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Domimgo S de abril e n sección v e r m u t La maravillosa revista en la norteamericana, que toman parte todos los grandes artistas de METRO El espectáculo LA RA LOCIÓN DEL y las mejores del estrellas M u si c- H a l l americano REGENERADOOUE USPOR USAR CABELLO TED Marca registrada VÉNDESE E N L O S E S T A B L E C I M I E N T O S D E L R A M O 5 T E N L A P E R F U MERÍA D E CAÑAS. P U E N T E Y PELLÓN, 22, S E V I L L A ACABARA P o r q u e es l a única, científicamente l o g r a d a que hace renacer e l p e l o caído, c u a l q u i e r a que sea s u causa o r i g i n a r i a N o se canse en el empleo de cosas inútiles contra la calvicie. P i d a V u n frasco de SENSACIÓN. 464 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO DE M DRIGAD r 4o i preso, y no se han encontrado en la pastelería más que dos palas y tres o cuatro moldes, y todo esto ha sido embargado por don Rodrigo de Santularia, he aquí que ya no soy pastelero. -Debierais decir la verdad. -Vuelta a don Rodrigo de- Santillana. -íVuelta a lo que es conveniente y justo. ¿Quién os envía, padre? -La caridad. -N o sé por qué mé parece que vuestra caridad ha de hacer más daño que beneficio. ¿Tan impío sois, que ni aun respetáis el hábito que me cubre? r- Dicen que el diablo se viste con frecuencia de fraile, y como no os veo el rostro... -Tengo hecho voto de andar con el semblante cubierto. -Pero, por lo que he visto, no habéis hecho voto de no ver el rostió de los demás; un cuarto de hora habéis estadio inundándome de luz el semblante y mirándome por entre el candil de vuestro capuz. -Quería conoceros. ¿iYl me habéis conocido? -Puede ser. -M e parece difícil el que vos me conozcáis. -Pues mirad; os parecéis mucho al Rey don Sebastián. ¿Sí? -dijo Gabriel de Espinosa con acento grave. -Pero no sois el Rey don Sebastián. -Y entonces, ¿quién diablos queréis que confiese que yo soy? Que no soy el Rey don Sebastián, ya lo he dicho; que soy Gabriel de Espinosa, lo he dicho también mil veces; y, sin embargo, don Rodrigo me aprieta para que haga mi confesión. -S i para que confeséis que no siendo el Rey don Sebastián habéis querido que se os crea el Rey don Sebastián. -E s o es precisamente! o que niego; yo no he pretendido tal cosa. -H a y pruebas contra vos. -Esas pruebas son nulas. Nadie hay que pueda decir que yo me he vendido por el Rey don Sebastián. -Teméis que el Rey. os mande ahorcar. bajo le férula de don Rodrigo de Santillana, aunque no hace mucho tiempo, he envejecido diez años. Si conocéis a don Rodrigo de Santillana, decidle que se dé prisa y me despene pronto, porque yo no he nacido para estar encerrado. Me aíiogo aquí, y moriré de rabia, como un gorrión viejo cuando le enjaulan. Si conocéis al Rey, decidle que para acabar pronto con la pesadilla que debo causarle, me mande ahorcar cuanto antes, y así nos quedaremos en paz; yo en la tumba, y él sin que nadie le pida el reino de Portugal. ¿S e lo pedís vos? -Y o no, ni en este lugar se piden Tronos; lo que se pide es justicia. -Dicen que vos pretendéis ser el Rey don Sebastián. -Y o no pretendo pasar- por muerto- -dijo Gabriel de Espinosa- yo no he dicho tal; quien lo dice es don Rodrigo de Santillana, porque cree en lo que dicen un fraile y una monja; yo no tengo la culpa de que esos dos estén locos, ni de qué don Rodrigo, más loco que ellos, les haga caso; todo se le vuelve al buen alcalde preguntarme quién y y y tengo ya dañada la lengua de responderle: Gabriel de Espinosa, pastelero en Madrigal. Y él replica: ¿Pastelero vos? Como yo; vos sois mucha persona. Y yo áigo: Mucha o poca persona, no sé por qué me tenéis preso y por qué me atosigáis a preguntas. Vos habéis querido parecer al Rey don Sebastián de Portugal -torna a. decir el alcalde- -y no me lo decís, porque teméis que, si me lo decís, yo os ahorque. Y yo niego, y el alcalde afirma, y no nos entendemos, y este es el cuento de nunca acabar, y yo tengo ya hace muchos días perdida la paciencia, y deseando que esto rompa por cualquier- parte, para acabar de una vez. B -D o n Rodrigo es un caballero- -dijo el fraile- y si tanto pregunta y repregunta y os torna a preguntar, es porque quiere haceros justicia, y os dará la razón que tuviereis sin temor a nadie ni a nada. -Pues mirad, tengo para mí que don Rodrigo no es muy valiente. ¿Y qué os mueve a pensar eso? -Que veo que me teme él a mí más, mucho