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MADRID- SEVILLA 19 D E A B R I L D E 1930. NUMERO S U E L. T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. CERCANA A T E T U A N SEVILLA de la demagogia. ¿Necesitaremos señalar el! mocrático que se llamó Eduardo V I L Hoy, caso actual del Gobierno laborista de m í s- jorge V se ve rodeado de respeto y de cater MacDonald, defendiendo los intereses riño por su bondad, su sencillez y su vida navales del Imperio británico en la Confe- ejemplar. Basta el recuerdo de la ansiedad rencia de Londres? Aunque socialista, una general que agitó a todas las clases socia (Tradición y progreso) vez en el Poder no piensa el primer minis- les en Inglaterra cuando la enfermedad del actual Rey, para convencerse del hondo senA pesar de haberlo dicho ya en otras tro inglés sacrificar la defensa naval del timiento monárquico del pueblo inglés. ocasiones, conviene repetirlo una vez más dilatado Imperio a las bellas teorías del paE n cambio, si se compara este generoso para desvanecer esa nebulosa ideología que cifismo internacional, que significarían su propagan los sembradores de utopías socia- rápida muerte. L o s socialistas, allí, son tan afecto colectivo con la indiferencia del pueles o los agitadores interesados. N i la idea patriotas frente a las potencias extranje- blo francés ante las crisis presidenciales de de Monarquía significa atraso alguno en l a ras como pudieran serlo los conservadores la República o los últimos fallecimientos de evolución de los pueblos modernos, ni el o los imperialistas. (Es el caso también del ciertos ex presidentes, podrá comprobarse concepto de República lleva consigo apare- socialismo alemán frente al Tratado de el abismo que existe, en el concepto popujado el m á x i m o progreso innovador, unido IVersálles y sus amputaciones territoriales. lar, entre una, dinastía histórica y la eleca la m á x i m a libertad de la ciudadanía. Bas- Obsérvese además que ni en los partidos ción de una magistratura debida generalta señalar, como demostración palpable de! mas avanzados del Parlamento inglés exis- mente a las intrigas parlamentarias. Pese a actual panorama político europeo, a Ingla- te el menor asomo de hostilidad contra la los detractores del régimen monárquico v a los propagandistas de l a revolución, la terra, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Sue- Corona. Monarquía no es en Europa un obstáculo cia y Noruega, entre otros países que se L idea de República sólo parece buena hallan hoy día a la vanguardia de la c i v i- para otros países europeos de inferior ca- frente a l progreso, aunque sí sea, por forlización. ¿E n q u é les aventajan las demás tegoría. Incluso cuando las turbulentas cam- tuna, un freno para evitar los desbordamientos de l a demagogia, encauzando las Repúblicas de nuestro Continente? E n nada, pañas de L l o y d George contra los lores y salvo en las exageraciones de cierto secansias renovadoras por el camino de la letarismo demagógico, muy contrario a la ver- sus privilegios, su oratoria demoledora j a- galidad. A s í hemos visto en un país admidadera tolerancia de las ideas. Aquellas M o- más salpicó al Trono. Saben demasiado los rable como Bélgica la gran influencia pernarquías ofrecen una admirable enseñan- políticos ingleses que el sentimiento monár- sonal de un Leopoldo I I espíritu inquieto, za de equilibrio social, haciendo compati- quico está firmemente arraigado en el pue- abierto a los problemas sociales y económible el amor del pueblo a sus gloriosas tra- blo y que el liberalismo, el radicalismo y cos de su época. Y no digamos nada del diciones históricas con la más democráti- hasta el socialismo son compatibles con l a prestigio mundial del Rey Alberto, heroico ca evolución de las leyes. Son allí todos los Monarquía constitucional y parlamentaria. ejemplar de una raza y Soberano modelo, partidos asimilables al indiscutible presti- Así han podido gobernar, sin más trabas cuyo recto sentido constitucional atrae hasgio de la Corona. N o ya las llamadas cla- que las opuestas por la voluntad del Parla- ta el Poder a socialistas como Vandervelde ses conservadores, ansiosas de perpetuar sus mento, un Gladstone, un Campbell- Baner- y al propio tiempo aplaca las disensiones privilegios, sino los liberales, los demócra- mann, un Lloyd George y un MacDonald, partidistas. L o que sucede es que en aquetas, los radicales y hasta los socialistas, de- hombres de extrema izquierda. Ninguno llos Estados monárquicos y progresivos, seosos de no detener el ritmo acelerador pensó, seguramente, que l a Corona fuera parlamentarios y libres, se respetan todas de nuestro tiempo, sin entregarse por eso un estorbo frente al progreso moderno de las libertades de pensamiento, lo mismo en a los ímpetus demoledores de la revolución. Inglaterra, sino, al contrario, una fuerza el orden religioso que en el político- social. E n esos países, algo m á s adelantados y moral indispensable y un simbólico lazo de A h o r a que tampoco se confunde la deprósperos que muchas Repúblicas euro- unión sólo capaz de mantener esa formidamocracia con los tópicos soeces de un lenpeas, tampoco se ventilan sólo en el Par- ble amalgama de pueblos y de razas que guaje tabernario, ni la libertad con el lamento los grandes problemas económicos constituye el Imperio británico. más cerril individualismo o el desenfreno y sociales. L o s Centros culturales, la liteAllí, el millón de obreros sin trabajo tieratura, el teatro, la Prensa, las mil Asocia- nen demasiado sentido de la realidad para de l a anarquía. Pero aún no hemos agotado ciones artísticas e intelectuales dan fe de creer que el problema del paro se resolvería el tema... ALVARO A L C A L Á G A L I A N O su pujante vitalidad y de sus ansias de re- con la abdicación de Jorge V y l a proclanovación. Y esto sin que nadie crea nece- mación de la República. Y no sólo resultasario, ni siquiera deseable, el proclamar la ría inverosímil ver a los estudiantes britáRepública como medida salvadora. E n In- nicos prestándose a las adulaciones de la glaterra, por ejemplo, si se discute y se ata- propaganda revolucionaria, sino que fueron ca la censura del teatro o las severas medi- ellos quienes salvaron la situación durante das prohibitivas del censor, no se pone, a la última huelga general- -inspirada por causa de ello, en tela de juicio la respon- Moscú- -poniéndose resueltamente al serviInterpretaciones sabilidad de la Corona. Y si M r Bernard cio del orden y de la ciudadanía. L a expliShaw, el genial dramaturgo irlandés (como cación de todo esto es la cultura de las maSe ha tratado mucho del libro como matal irlandés, individualista y rebelde) se de- sas, la reflexión serena que no se deja en- teria de explotación. E l libro que se edita claró hace años republicano, esto se ha con- g a ñ a r por los falsos apóstoles de la liber- y no se cobra; el libro que se presta y no se ceptuado una de sus muchas originalidades, tad, el amor a sus gloriosas tradiciones his- devuelve; el libro que se roba en una casa pero entre sus miles de admiradores no se tóricas y a su vasta influencia civilizadora. y se vende al librero de viejo. E l libro, por hallarán dos capaces de proponerle, en se- Por eso. cuando en nuestra Prensa avan- lo visto, es una cosa muy sagrada, a la cual, rio, como posible jefe del Estado. N i con- zada se pretende refutar verdades tan sin embargo, todo el mundo se cree con o ¡cebimos tampoco el humorístico espectáculo innegables, hay que recurrir al burdo t ó- derecho de ech arle mano. de un partido integrado por catedráticos, pico de que Inglaterra es U n a República También se ha hablado mucho de la facilimédicos y escritores británicos, cuyo pro- coronada donde el Soberano, sumiso es- dad y desenvoltura con que algunas persograma renovador solicitara la abdicación fiel clavo del Parlamento, se conserva única- nas solicitan de los escritores que les envíen Rey Jorge V substituyéndole por una Re- mente como una joya antigua del museo sus libros, perfectamente gratis, para nupública cuya presidencia se ofreciera, d i- nacional, ante la indiferencia de las multitrir Jas bibliotecas públicas o de los Casinos gamos, al célebre novelista y sembrador de tudes. Claro es que semejante desatino sólo utopías sociales M r Wells. N o el humo- puede afirmarse por crasa ignorancia o y las Corporaciones particulares. P o r lo visrismo anglosajón va unido a un fino sen- mala fe. Porque, al contrario, el amor del to, para la clara percepción económica de tido de la realidad, que abomina de los par- pueblo inglés por sus Soberanos sigue pro- esas personas un libro nunca puede ser tan tidos extremistas, vengan de la derecha o de fundamente arraigado en él de generación legal y corriente mercancía como un canapé, la extrema izquierda. Por algo este gran en generación. Vibraba con patriótico o r- una alfombra, un estante de madera de ropueblo ofrece una constante y ejemplar lec- gullo y entusiasmo al paso de aquella an- ble, una lámpara; después que lian pagado ción de sabiduría política y de feliz equili- ciana Reina Victoria, símbolo de todo el religiosamente al tapicero, al ebanista, al brio entre la tradición y el progreso, que apogeo imperial del siglo x i x Causó la ad- lampidario, y tienen instalada la sala de la hace compadecer el destino de ciertas Re- miración, no ya del pueblo inglés, sino de biblioteca a la perfección, se acuerdan de públicas agitadas por el continuo desorden Europa ante la sagacidad política de ese que necesitan reunir los libros y los piden; gran Soberano de espíritu moderno y de- los piden como gracioso regalo a los autores, es decir, a los propios fabricantes de l i- ABC DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GESIMOSEXTO N. 8.522 L A M O N A R Q U Í A CONSTITUCIONAL ¿DEBEN REGALARSE LOS LIBROS? É