el desenlace del tremendo drama. L o interesante es consignar que Fortunio Bonanova hace una labor dramática de arte insuperable, culminando en tres distintas escenas, a cual m á s difícil: la de amor, cuando él no sospecha que ella va a casarse con otro; la de indignación, al descubrir el engaño, y la de la muerte. Pero el momento cumbre, el de verdadero peligro, que Bonanova venció con soberano dominio escénico, fué aquel en que, i n- dignado ante la falta de escrúpulos de la mujer amada, no puede contenerse, y la da un formidable bofetón! U n bofetón a toda mano y en plena cara, sin la atenuante de convencionalismo alguno teatral, que enrojece el rostro de la actriz noche por noche. Vislumbráis lo que esto significa para un público norteamericano? Pegar a una mujer es aquí algo inconcebible, inaudito, absurdo. ¡Y pegarla un latino... Pues bien; este público norteamericano, en uno de los teatros más suntuosos de Broadway, aplaude a diario ese bofetón de Bonanova a la Cornell! N i por un segundo se le ocurre a nadie pensar en la barbarie de pegar a una mujer. E l bofetón es merecido, y el actor sabe darlo. Esto es todo. Y he aquí la consecuencia. Fortunio B o nanova se ha convertido en e! actor de quien más y con más efusivos elogios se habla hoy en Broadway. Le ha bastado esta obra para imponerse. Y a no volverá a España como barítono aplaudidísimo. Ahora es un gran actor dramático en Nueva Y o r k ¡y en inglés! L o cual, naturalmente, no será obstáculo para que los empresarios norteamericanos dejen de aprovecharse de su bella voz, y desistan de escucharla en operetas o películas parlantes... N o Bonanova se sabrá aprovechar de su triunto de hoy. Y el que conquistó una tan difícil victoria como actor, porque lo era, la conquistará también, y muy pronto, como cantante, i que lo es excelentísimo! Todo, claro es, depende de lo que dure en el cartel Dishonorcd lady, representada tarde y noche en el lujoso Empire Theatre, donde llegará a las trescientas o cuatrocientas representaciones, como mínimo. Mientras Bonanova se dispone a hacerse millonario. MIGUEL DE Z A R R A G A Nueva Y o r k marzo, 193.0.