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LA P I E D A D D E L M U S E O PROVINCIAL D E BELLAS ARTES D E VALLADOLID, ESCULTURA D E L GRAN IMAGINERO GALLEGO GREGORIO H E R N Á N D E Z (FOTO CARVAJAL) E abre pocas veces al año ese mueble antiguo donde, entre t a n t a s cosas de familia, se guardan ios devocionarios de l a Semana Santa. H e aquí uno forrado en terciopelo violeta, c o l o r de l a Pasión, con una cruz dorada y unas iniciales. A l a b r i r los broches de este libro h a n caído recordatorios de o l v i dados difuntos y rosas, secas y a de primaveras que quisieron hacerse inolvidables. A l guien en silencio recuerda una de esas desconsoladas historias de amor que suelen oírse contar a las viejas amas de llaves confidentes de- enamoradas ya muertas. E n este armario hay, junto a los libros de devoción, paquetes de cartas atados con cintas que fueron de unas bomboneras de boda y r a milletes mustios con un olor a folletines de otro tiempo, a novelas poco leídas o que no se han escrito nunca. E s tarde. H a n dado y a las nueve y media. T ú sin vestir. T ú también sin vest i r se oye una v o z que dice en l a alegría matinal de l a casa. Perderemos así l a misa y l a bendición de las palmas. P o r l a ventana abierta unos ojos miran cómo está. el día. E l azul es inmenso y radiante. Todavía no son las diez y parece ya mediodía. Debe hacer gran calor esta mañana en los olivares y viñedos de l a parte del río. A intervalos, algunas nubes blancas y ligeras, como guiñapos de seda leve y nítida, bogan por el cielo altas y veloces. A intervalos, una fresca brisa de triunfo viene de l a parte del mar como si hubiera hinchado allí las velas y hecho flamear las banderolas en l o s altos mástiles. A intervalos, en el aire caluroso- -más caluroso de lo que se esperaba en este día de primeros de abril- -la brisa S SEMANA SANTA DOMINGO DE RAMOS fresca y rápida trae u n escalofrío. E s el triunfo. E n el atrio de l a Catedral se agitan las palmas doradas, los ramos de olivo y los laureles. E n u n olmedo de las afueras unos niños trepan a los árboles para desgajar ramas vestidas de un verde tierno y nuevo con temblores de plata. Se oyen las campanas gozosas de l a torre. ¡Aprisa, muchachos, aprisa, porque Jesús viene! L o s dos del Evangelio han ido hace ya mucho rato a buscar el asno. en una granja de YSetjhagé. A p r i s a muchachos, a p r i s a cortad los ramos; Jesús viene. H e l e aquí que ya l a j a por el monte de las O l i vas. H o s s a i n i Hossanna a l H i j o de David! pero en algunos capiteles del claustro todavía se pueden d e s c i f r a r d i a b ó l i c o s enigmas. Cuentan que hubo aquí grandes riquezas y g r a n relajación, g r a n d e s misterios y un monje dado a Satanás que f a bricaba el oro. E l s i lencio aquí es como una distancia que nos separ a del D o m i n g o de Ramos y de la alegría de ayer cuando el Señor entraba en l a ciudad y se oían desde lejos las voces alegres y l a algarabía de los niños agitando palmas y ramos. A h o r a sólo se oye sobre los zarzales en flor el zumbido de las avispas. MARTES S A N T O iHoy hemos vuelto por l a tarde a pasear por las afueras, pero hemos salido por la otra parte de l a ciudad. E l sol era de miel. H a y por ese lado muchos jardines de hace más de cien años, con maravillosos rosales. C a s i todo el paseo es entre tapias, y de vez en cuando sobre las tapias asoman los copudos olmos, los cipreses, los cedros, los magnolios. D e vez en cuando, tras de las LUNES SANTO verjas herrumbrosas, cuyas campanillas tienen para siempre enredado el alambre, se Tiernos salido de paseo por las antiguas afueras y nos hemos sentado a l pie del áb- ven fachadas de cerrados palacios, parterres y plazoletas con estatuas de barro blanside románico de piedras rojas, casi derruiqueado y rotos columpios al fondo de l a das. Aquí estaba el huerto. de los frailes, y umbría, o también se entrevén los laberintos sólo quedan ahora tres higueras junto a esa donde se jugaba al amor y los estanques íuentecilla rota. Allá, abajo, en aquel soto verdinosos de ninfeas donde hubo cisnes. de verdura, tenían el molino, que ahora Entre las piedras del camino hemos enconllaman M o l i n o del A h o r c a d o Estas h i trado una serpiente muerta. Entre la hiedra gueras se desgajan y se desecan. Todos sus de las tapias, acá y allá, nos acechaban, pehigos se hari secado también, porque dicen, trificados al sol, los lagartos. que una maldición pesa sobre todos estos lugares. E l monasterio se ha desmoronado. Todos estos palacios y quintas eran de
 // Cambio Nodo4-Sevilla