Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 11 D E ABRIL DE 1930. NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO DO. ILUSTRA- AÑO V 1 GE S MOSEXTO N. 8.515 SUELTO g REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. Pero existe un dominio, en el que el ro- animales de cada especie? ¿D e j a r a la pamántico reina sin trabas como el águila en loma cen el águila y al cordero con el tigre, las alturas del espacio: el arte. Dentro de dentro de un armatoste flotante? ¿N o es preél se puede permitir todas las audacias, sin ferible que se quedase un pianista sin mucontraer la menor responsabilidad. N i ad- jer a que se quedase la Liumanidad sin el Sus fueros, sus bríos, sus prag- ministra, como el político, el bien común, Parsifál? Toda gran obra de arte contiene ni prepara, como el pedagogo, el porvenir gérmenes de dolor. máticas, su voluntad nacional. Es libre como el aire. E l romántiE l romántico es, según Ernesto Seilliere, 1 romanticismo es, antes que una moda co en el arte es un pequeño dios, que tiene que ha penetrado en su psicología, un impeliteraria que prefiere la exuberancia a la me- todos los atributos del verdadero menos el rialista. Se sitúe donde quiera, ante el amor dida, una actitud espiritual ante el univer- de la indiferencia. Crea por puro placer y o en el arte, está en actitud soberana. E s so. L a rivalidad entre la pasión y la razón nos regala con sus obras. Todas las fuer- un dominador. H a roto con la tradición, pordata del primer hombre que empezó a poner zas naturales acuden a su convocatoria en que sus reglas le parecen insufribles, y no reparos a la obra del Creador. Es la que- el minuto que precede a la fiebre fecunda: piensa en e l porvenir, porque no existe. rella eterna entre el sentimiento, parcela ios astros, las nubes, las aguas, los paisa- Sabe que hay leyes y convenciones, pero, i m inmaterial de lo absoluto, y la inteligencia jes. Todo lo que vive se le somete pre- plícitamente, las deroga o las olvida. S u que refleja servilmente lo relativo. E l apa- viamente. E l amor, sobre todo, que está orgullosa independencia ante la realidad es sionado aspira a dominar y el inteligente, disciplinado por la ley, porque, así conviene tan sincera que, como no está intervenida más modesto, se contenta con comprender. a la estabilidad de las sociedades, pierde por la razón, inspira el respeto que sentimos E n arte, el primero es un romántico y el! su apariencia burocrática y recobra, al con- por todo lo espontáneo en los seres excepsegundo un clásico, porque mientras el uno juro del poeta, su salvaje y magnífica i n- cionales, i Qué hombre de- genio ha retrocese desborda el otro se limita. L a revolución dependencia. Con razón pedía Platón el des- dido ante los estatutos de l a moral? L o que es un ideal romántico y el orden una con- tierro de los poetas de toda república orga- importa en la rosaleda no es la procedencia quista clásica. Esas dos orientaciones del nizada; son los perturbadores del espíritu del abono con que fertilizamos l a planta, espíritu no dependen del capricho: son tem- porque oponen a la virtud de la obediencia ¡sino que las rosas broten grandes y que su peramentales. E l equilibrio del mundo po- la tentación de la libertad. L a mujer que i perfume sea suave. ¿Que la vida es un valle dría venir, tal vez, del acuerdo de esas dos intima con la poesía ve ensombrarse ante sus! de lágrimas? Concedido; pero, en este valle tendencias. S i por causas misteriosas, que ojos el campo de. lo posible, y cuando quie de lágrimas cada uno de nosotros procura no se han producido todavía, se impusiera re darse cuenta de lo que dejó atrás, advierte vivir el mayor tiempo posible. Decir lo conla pasión como régimen de un pueblo, éste con emoción que está muy en las afueras trario, es hipocresía. volvería al caos, y si estuviese exclusivade lo licito. E l romántico es, todo el mundo lo reconomente gobernado por la inteligencia, el egoísY sin embargo, el poeta nos es necesario ce, un enorme egoísta, que se salta a la tomo m á s frío acabaría por ser la norma general de las costumbres. Su ponderación en el noviciado del amor. Es. nuestro intér- rera todo lo legislado en materia -de costummoral se funda en la armonía de los con- prete y el definidor de nuestras inquietudes bres, para sacar triunfantes sus pasiones y trarios. L o peor que le puede ocurrir a un sentimentales. S i n sus confidencias y sus con- sus apetitos. Es evidente que el teólogo mepaís es pasar de un período pasional a otro sejos, el amor recobraría la humilde cate- nos severo lo condenará; pero es evidente sin tropezar con los elementos inteligen- goría que tuvo en el principio de las socie- también que el romanticismo artístico ha. contes que pudieron moderarlo. E l destino de dades, quedando reducido a lo que Lucrecio tribuido a hacemos llevadero el tedio de v i ese país es no salir de la categoría de con- denomina una función inores ferarmn. Pero, vir. U n lord Byron, un Víctor H u g o y un glomerado de tribus. Sus pretensos estadis- pasado el noviciado, el poeta sobra en todo Wagner han infringido muchas veces las tas no son más que unos caídes. Nada tan hogar- normal. Su voz. desentonaría en aquel regías usuales en sociedad. -Hubiera sido mepeligroso como un romántico al frente de un ambiente apacible y prosaico en el que dos jor que no se rebelasen contra la moral copueblo. Guiado por la lógica sentimental, se; es dejaron de cambiar sus ilusiones para rriente. Ser piedra de escándalo es Ofender no hace m á s que disparates. E l razonable poder hacerse cómodamente el recíproco ho- a la divinidad. Pero, ¡qué placer tan hondo podrá entristecernos a ratos con la penu- menaje de sus defectos. E l poeta es, en la sentimos leyendo las estrofas de Child Haria de sus entusiasmos, pero tiene sobre el casa ajena, como Mefistófeles ante la ven- rold, las estancias de La leyenda de los siromántico una superioridad: respeta la obra tana abierta de la casa de Margarita. De glos y oyendo el Tristdrí! Eso sin contar del tiempo. Aquél es un innovador desenfre- músico y, en general, del artista, sé puede con que, por lo general, todos los grandes nado, y éste un rutinario impenitente. L o decir algo parecido. Wagner, el gran ro- espíritus y lord Byron, Hugo y Wagner no natural y conveniente sería juntarlos en un mántico del siglo ú l t i m o d o n d e entra per- desmintieron esa evolución, si se permiten mismo empeño, asociándolos en una común turba y domina. E l rico cervecero Werzen- ciertas libertades con el Creador, acaban vol empresa, ¿v e r d a d? Eso, en teoría, es posible. dowk. -deslumhrado- -por su- -genio, le fran- viendo a E l -E n la práctica, el romántico y el inteligen- quea las puertas de su hogar, y el músicoMANUEL B U E N O te son, como el tenor y el barítono, riva- paga aquella prueba de confianza con otra les. E n el dúo procuran apagarse mutua- un poco inesperada; le enamora la mujer. W ¿i a mente. Se desprecian y a veces se odian. Por qué ha ocurrido eso? Es un ardid del Generalmente, el romántico dispone de una destino para que se produzca esa obra maT A LK 1 E S popularidad que no alcanza el inteligente, ravillosa que es- Trisián e Isolda. Andando pero éste se desquita con las simpatías de el tiempo, el- músico! tropieza con un piaPrimavera en España las clases conservadoras, las cuales descon- nista notable, H á n s de Bulow, que tiene una fían fundadamente de las impulsividades fe incorruptible en e l genio del maestro. Es frecuente el caso de que se asombre del otro. E n la independencia del ContinenVírgenes Cómo corresponde Wagner a la abnegación quien oye hablar de las antiguas te americano, Simón Bolívar personifica el apasionada de su discípulo? Robándole la del Sol o de las Vestales, y nada más curioso romanticismo con todos sus generosos enque la extrañeza en cuestión, dado que entre sueños, y Jorge Washington IPS pautas clá- mujer. L a moral corriente protestará escannosotros, y salvo la pagánía, las mónjitas sicas. E l romántico, parte siempre de un dalizada, y yo me sumo a los indignados; supuesto: que la realidad anterior a él no pero, para que el gran músico realice su perpetúan la pureza y el vigor de aquellas existe. Su competidor, en cambio, no se vasta y gloriosa empresa le. es indispensable sacerdotisas del P e r ú y de Roma. E l cotidianismo impide, la estimación de aventura a dar, un paso sin atenerse a, la una mujer extraordinaria por su talento y experiencia. Se explica, pues, aue la mul- por el temple de su carácter, y como el azar lo maravilloso, que no deja nunca de tantitud se vaya con el primero y vuelva la es- le ha puesto esa nrujer a su alcance, alarga gentear nuestras horas. Y de igual- manera palda al segundo, porque como el románti- las manos y se la lleva consigo, con los h i- que llega a parecemos vulgar la existencia co es la insensatez en acción y el inteli- jos de- Hans de Bulow y todo, para que al de las religiosas en sus conventos, mientras gente la cautela que se abstiene, la gente marido abandonado, no le q u e d e- m á s pre- soñamos al evocar a sus hermanas del temespera más del uno que del otro, y el patrio- ocupación que la, desafinar el piano. plo de Vesta y a las incaicas, ocurre al esEs crtiel. v- verdad? Pero el universo está píritu humano compadecerse. de sufrimientismo en las tribus con pretensiones de nación tiene su asiento en las vías diges- lleno- de crueldades, que la Naturaleza, in- tos remotos en el tiempo o en el espacio, sin diferente, tolera, tivas... aue ni siquiera le impresionen otros cuyo ¿H a meditado el lector en la crueldad que i alivio está al alcance del supuesto apóstol supone meter en el arca de N o é un par de I de imposibles. L O R D B Y R O N Y S U ROMANTICISMO 1