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Blanco f legro 4 Q 6 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL P A S T E L E R O D E MADRIGAL 403 ¡Un veneno! -dijo de una manera singular G a briel de Espinosa. -S i el tósigo de los Borgias- -contestó con voz ¡trémula María. ¿C ó m o sabéis vos el nombre de este veneno? -dijo con un vivo interés Gabriel de Espinosa. -M e lo m dicho el que me lo ha dado, para que os lo diga a vos, para que tengáis confianza en su eficacia, para que sepáis que mata dulcemente, sin sufrimientos, sin congojas y de una manera muy rápida. ¡E l nombre de la persona que os ha dado este venenó! -Monseñor Pietro Mastta. ¡Ah! ¡M i hermano! ¿L e conocéis vos? -S í él es mi amigo; él me comprende; él sabe cuánto os amo, y desesperado, no pudiendo salvaros. ue para salvaros seria inútil todo el poder de República de Venecia, se ha valido de mí. ¿M e creéis ahora, señor? ¿M e creéis tan leal a vos como les leal la sangre a! corazón? -Sí, os creo; os creo, y si no puedo amaros de la manera que vos me amáis, porque mi hermano os habrá dicho que yo amo ya, os amaré como os amo ahora, durante el poco espacio que me queda de vida, con un amor puro, triste, doloroso. ¡A h señor! -exclamó María- ¡E s a palabra me hace la m á s feliz y la más desventurada de las mujeres! N o me despreciáis ya, me comprendéis, me amáis... como un padre, como un hemano... Pero no importa: me a m á i s i y yo. yo soy la causa de vuestra horrible desventura! -No, María, no; la causa de mi desventura es mi funesto destino; no lloréis; estoy ya cansado, y para mí la muerte es un beneficio; he visto frente a frente la verdad tal cual es: descarnada, horrible, desnuda, v que la vida no merece la pena, de afanarse por ella; he visto que la ambición, eme la bajeza, que las malas pasiones, lo enlodan todo; he visto al crimen insolente ponerse delante de mí y arrojarme a la cara su inmunda carcajada; he visto que ese reino de Portugal, que me cree su Rey, sufre en silencio la larga, la humillante p r i sión del que por Rev tienen he visto y veo a esos Reyes de Europa, que también me creen Rey, con- n cho a los Santillana para que me sean funestos! ¡S í! ¡Santillana habíais de ser! ¿P o r qué no había pensado hasta ahora en ello? ¡Había atribuido a otras causas mi prisión! ¡Y o no había podido ni aun sospechar que aquella pobre mujer que me amaba, a la que yo no podía amar, pero a la que tenia un afecto compasivo, un afecto de padre, había sido la miserable que, viendo en mi aposento, en el aposento de una posada, unas joyas, me delató como se delata a un ladrón! -i A h! Tenéis razón, señor; ¡yo he sido una miserable, una infame; pero infame y miserable por amor; por un amor despreciado que me enloqueció, que me hizo pensar en la venganza, que me llevó hasta don Rodrigo de Santillana, y me ha costado un mar de lágrimas, y que me costará la vida! ¿Quién os puso a mi paso, mujer? -exclamó desesperado Gabriel de Espinosa. ¡Dios, que ha maldecido, sin duda, a los Santillana! Dios, que ha querido que vos seáis la noble víctima que castigue algún ignorado delito de nuestra familia! Porque vuestra sangre, señor, nos ahogará después de una agonía horrible! ¡M i sangre! -exclamó Gabriel de Espinosa con acento opaco. ¡Sí, vuestra sangre! ¡Porque la sentencia, señor, vuestra sentencia de muerte, hace una hora ha venido de Madrid, aprobada por el R e y! -El Rey no puede haberse atrevido a tanto- -dijo Gabriel de Espinosa con asombro, pero sin miedo- el Rey ha debido enloquecer si tal ha hecho; porque si en mí hay culpa, no es una culpa que merezca la afrentosa muerte del patíbulo. ¡No. no! t Imposible! i Eso no puede ser! A vos os envía Santillana, no sé a qué, porque lo que él no ha podido arrancarme no me lo arrancaréis vos: oero yo no creía que don Rodrigo apelase a este baio medio: que diese falsamente su apellido? una mujer tal como vos; ¡ni por quién me ha tomado a mi don Rodrigo de Santillana! -Y o estoy aquí, porque, si no me hubiera permitido venir, si no me hubiera dado ocasión pava veros, ¡vo no sé lo nue hubiera hecho. poro; ne c toy loca! ¡Y qué ie importa a don Rodrigo, al terrible
 // Cambio Nodo4-Sevilla