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HUELVA. UN HOMENAJE EL ILUSTRE PEDAGOGO D. MANUEL SIUROT, CON LAS AUTORIDADES E INVITADOS, EN E L HOMENAJE ORGANIZADO EN SU HONOR POR L A AGRUPACIÓN ALVAREZ OUINTERO, CON MOTIVO D E LA IMPOSICIÓN D E LA MEDALLA D E L TRABAJO, OUE L E F U E CONCEDIDA POR E L fíORJERNO. (FOTO CALLE) cióse la gracia del color suave, elegante, y j es, y que Madrid no sería m á s importante una gallardía de buen tono en la exagera- que Alcalá de Henares o que Guadalajara ción de la altura. 1 si al hijo de Carlos V no se le ocurre estaPero el sitio es el mejor acierto. Sin sa- blecer aquí la capitalidad definitiva del Imber cómo, probablemente sin proponérselo perio? Madrid se llenó entonces de albañinadie, en esa encrucijada de la Gran V í a se les, de contratistas, de especuladores, de ha improvisado un centro vital de lo m á s gentes afanosas que iban levantando rápiinteresante. Es! a acrópolis cinematográfica. damente barriadas, palacios, monumentos. Ahí se congregan los más modernos cines De manera que los extranjeros pueden conde Madrid, y en sus contornos surgen los siderar a Felipe II, desde su punto de- ista comercios más novedosos, los restaurantes interesado, como un grandísimo reaccionar i o pero los madrileños, desde su punto de y casas de té más a la moda actual. vista, y ateniéndose a l a pura razón, no Y en ese rellano trascendente, en esa pla- tienen más remedio que mirarlo como un za con la que nadie contaba y que parece gran progresista. Comprendo, sin embargo, haberse formado espontáneamente en la en- que t a de ser muy difícil que algunas percrucijada de la Gran Vía, ahí, al pie mismo sonas se resignen a aceptar a Felipe I I en del Palacio de la Prensa, se ve que falta calidad de gran progresista y por eso algo. Falta una estatua. Las estatuas, en me abstengo de insistir sobre el asunto. medio de una plaza, cumplen excelentes funHay otro Rey que merecería una estatua ciones municipales, tanto de ornato como porque avudan a reglar la circulación. A ve- en esa plaza de la Prensa. M e refiero a Carces se recurre a una farola monumental. los III, el Monarca que merecería el sobrePero, siempre que se pueda, conviene po- nombre de el constructor por la cantidad ner una estatua en el centro de las plazas fastuosa de toda clase de obras públicas y encrucijadas muy concurridas, muy llenas como durante su reinado se construyeron en de tráfico difícil. Una estatua viene así a España y sus Indias. Madrid le debe tamconvertirse en un colaborador tácito y gra- bién hermosas construcciones. Y las persotuito de los diligentes guardias encargados nas de que hablábamos antes ya no se oponde ordenar v facilitar la circulación. drían tanto a que le asignásemos a Car; La estatua de qué grande hombre pon- los I I I el título de progresista Con todo, dríamos en ese sitio estratégico del más no faltaría quien protestase contra la idea moderno Madrid? Una vez me resolví yo a de erigir la estatua de un Rey en sitio de insinuar que en esa plaza es donde estaría apariencia tan modernista y casi norteamebien, por eieniplo, la estatua de Felipe TI. ricana. Entonces surge otro candidato a la esta. Nada menos que de Felipe II. Pues si las ciudades tienen la sagrada v civil obliga- tua: Primo de Rivera. Porque lo cierto es ción de rendir agradecido homenaje a las que todo ese lado de la Gran Vía. todo el personas que más han trabajado por ellas, desarrolló brillante de esa parte de Madrid se ¿quién se atreverá a negar. que Madrid le ha verificado bajo el Poder de Primo de R i debe al segundo de los Felipes todo lo que vera. Podremos decir lo que queramos, pero es evidente que el estupendo Palacio de la Prensa se ha levantado durante el Gobierno de la Dictadura y a favor de su apoyo, y que ese centro vital de Madrid, todo ese trozo entre berlinés y neoyorquino, con sus cines lujosos, sus hoteles opulentos, sus comercios elegantes, su vida fuerte y animada, todo eso es fruto de la Dictadura. O, cuando menos, ha sido creado bajo el Poder del dictador. Y a sé que resulta muy duro el tener que adjudicar el título de progresista a un tirano como Primo de Rivera; pero la Historia está llena de casos parecidos. Efectivamente, la Historia nos dice que han solido ser precisamente los tiranos los que más se han preocupado de construir las grandes obras, desde las pirámides egipcias, desde los palacios de Micenas, desde los monumentos romanos, hasta ese Napoleón III. fracasado aspirante a grande hombre, que transformó a París, lo embelleció con sus bulevares, lo hizo espléndido y monumental. E l prodigio de Versalles se debe a un tirano. En fin, la demostración de que la tiranía es con frecuencia eminentemente v grandiosamente constructora y progresista nos llevaría a poner interminables ejemplos. Como nuestro propósito no se dirige a hacer una defensa de la tiranía ni tenemos vocación de guardias suizos, dejaremos en paz a los tiranos. Pero el problema de la estatua queda en suspenso. Hay que erigir tina esbelta v bonita estatua en esa encrucijada espectacular v palpitante rnie ha surgido al nie del Palacio de la Prensa. De quién ha de ser la estatua? A qué figura eminente, a i u é hombre ejemplar o singular colocaríamos ahí. de pie v con una mano extendida? Esa es la cuestión. JÓSE M. S A L A V E R R I A
 // Cambio Nodo4-Sevilla