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ti 31 CARRETAS, 39 MADRID 8 r FINCAS rústicas en toda España, comp; J. M. Brlto, Alcalá, 94, Ma dr K. 2 6. -Sortija. brillantes, oro platino. 425 (pesetas. N 28. -Sortija. 3 brillantes, oro j platino. 500 pesetas. 1 N. 30. -Sortija. 3 brillantes, oro y platino. 600 pesetas. Lea usted MOTORES DIESEL KCONOMICOS Blanco y Negro Precio: UNA peseta ejemplai en toda España. MOTO- BOMBAS Almirante. 15. Madrid. Para completar su organización provincial y propagar sus nuevas pólizas, los necesita importante C o m p a ñ í a ele seguros sobre la vida. Cargos duraderos y bien retribuidos para hombres de treinta y cinco a cincuenta y cinco años, si tienen cultura y actividad. Se les instruirá teórica y p r á c t i c a m e n t e en tres o cuatro semanas. T a m b i é n se necesitan agentes productores para Madrid. Compatible con cualquier otra o c u p a c i ó n Escribid, sin sello para contestar, a don J C Plaza P r í n c i p e Alfonso, 5, pral. Madrid. -INSPECTORES REBIONALES I I 1I I 1 I pi FERNANDEZ Y GONZALL 3 EL PASTELERO DE MADRIGAL S oi I- r y E n cuanto al capuchino, se llamaba el padre Astudillo. E l padre Regalado era un señor obeso, mofletudo, con los ojos casi escondidos entre la carne, con gran papada y gran cogote, de buena pasta; hombre feliz a todas luces y cuyo abdomen tenía un volumen monstruoso. L a tranquilidad, la indiferencia ia todo lo que no fuese la pitanza suculenta y la ¡absoluta carencia de cuidados, era lo primero que se comprendía a la vista del rosado semblante del padre Regalado. Era un fraile trinitario de raza pura, porque la raza fraile existe desde que ei mundo es mundo, ya con esta o la otra denominación, ya bajo esta o la otra forma: bracmanes, en la India; coptos, en Egipto; augunes, entre los gentiles; levitas, entre los judíos; faquíes, entre los árabes; frailes, entre los cristianos. La raza, pues, era antigua, v tenía razón de ser. E l padre Galindo era también mucho fraile, aunque de género distinto del padre Regalado. Era dé un volumen regular, ni delgado ni grueso; moreno, de fisonomía expresiva, inteligente, un si es o no es astuta, un tanto burlona y marcada con algo ae esa expresión nup nodvín I b m n r c p esníritii de hombre de mundo E n cuanto ai padre Astudülo, había en él toda la soberbia del capuchino mendigante, la severidad del ascetismo, pero no la demacración del ascetismo, porque quien come bien y goza de buena salud no t uede estar flaco; por el contrario, el padre A s ¿ndillo era una especie de atleta moreno encendido, con gran vigor de musculatura, barba crespa y net; ra, la cabeza completamente afeitada, a excepción de un estrecho cerquillo: cejas pobladas, ojos negros y penetrantes, de expresión dura; nariz recta y enérgica, cuello robusto, brazos y piernas fuertemente desarrollados, y manos v pies grandes, pero de buena forma. E l padre Astudillo era un buen mozo cíe treinta v cinco años, en toda la extensión de la palabra, y con una fuerza tal, que de un puñetazo en la cerviz podía matar a un toro. Pero todos estos frailes tenían trazas de ser buenos señores y hombres de virtud, salvo los defeceos tíe carácter, y su soberbia de raza, y su competencia de orden a orden. J vida; pero dejadme que os implique aún que perdonéis a mi padre. -Pero no veis que no puede perdonarse un crimen que aún no se iia acabado de cometer y que se está cometiendo aún, que se. está continuando. María, vuestro padre sabe lo que hace; vuestro padre sabe adonde va y de dónde viene; antes que todo es alcalde de casa y corte y vasallo del Rey. Dejadle, pues, que continúe su camino; si al fin de él encuentra el remordimiento, el se ha puesto voluntariamente en el caso de sentirle. Y alzó a María, cuyo semblante estaba pálido y desolado. -Venid, venid, poneos el antifaz; voy a llamar a la puerta para que os abran. ¿Y nada tenéis que decir a los que os aman, señor? -S i decid a Pietro Mastta que tengo todo el valor que se necesita para el trance en que me hallo, y que no pase cuidado por mí, que esta es una cuestión de tiempo, ni más ni menos, v que ya he vivido bastante p; irn saber lo que es la vida. Que no le recomiendo mi mujer y mis hijos, porque no hay necesidad de que yo se los recomiende para que él los proteja. En cuanto a mi esposa (y la voz de Gabriel se mojó en lágrimas en cuanto a mi esposa, decid a Pietro Mastta la diga, porque vos no podéis verla... ¿Y quién os ha dicho que vo no puedo verla de la misma manera q. ie os estoy viendo a vos? -N o no- -dijo Gabriel de Espinosa- vos no debéis verla; ella no debe conoceros a vos; sed vos mi intermediaria con Pietro Mastta; decidle que ruegue a su hermana, a mi esposa, que me perdone por cuanto la he hecho sufrir; que esté a su lado para sostenerla, para alentarla en el momento terrible, y que la salve con mis hijos de la cólera y de los recelos del Rey don Felipe. Ahora, María, separémonos, y sabed que habéis sido para mí como un ángel que hubiese descendido a las tinieblas de mi calabozo. -Me habéis encontrado sumisa, señor- -dijo M a r í a- no os he hecho sufrir ¡a contrariedad tó una disputa; espero, pues, una Sola gracia. ¿Cuál? V