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E l me tiene a mí el miedo- que puede tenerse a ver u n fantasma o únl muerto resucitado; se pone pálido, con la mirada errante; se le lía l a lengua, pronuncia las letras mal, y es necesario que yo me ría para que se irrite y l a cólera le naga perder el m i e l o yo temó a don Rodrigo como se teme a un abejorro que zumba y zumba siempre del mismo modo, que no nos lo podemos quitar de encima y nos causa dolor de cabeza; hay día que se está diez horas el buen señor pregunta que te pregunta y escribe que te escribe, de tal manera que llego a tener lástima de él, porque sLéLliace esto es por miedo que tiene al Rey don Felipe; y he aquí que quien se encausa es é l porque llegará un día en que todo lo que escribe contra mí se vuelva contra él, y en que sea ante D i o s este proceso, no el proceso del pastelero de Madrigal, sino, el proceso del Rey- don. Felipe y d e l alcalde D e Santillana. ¡Volvióse a estremecer e l fraile, pero de un modo más visible. -Me parece que vos tenéis también miedo- -dijo Gabriel de Espinosa- vos tembláis, -don Rodrigo tiembla, el carcelero me trata con tanto respeto como si yo fuera un Rey, y tanto harán todos, que puede ser que yo también me vuelva loco y crea que soy ese pobre Rey don Sebastián, que murió por loco, y de mala muerte en África. -D i c e n hermano- -contestó el fraile- que en medio de todo eso que decís pretendéis ser ese Rey don Sebastián que murió en África. -Ñ o parece sino que han partido en dos a l a l calde don Rodrigo de Santillana, y que vos sois uno de d i o s os advierto que si empezáis con l o mismo que don Rodrigo, en vez de escucharos me eloho, me vuelvo de cara a l a pared y me duermo al son de vuestras palabras; estoy ya harto y cansado de escuchar siempre l a misma cosa. Pero vos, ¿no os cansáis de tener el velón en la mano, llenándome el rostro de luz? Dejad, dejad el velón, padre, y sentaos, que sois ya viejo, y el estar tanto tiempo de pie os hará mal. El fraile dejó el velón sobre la mesa, trajo uno ¡de los sillones cerca de la cama y se sentó en él, de spaldas a l a luz. Gabriel de Espinosa, por su v parte, se colocó de tal manera, que su semblante quedó envUelto en l a sombra. -N o creía, yo- -dijo Espinosa- -que doa Rodrigo me hiciese tratar tan pronto con frailes. -Lo necesita vuestra alma- -dijo el del hábito. -Pues mirad; yo creo que l o que m i alma necesita no son frailes, sino que la dejen quieta y. tranquila, sin irritarla; porque os juro que con tanto como se me molesta se me v a acabando el su ¡frimiento; y si yo me condeno, no será mía l a culpa, sino de los que hayan hecho que yo me desespere. -S o i s tenaz; queréis encubrir una cosa de que hay hartas. pruebas; cartas se han dirigido a vos que han caído en poder de l a justicia, y otras, sin duda, habréis recibido en que se os trata de M a jestad. -Pues mirad; no me acuerdo de haber recibido carta alguna de nadie en mucho tiempo, y mucho menos carta en que para mí venga Majestad, n i nada que a Rey se parezca. Desengañaos, padre, que lo que he dicho hasta ahora lo seguiré diciendo siempre, porque lo que he dicho es l a verdad, y no puedo decir otra cosa. -M i r a d no se canse don Rodrigo y os dé tormento, y los cordeles os hagan decir lo que 10 alcanzan que digáis con preguntas y razones. ¡Tormento a m í! A mí no puede nadie darme tormento. ¿P o r qué? -Porque el Rey no consentirá que se rompan las leyes. -L a s leyes mandan que se ponga en el tormento a los que no quieren confesar. -P e r o no puede darse tormento a los nobles. ¿Y vos lo sois? -T a n noble como el Rey. ¿Noble y pastelero? -N u n c a supe hacer pasteles; si mis padres los hicieron, yo nunca anduve en la masa; que en otros más. nobles empleos se han ocupado mis manos y mi pensamiento; llamábanme pastelero, no ya porque hiciese pasteles, sino porque era dueño de una pastelería; y como a la pastelería se l a ha llevado Xa el diablo, porque mi pariente G i l López está 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla