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OKSDB L O A L T O DE LA C O L M A S E ATISBA E L P A I S A J E GRANDIOSO D E EXTREMADURA sabor a la existencia a que sirven de escenario, ennobleciéndola por esa perspectiva de que. la dotan, como si por transparencia en cada mujer resucitará la feminidad de muchas antecesoras y en cada transeúnte, que en otra parte parecería vulgar, se reflejara 1 a auténtica aunque diluida nobleza de muchas generaciones. Y uno se imagina cómo sería allí la infancia, amargada por su bastardía, del rapaz que andando el tiempo había de conquistar un imperio. Desde lo alto de la colina se atisba el paisaje grandioso y un tanto melancólico de Extremadura, limitado en los confines por líneas suaves de montañas. Por los vericuetos y callejuelas de estajoma subiría, en juegos de muchachos, el hijo natural de Gonzalo Pizarro y Francisca González. Sus abuelos maternos eran labriegos de las cercanías. Y aunque los biógrafos se obstinan en negar que jamás guardase cerdos, lo natural es que se dedicase algunas veces a ese menester, que años más tarde ocupó en Ancona la infancia del que había de ser famoso Papa Sixto V Corretearía junto a las torres cuadrangulares del castillo que con tan esforzada obstinación había defendido, hasta contra la propia Isabel la Católica, Pedro de Baeza poco antes. Pasaría bajo la puerta almenada que llaman de San Andrés. desde la que se avizora la rojiza gleba. Y quiere la leyenda- -no desmentida por documento alguno- -que, niño aún, visitara en su celda de Guadalupe á un prodigioso orífice- -fray Juan de Segovia- maestro en el arte de cincelar los metales nobles para custodias, crucifijos y relicarios. Fray Juan de Segovia sobresalía en el oficio que tantos orfebres anónimos habían ilustrado ya en Castilla. Y su bondad toleraba la presencia del rapaz en quien comenzaba a encenderse la comezón de las aventuras militares. ¿Por qué no te consagras al servicio de Dios? -le preguntó un día. -Tengo ganas de correr mundo, padre. Y en todos los oficios he oído decir que se puede ser buen cristiano. -Cierto, hijo mío. labraba el monje una custodia de plata, y el mancebo admiraba en silencio el fino trabajo, la tracería del pequeño monumento, la proporción y gracia de las columnas rematadas en arcos y nervaduras ojivales, los arbotantes, doseletes y pináculos erizados, de hojas cardinas y coronados de floridas macollas. -Hermosa obra- -murmuró el visitante. -Esto no es nada- -protestó la modestia del orfebre- H a pocos años se ha instalado en León un orífice de familia tudesca, que se llama Enrique de Arfe, de quien se cuentan maravillas. Pero dispone de una cantidad de plata que yo no he podido reunir para. ningún trabajo mió. Y se dolió, como es tradicional, de la pobreza del monasterio. Callaba el mozalbete, meditabundo. -ti En qué piensas? -quiso saber el religioso, sin dejar sus diminutos cinceles. -En que acaso algún día, cuando yo sea un famoso capitán, pueda traeros la plata suficiente para labrar una custodia mayor que las de Arfe. -Mucho ambicionas- -replicó el fraile indulgente. Calló el pequeño todo a sus infantiles sueños de grandeza y de gloria. -Si piensas ser soldado- -siguió su interlocutor- no es verosímil que hagas tan gran fortuna. E l de las armas no es oficio en que se logre riqueza fácilmente. Y asintió con humildad Francisco Pizarro. Todavía no había concluido la guerra de Granada. Faltaban doce años para que se crevese descubierto el camino de las Indias. Y el bondadoso fraile y fino artista, que afluel mismo año había de morir, no tenía el don de la profecía. P A L A C I O S CON B A L C O N E S M O N U M E N T A L E S V ESCUDOS M U K A L E S GIGANTESCOS JUAN PUJOL ITS HBMBIIIBIMIHIHIISIimMSHremni TM m r i n r a n M TM i n
 // Cambio Nodo4-Sevilla