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Cómo trabajan los grandes hombres. La ¡ornada d e D. Ramón Menéndez P i d a v ON R a m ó n M e n é n d e z P í d a l nos recibe en su despacho del Centro de Estu dios H i s t ó r i c o s que comparte con su hogar el ambiente diario en que trabaja. Habla, requerido por nuestro propósito, de l a inversión de su tiempo, de sus actua! es preocupaciones: obras nuevas, sesiones académicas, la c á t e d r a estudios con los que va dejando prendidos esquemas h i s t ó r i c o s y literarios para futuros trabajos... A s o m b r a ia labor de que es capaz el sabio filólogo. (Jomo tantas otras personas, hemos sentido la curiosidad de conocer, ante el espectáculo de estos grandes trabajadores, c ó m o se opera e! prodigio de aprovechar con tanto f r u to las veinticuatro horas del día. Brindamos al lector el resultado de esta información. D o n R a m ó n Menéndez P i d a i habla bajo, pero con acento muy insinuante, sin poder refrenar su vehemencia al tratar de sus aficiones filológicas. B i e n se advierte la gran pasión que le llevó al estudio tras ese tono suave, discreto, comedido, de su conversación. Relata a grandes síntesis su pasado, 1; ÍS primeras exploraciones, los trabajos i n i ciales de sus días de estudiante; y tiene siempre a mano el libro, el dato, l a cita, que surgen, en el rodar de su conversación, como las chispas del pedernal. E n l a íntima penumbra de su despacho, el gran descubridor de romances y leyendas, rodeado de sus colecciones, parece hallarse muy a su placer, porque se advierte fácilmente que no es persona aficionada a l brillo y a la luz de fuera- -del mundanal ruido hablamos, ya que Menéndez Pidal vive en el campo- y sólo encuentra grata ocupación en aquellos estudios que le proporcionaron el premio de l a gloria. Nos dice D R a m ó n que es aficionado a madrugar. De seis y media, a siete de la mañ a n a abandona el lecho y se dispone al trabajo. Antes de que empiecen a manar de los puntos de su pluma esas p á g i n a s limpias, claras y Huidas con que compone sus estudio? críticos y literarios, conforta los ojos, ue ha de someter durante toda la jornada 1 C DON RAMÓN ME- VEN DEZ (DIBUJO PIDAL. POR SOLiS AVILA) BUSTO D E D O N A J I MENA FIDAL, MENÉNDEZ HIJA DEL DE ILUSTRE FILÓLOGO. (ESCULTURA JULIO AN TONIOJ a dura atención, con el espectáculo del amanecer, que. ante los balcones de su apartada vivienda, tiene mucho de campesino. D o n Ramón Menéndez Pidal, como esos médicos que operan durante toda su vida con el radio, pasa la suya frente a otro peligro: el de la luz artificial. Durante seis meses, las obras de Menéndez Pidal se las manuscribió su hija, porque un desprendimiento de retina impidió al sabio filólogo ocuparse de su diaria labor. Trabaja ahora matinalmente el director de la Real Academia en la composición de dos historias: una de la Literatura española y otra de E s p a ñ a por encargo de una Casa editorial, en colaboración con unos sesenta especialistas. Las. obras c o n s t a r á n de varios tomos, y serán verdaderamente monumentales. Y prepara t a m b i é n D R a m ó n una H i s t o ria dei idioma español, en que e x p o n d r á la evolución de la e x p r e s i ó n literaria principalmente, a t r a v é s de todas las é p o c a s de nuestra literatura, desde los orígenes del siglo x hasta el día. Se ie agota l a m a ñ a n a a l auto! de Flor nueva de romances viejos- -uno de los últi-
 // Cambio Nodo4-Sevilla