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MADRID- SEVILLA 17 D E ABRIL DE 1930. NUMERO 10 C T S SUELTO R E D A C C I Ó N P R A D O D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ CERCANA A TETUAN, SEVILLA colectividad culpable... vuestra idea, vuestra justicia y vuestra verdad, fieles a la verdad y la justicia del Divino Maestro, irán rodando entre burlas y comenzarán a andar su largo calvario. Jueves Santo No hay para la redención otra calle que Las horas largas de la horrenda noche, ésta de la Amargura, donde l a generosidad llena de divinas misericordias, envuelta en- y el renunciamiento caminan, venciendo los tre sombras de impiedad humana, van a pa- tropiezos que ponen el egoísmo y la codicia, sar en aniversario de dolorosa recordación, a fuerza de amor. Y hoy, Jueves Santo, es y seguirá al misterio de la muerte el mis- el día por excelencia del amor. Entre el núcleo fundamental de palabras terio m á s inefable de l a vida. Es la actualidad ¿P u e d e haber otra que constituyen el léxico corriente en nuesen estos días de la gran semana... Arte, tra vida de relación, ésta del amor figura en política, literatura. ¿D e qué vale todo ello primera línea. Libros, periódicos, discursos, al lado de un Dios que sufre, de un Dios el mismo comercio familiar y social se nutre del jugo de ese vocablo: ¡el amor! que muere? L a conjugación de este verbo se lleva la He aquí el libro en cuyas páginas nutrió nuestra sociedad sus soluciones de libera- mitad de nuestra vida. Y sin embargo, ¿dónde está el amor? ción. Cristo en la cruz es el amor ofrendando ¿Dónde las obras que son la señal de su las flores de un perfume supremo a ricos y existencia? Antes de comenzar este artículo he considerado los sucesos que acaecen a pobres. No, lectores; no se asusten ustedes; pon- mi alrededor. ¿Flota sobre ellos la nube azugo punto al sermón y vuelvo la hoja; este lada y esplendorosa que envuelve en cendam o n t ó n de carnalidad que nos aplasta no les de triunfo un día de primavera? ¿C u l consiente que se abran las almas en floración mina sobre ellos la dádiva generosa del aprede espíritu, y con una especie de cabezada cio, que sabe allanar los montes, endulza las esa mueca de los entierros de cumplido penas y seca las fuentes del infortunio? vemos pasar ante los ojos y ante el corazón I Dónde está el amor? L a mayor parte de noticias que a diario el augusto aniversario. Nuestra vida es a s í desleída en partícu- leemos o escuchamos refiérense a lucha de las de pasión, rebosante de superficialidad apetitos individuales o colectivos. Se había, y baratería, se enamora de todo lo que se- no obstante, más que nunca de paz y de duce con voluptuosos cosquílleos a aque- amor, precisamente porque no existen, a sella bestia que, según Pascal, juega y ba- mejanza de esas casas pobres en las que a la talla con el ángel que llevamos dentro. Y continua padres e hijos hablan de pan porpara realizar este ideal que han clavado los que carecen de él. M i r a d en los días del paganismo, el dios moralistas del positivismo en las manifestaciones de la vida moderna, mucvense las Marte presidía la guerra. Minerva patroniplumas y álzanse las voces en ardor de pro- zaba el saber; Mercurio, la enfermedad; Orfeo endulzaba la vida con arrebatadoras clama. Las repeticiones de la Historia son más a r m o n í a s bebíase el placer en la copa de asombrosas y frecuentes de lo que quisié- j Venus. ramos, y debajo de las algaradas políticas, En nuestros tiempos, los dioses se llaman cínicamente escandalosas, y debajo de esas Ciencia, Ambición, Dinero, Odio. Placeres prédicas diarias de rebelión y progresiva o desesperaciones; señoríos o esclavitudes. independencia parece que se escuchan los A r r i b a los déspotas; abajo, la plebe esclaecos bárbaros de la frase del pueblo judío vizada. ¿Dónde ha señalado el mundo puesto cuando rugía feroz ante el primer político al amor, a la caridad, al perdón, que es el de compadrazgo: N o queremos a ese; nues- suspiro del alma? No hojeéis en vano ¡a H i s t o r i a no desentras preferencias son para B a r r a b á s Y cuando el arte de gobernar en orden y me- trañéis inútilmente los misterios de la F i l o joramiento de los intereses nacionales des- sofía, ni os canséis siquiera en recordar los pierta la codiciosa oposición de los que bus- pasos de vuestra propia vida. can su medro en el revuelto río de las conE l lugar reservado al amor estuvo vacío cupiscencias, de los que afanan su bienestar hasta que Cristo Jesús no le colmó con la en el alboroto populachero, de la misma bondad de su corazón divino, y esa vaciedad í aza que aquellos saduceos, que, según Jo- se descubre de nuevo, cuando en el espíritu sefo, citado por Chauvin, miran en el Go- del hombre y de la sociedad no alienta bierno una ambición y en el pueblo un me- Cristo. dio para saciarla y cuando la ciudadanía Recordad la ceremonia que hoy se celebra. cristiana demanda colaboraciones de amoro- No son los pies de Pedro los que lava el sa actividad para unir en fraternal abrazo Maestro; son también les pies de Judas, a ricos y pobres, obreros y patronos, l a que medita el crimen de la t r a i c i ó n son indiferencia egoísta, replegada en las pro- también los pies de la Humanidad envilecipias comodidades, se encoge de- hombros da que, chorreando sangre por cada poro, como Pilatos, y, como él, replica: Vos vi- bajo el peso del pecado y de la esclavitud, áeritis -a. Á veréis vosotros, que yo me perjura, criminal o ignorante, -vanza polh por meto en casa- si no es que, desoyendo el los siglos agitada por el odio, cen, llamamiento de justicia y caridad, vuelto de legiones de hombres que reeogien aín, t r a í a espaldas al deber, oye sin protesta el grito rencia de Judas y la de de la turba enronquecida: Non mine sed fratricidas. BcP abam E l amor nació con Cn. -to en el p- rtal de Decid una idea, que vuestra prosa clame Belén, y se perpetúa en ¡a Hostia S nta. limpiezas para las inmundicias de la calle; Y no hay que darle vuelír. s; todas las mapara las basuras del lupanar más o menos nifestaciones de nuestra vida políticas, socivilizado, que rebose indignación vuestra ciales, familiares, que no lleven dentro una pluma y caiga su justicia sobre la indocta partícula de cristianismo, serán expresiones BC DIARIO DO. N. ILUSTRA- A Ñ O V 1 GE 8.520) M S 1 MOSEXTO OLIVE. RELIEVES D E ACCIÓN CATÓLICA de odio. Por esto, sólo por esto, la sociedad moderna es fomentadora de divisiones v rencores en el orden político, social y económico, porque es cristiana, más en apariencia que en la realidad. J. P O L O B E N I T O LA M A D R E Y E L FILÓSOFO E N E L 1 ARDÍN L A MADRE. (Que ha estado escuchando al filósofo con atentísima, aunque un tanto impaciente buena educación. -Pero, entonces, si puede ser verdad lo que usted asegura, si a la hora de morir... mucho antes, a la hora de ir dejando de vivir, no nos quedan en ei alma otras huellas que las de nuestras emociones de infancia... E L FILOSOFO. Interrumpe, condescendiente y rectificante. nuestras impresiones de infancia. L A MADRE. Un poco nerviosa) -Impresión... emoción... ¿qué m á s da? E L FILOSOFO. -Puede que tenga usted razón, señora. L A MADRE. Sonriendo. -Por una vez... y a pesar de ser hembra... ¡T a n t a s gracias! E L FILOSOFO. Impermeable a la ironía femenina. -Lo mismo que la tengo yo, señora, indudablemente, al afirmar que las únicas sendas de la mente que no se dejan nunca de recorrer son las trazadas en los años niños. ¡Infancia, sólo infancia! N o hay m á s que eso. Todo el resto se borra i n evitablemente. Todas nuestras ulteriores reacciones anímicas son impotentes para crear la que pudiéramos llamar sensación poética Para hacerla surgir en nuestras lamentables emociones de adulto nos vemos obligados a aprovechar, consciente o inconscientemente, el material- -al parecer olvidado- -de nuestras sensaciones infantiles... ¡p e r d ó n de nuestras emociones infantiles... L A MADRE. Gritando. ¡Chiquillo, bájate de ese árbol, que te vas a caer! E L FILOSOFO. Que, sin duda, por no haber dejado nunca de ser niño, reclama para sí imperiosamente la exclusividad de la atención. -Déjele usted, s e ñ o r a no se cae. L A MAOKE. (Sin hacer caso ai filósofa. -i Baja, demonio, baja, que te vas a matar! E L FILOSOFO. (Con leve impaciencia. -No se cae. N o se mata. L a vida está con él. L A MADRE. (Tranquilizándose al observar que el crío evoluciona entre el ramaje con prudente seguridad. -Sí... mi madre dice: ¡E l diablo le guarda! E L FILOSOFO. -Da lo mismo. L a vida y el diablo, señora, son sinónimos. N i una ni otra palabra quieren decir nada concreto y comprensible. N o perturbe usted a esa pobre criatura. E n la alta copa de esa florida acacia, dulcemente mecida por la brisa, está acumulando sensaciones de luz, de sombra, de. ir, de rumor, de perfume, de vaivén, f o, con que colorear, aromar, cstredesequilibrar, poetizar, en suma, dáu alor ficticio y fantasmagórico de j u ventud, algún tardío anhelo que, verosímilmente, pasados los cuarenta y cinco, le acometerá, soliviantará y consolará, haciéndole creer que todavía vibra a cuenta del presente. L A MADRE. (Gritando con renovada alar- J
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