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MADRID- SEVILLA 9 DE ABRIL 1 930. SUELTO DE NUMERO 10 CTS. CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GESl MOS EXTO N. 8.513 ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. REDACCIÓN: PRADO P E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y U N A BISNIETA D E D. A N D R É S B E L L O Rebeca Matte Iñiguez Descendencia preciosa. -Destino extraordinario el de la sanare dejada eu Chile por D Andrés Bello; ella sigue sirviéndonos; ella sigue haciendo presencia cu la d i l uirá chilena; ella parece como la lealtad larga del gran viejo, que no quiere, acabársenos. Mientras los muchos guardan solamente a Bello su migajón de aprecio, y miran a los nietos en segundones, yo me acuso del pecado de agradecerle la sangre más tiuc la Gramática y el Codicio civil. Le agradezco la muchedumbre de los nietos por encima de la Rectoría de la Universidad, servida en grande; me gusta con un. sentido medieval que una descendencia de escritor obedezca a l espolonazo inicial, se sienta obligada a dar competencia y se de cuenta de que es asunto grave llevar un nombre de artesano glorioso, a menos de prolongar la misma u otra artesanía magistral. Estoy pensando siempre que a la sangre chilena, de pulsos tardos y recelosa de fermento, le sirve, al revés de lo que creen al gunos vascos rijosos de allá, un vasito de sangre tropical de vez en cuando. Don A n drés Bello llevaba esta sangre, pero se la había sosegado, se la había metido eu orden con letras grecolatinas... Que D A n drés venía del trópico, que había recibido soles fuertes, que había comido frutos eapitosos, no lo sabemos por el mismo, a pesar de l a Oda a la- cotia tórrida: que en su cuerpo estaban esa ferocidad y esa ardentía, lo venimos a saber por su gente, y m á s por el nieto o el bisnieto que por el hijo, con lo que se prueba otra vez que es verdad el sallo; el hijo toma alguna facción y acepta con algún ímpetu del padre; el nieto suele devolvernos al héroe. L a gente Bello se llama en Chile con estos claros nombres: Doña Teresa Prats Bello, la pedagoga, de la cual nunca quisieron darse cuenta los patrones oficiales ni los manejadoras de algunas maffias pedagógicas. Señaló con dedo bastante neto el disparate de educar a las muchachas de Chile con el mismo plan de estudios que a los mozos, y antes que nadie indicó la división racional de los liceos para mujeres en dos grupos. Se llaman doña Inés Echeverría Bello, letrada, de mano versátil, que se ha posado en el ensayo, la novela y la crónica, siempre con capacidad y fortuna bienaventurada, y que no se ha quedado en ninguno de esos menesteres; noble carácter ella, pluma ágil hasta el juego, facultades ricas. Se llaman Joaquín Edwards Bello, el capitán clialenismo de nuestras letras, tipo de criollo espléndido y escritor admirado de toda la gente americana, excepto uno que otro viejo chileno que refunfuña por las savias tan violentas que lleva, y que no convienen a un nieto de gramático Se liaman doña Rebeca Matte Bellc, la cscullora mayor que acaba de mcrír. senos, y de la que yo quiero acordarme en esta ocasión. (Son otros más todavía, ele los cuales sé poco. Millonario- descuidada de le- abundancia. Doña Rebeca Matte nació millonada, lo que es siempre ardid del diablo para hacer un indolente; pero fué de un rico bastante cuito que le eorrig, J lo nocivo de la for 1 se les ocurra, sin embargo, trabajar por darle gusto al alma, que tiene voluntad violenta lo mismo cu Pedro pescador que en Nicodemus, se nos ha vuelto asunto de, no entender ni creer a algunos demócratas. Mejor fuera pensar que la vocación del rico, cuando le nace, es una supervecación, puesto, que sin punzada de hambre le hace producir y sin. azotaina de capataz le consigue un trabajo tan regular como el que danios los ungidos por- las dos cosas. L a necesidad crea m á s fácilmente la vocación falsa; ella nos pone en un suplicio de rueda para que escojamos pronto, y escogemos con la urgencia de la sopa nuestra y de los nuestros, o, mejor, no escogemos, tomamos lo primero que da de comer a los catorce a ñ o s el que carga madre o hermana a cuestas, corre, corre lo mismo que el que. carga tronco en el lomo. Entre las cosas feas de Cuando yo he visto locos de este género, la miseria, las cosas de hacer llorar, está el insensato dulce que uo manotea y que hasta conversa con nosotros, siempre me la prisa. Lástima grande, eso sí, que el rico que han dado la sensación de que se ocupan de objetos tan verdaderos como los nuestros, fojea el oficio antes de adoptarlo y que lo en otro planeta suyo, y de que están jugando somete a, uu juego de -espejos para verle todos los perfiles, rara vez pasa de cotejarlo con ellos hasta con cierta dicha... y de hacer con él algunas engañifas y a l Antes o después de la desgracia, la niña viajó con el padre por Europa en viaje len- gunos inohiries regalones Se decidió, pues, Rebeca Matte por el to, el solo que es válido; su Roma, caminada con esa parsimonia que es la pasión arte que contiene más artesanía adentro, eu pausado disfrute; su España de monu- a causa del mahejo- dePmaterial duro y feo mentos y de paisaje, que es el país tónico- -gredas de cernir; y cernir (las nuestras por excelencia y que uo da nada al turista son bravas) armaduras o esqueletos que atolondrado; su Francia, que fácilmente en- enderazar, yesos vivos de amasar y yesos trega el bulto, por lo que todo el mundo cree muertos de desbastar, y la talla de la piedrr- conocerla pronto, pero que abandona los ella misma, faena a la vez fina y brutalísima. E n esta última se hacía ayudar, como plieguccitos, ios dejos a la larga. Don Augusto Matte se sabía a lo pedago- todos lo hacen- -también ellos- Y este es go- -cualquier padre tino resulta pedago- el origen de la m u r m u r a c i ó n -D o ñ a Rebeca trabaja a medias con el go- -que un viaje de esta índole, y ninguna cosa mejor que él, desentraña la vocac. ón maestro. Con el tallador, naturalmente, y con el en la juventud y la deja visible como una cantero... Pobrecitos chismosos del gremio, raíz volteada. E n la visita larga de los Museos, la niña siempre con la bilis asomada al hígado h ú Rebeca se retardaba en las salas de escul- medo y al comentario... Esta vida de trabajo manual y de estutura, y siempre delante de lo mejor, aunque el padre no se lo apuntase. (E l gusto cho la alejó fabulosamente de sus círculos; lo tuvo ella anticipado y para toda la vida de los salones en que se danza- -la danza seguro. A l visitante común lo- atrapa de tonta- -y donde se penelopea sobajeando la golpe la pintura, tanto porque son los cua- misma lana sucia del chisme social cada no- dros quienes hacen la muchedumbre en los che. M e ¡a han contado muchas veces, y museos como por aquello que todos sabe- de manera torcida, y me- han hecho quemos de que el color nos echa al cuello una rerla precisamente así como me la daban, lazada más sensual. L a escultura en L o u- con su bello desdén del nbeleco mundano, vres y Vaticanos no toma más de algunas con su independencia que le llaman salvaje salas, y los pobres escultores, así se llamen v que era lo m á s fino de este mundo, con Donatello o Ceilini, andan siempre a la zaga su vuelta de espaldas a la holganza de su de cualquier cromo de Rafael. gente. JNb le gustaba bailar, dicen; no conL a niña habló al padre de darse a eso, al versaba bien, y era lo que llamamos una ofició austero y pesado que- al hombre le taimada Buena conversadora debió serlo; sus carpide fatiga, cuanto más a la mujer. Ese día el padre tuvo la fiesta de orgullo y de tas contenían una fuerte seducción, y casi dicha de ver que su hija escogía oficio ma- siempre la epistolaridad anda melliza con yor y optaba por algo, sin ninguna obliga- el conversar, tienen el mismo tono y echan ción de optar. E l viejo Bebo volvía de la las mismas luces. N o daba l a amistad con manera extraña, no recta sino sesgada, con la facilidad criolla, eso sí, a tontas y a que vuelven los muertos: el viejo latinista locas la ofrecía tardíamente y en obra y latinizante mudaba en la niña su Cicerón maestra: entonces esa amistad era, dice y su Séneca por las cabezas grecorromanas doña Inés Echevarría, un regalo de no soldel Museo de Is upóles. (L a Psiquis de Ña- tar una generosidad cegadora de diamante. póles, precisamente, se le volvió compañera Por este tiempo se casé) y le decidieron de su casa. el destino una hija y el viaje, definitivo a E l i r t e ejercido sin necesidad les parece Italia. Mujer de su clase social no puede siempre dilcííaiHiswo a algunos picaros. -L a crearse- s. en su país el perímetro de soledemocracia nos ha echado a. perder tanto dad que necesita un oficio. E l l a no q u e r a la probidad en algunas cosas, que al rico, le hacer de la escultura lo que hacen de l a cuesta muchísimo que le reconozcan talento pobre pintura las niñas ricas: acuarela sosa para un menester cualquiera. Que un hom- o cromo perdurable. bre o que una mujer lo tengan todo y que Se vino a vivir a Italia y compró. una tuna. (Don Augusto Matte era hombre más atento a la cultura de Europa (pie a la balanza de la Bolsa de Valparaíso. K u se hasta qué edad l a acompañaron, con l u cidez, los ojos de la madre y l a guardaron los juegos. U n día, que ella no olvidó nunca, la madre le contestó con una palabra trastrocada y le dijo alguna cosa insensata pie parecía de otro niño. L a niña se echó a llorar, y desde esc día no tuvo m á s a su madre, aunque se le quedara ahí un tiempo, así tan distinta, cu la casa de siempre, aunque era aquella misma cabeza hermosa, la boca de su risa y la mano de su cariño; L a demencia le había torcido el gesto y le había dislocado el eje visible del alma eu la mirada, en los ojos, que no volvieron a acompañar nunca, porque habían adoptado un lote estraje. ro de visiones.
 // Cambio Nodo4-Sevilla