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SEVILLA. mr? trjo ORIGINAL DEL LOS DIPLOMAS DE LA EXPOSICIÓN ARTISTA SEVILLANO D. SANTIAGO MARTÍNEZ PARA LOS DIPLOMAS D E HONOR A LOS EXPOSITORES ENTRE LAS ORLAS FIGURAN PABELLONES DEL GRAN CERTAMEN (FOTO DUTSOls) Días pasados hallábame yo en una ciudad levantina, y una tarde vagaba al azar por su barrio señorial, en el que unos caserones de los siglos X V I I y X V I I I abotagados en su pompa y húmedos hasta el reumatismo, yacen bajo el amparo de las torres catedralicias. Son allí angostas las calles, silenciosas y melancólicas. L a tarde a que me refiero, en una de dichas encantadas, vías notábase desusada animación. Triste animación, ya í ¡ue era debida a l a solemnidad de un en- ti erro. Estaba cerrada una de las hojas de la zureaban a la primavera unas palomas. Pronpuerta de uno de los palacios que además to el idilio hubo de ceder a la severidad del tenía corridas sus persianas de biombo, ha- momento, que reunió en torno a l a procer biéndose quedado singularmente abandona- morada clérigos, con una manga parroquial; das en los balcones las palmas del Domingo! a carroza fúnebre, coches con los faroles de Ramos, con sus lazos de seda. A l fondo velados por ¡jasas negras, coronas de flores def patio, mallorquín, italianizante, medite- sin luminosidad, como empastadas, y una rráneo, con su abovedado pórtico, y luego muchedumbre de burgueses y de aristócraun deslunado con su pozo, veíase una verja tas enlutados. Algunos se ahogaban en su de palo, y, a través de los barrotes, un limo- 1 levita y con su chistera. Otros fumaban, no ñero y una fuente marmórea en la, que sin timidez, el cigarro que suelen saborear 1 enfáticamente en su tertulia del Casino. E l auriga de la carroza fúnebre, congestionado por el casquete de su peluca blanca, de cuándo en cuando espantaba las primeras moscas, que ya van presentándose en los climas cálidos... Y en esto, un recuerdo de infancia que vuelve: niños y viejos hospicianos con sendos hachones. Dispersa mi vida en tierras del extranjero, donde ni los periódicos llenan su primera plana con esquelas mortuorias ni es costumbre llevar a los asilados a los entierros, la aparición de los chicos y los ancianos, antes que nada, avivó en mí la memoria de los años en que las comitivas tenían la virtud de hacerme llegar tarde a la escuela. Entonces, incluso hubiera querido vestirme con ese hábito dominico en miniatura que lucen, por ejemplo, en V a lencia, los párvulos denominados de San Vicente Ferrer. Desvanecida la involuntaria evocación, contemplé a los pobres muñecos de manera distinta a como los veía en mis tiempos del pantalón corto y el paquete de libros a la espalda. Ellos sí que continuaban lo mismo, aunque no fuesen los mis- ANVERSO Y REVERSO DEL DIBUJO ORIGINAL D E L ARTISTA SEVILLANO D, SANTIAGO MARTÍNEZ PARA LAS MEDALLAS D E PREMIOS D E L A EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA (FOTO nuriois)