Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ELEVASE ENTRE J. OS GRUPOS U N DEVOTO Y COMIENZA A CANTAR Los cantares del pueblo en las procesiones de Semana Santa. Manifestación sentidísima y espontánea de la fe religiosa del pueblo andaluz, es la saeta un grito de amor y conmiseración para con las inocentes víctimas, j e s ú s y María, y de protesta para con el pueblo judio, su verdugo. N a c i ó no se sabe dónde ni cuándo, y ni memoria queda de quién le diera el ser. El pueblo andaluz es el m á s individualista de España; en Andalucía n ó se conciben los coros ni los orfeones; la disciplina que imp ica la formación de una masa coral es algo que repugna al carácter de este pueblo, y, sin embargo, aquí todos cantan y todo se canta; las alegrías, los pesares, el amor, el odio, los celos; todo es objeto y motivo de una sentida cop a, cuya musicalidad está siempre en perfecta consonancia con el espíritu que la anima. No busquéis emisión dé voz que responda a escuela de canto alguna, ni mucho menos tonalidad definida ni fraseo, ni nada parecido; el andaluz, cuando siente la interior comezón del canto, es como un pájaro posado en la rama de un árbol, tan libre como él, y con facultades tan excepcionales para el gorjeo como el ruiseñor. Como toda obra popular, la saeta es de una sencillez no sobrepasada po ningún otro canto; solamente remontándonos a los primeros tiempos de la Iglesia podríamos encontrar algo parecido en expresión y sentimiento. Kl canto gregoriano en su prístina pureza contiene algunos ejemplos comparables a la saeta antigua, sin sobrepasarla nunca, ¿T i e n e la saeta algo de común, algún parentesco con el cante jondót Decimos cante ¡onda y no cante flamenco, por. ser este último una degeneración del primero, y no poseer ninguna; de sus grandes cualidades. La saeta es esencialmente diferente del cante ¡anda, pues ambos proceden de tronco distinto; e. origen de éste habría que buscarlo en Oriente, y justamente en aquellos pueblos cuya música está fundamentada en el cromatismo y enharmonismo; en cuando al cante wndo, se le da una tonalidad perfectamente definida; cuando se canta con afinación, pierde toda su gracia, y se le priva del especial aroma que le presta todo stí encanto. L a saeta, por el. contrario, es diatónica; se mueve dentro de una tonalidad definida, y no necesita de ambigüedades en su desarrollo melódico. Estudiando a fondo la saeta venase que no es otra cosa que una de tantas cláusulas gregorianas recogidas por el pueblo y h e d í a s suyas con las ligeras variantes que el tiempo va introduciendo en todos aquellos cantos que no fueron anotatados en códice a guno. 1. a degeneración que se nota en el canto popular andaluz alcanza también, por desgracia, a la saeta: así como apenas hay quien cante boy martinetes, polos, seguidillas, etc. tampoco es fácil encontrar quien entone la verdadera y típica saeta, pues el profesional del flamenco puso sus pecadoras manos en lo m á í hermoso que teníamos, y así verafcs hoy que, m á s qué saetas, son fandangUillos lo que nos sueltan los artistas asalariados. La saeta antigua es breve, sencilla, y sin adornos superfluos, que desdicen del objete a que se destina; la que hoy está en boga es inacabable, retorcida; y con tal abundancia de adorno: que llega a causar tedio er el oyente. Tres versos octosílabos bastan para la saeta; la música no es otra cosa que una sola frase, dividida en dos períodos, que van alternando según el número de versos, y nada m á s la sencillez máxima hermanada a la máxima belleza. La saeta nació del pueblo, y sólo el pueblo la siente y la vive; de aquí la emoción, el escalofrío del espectador al oír una voz salida de la multitud, que, m á s que voz emitida por una garganta, parece surgir de un corazón lacerado: esta es la saeta verdadera; comparadla luego con la de la ¡artista! cont- atada para cantar diez saetas desde el balcón de un Casino, e inmediatamente la palabra parodia acudirá a vuestros labios. K. s preciso iniciar una cruzada para no dejar perecer la verdadera saeta, timbre de gloria de toda A n d a l u c í a y espléndida rnar. i testación del arte y de la fe de nuestro pueblo. Enu- Aüno T O R R E S